¡Enhorabuena! Si están escuchando esto, es que sobrevivieron a una nochevieja más. Si les gusta el bullicio, imagino que pasaron los últimos momentos del año en alguna plaza de su ciudad o pueblo. Quienes prefieren algo más tranquilo lo celebrarían desde casa, o en casa de algún amigo. En cualquier caso, hoy en día es costumbre, en muchos sitios, conectar con algún punto emblemático del país.
Durante el año que acabó ayer oímos hasta la saciedad el tópico de que vivimos en un mundo cada vez más polarizado, pero hay que admitir que así parece. Una manera de pensar que, en España, nos resulta bastante familiar. Si han sido testigos de discusiones entre españoles, habrán observado que las posturas intermedias y los matices suelen escasear; lo que predomina son las opiniones más bien extremas. No es raro que se formen dos bandos, que intercambian argumentos como si fueran armas arrojadizas, acompañados, con relativa frecuencia, de descalificaciones hacia el bando opuesto.
En la era del populismo y de las redes sociales, este tipo de interacción —que no es, realmente, un diálogo, sino más bien una sucesión de monólogos— se ha popularizado en muchas partes del mundo. En nuestro país, como les decía, ya conocíamos el sistema, y hemos adoptado la “versión 2.0” sin reparo alguno. Y este año pasado, la cuestión más polarizante, nuestro tema favorito del que hablar sin dialogar, ha sido claramente Cataluña, y en particular la sentencia del Tribunal Supremo contra los líderes independentistas catalanes.
A mediados de octubre, el alto tribunal español condenó a penas de entre 9 y 13 a
Como las temperaturas veraniegas y las compras de navidad, la política estadounidense ha sido siempre uno de esos temas socorridos para los periodistas, de los que se puede echar mano en un momento de necesidad. La ventaja adicional de este tema es que se puede hablar de él prácticamente todo el año. Además, como los buenos culebrones, parece ser una fuente casi inagotable de emociones; cuando parece que ya no da para más, aparece algún elemento nuevo que vuelve a dejar al público en vilo.
Un “elemento nuevo” como, por supuesto, Donald Trump. No hay duda: desde que Trump accedió a la presidencia, el dramatismo de la política estadounidense ha alcanzado tal nivel que, incluso fuera del país, prácticamente no hay día que no oigamos hablar de ello. Las elecciones presidenciales de este año ya se vislumbran claramente en el horizonte, y, como si se tratara de un guión de cine, en 2019 la intensidad de la trama política fue in crescendo, en preparación para el desenlace de este 2020.
Entre la vorágine de escándalos que parece rodear en todo momento a Trump y su Administración, en el año que acabó ayer destacaron claramente dos: el informe Mueller sobre la trama rusa, y el escándalo de Ucr
América del Sur está en llamas. En el último trimestre de 2019, multitudinarias protestas barrieron Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Venezuela… Aparte de este último país, que desgraciadamente lleva tiempo inmerso en una profunda crisis, es un pequeño enigma qué llevó a los ciudadanos de estas naciones a salir a la calle de forma masiva, con unas pocas semanas de diferencia. O quizá el misterio es por qué todo esto no ha ocurrido antes…
En Bolivia, el primer presidente indígena del país, Evo Morales, sucumbió a la tentación de eternizarse en el poder. Quizá pensó, como otros antes que él, que se había vuelto más importante que la voluntad del pueblo. Pero, cuando comenzaron a escucharse voces denunciando manipulación en las elecciones de octubre, —la Organización de Estados Americanos confirmó posteriormente el fraude— el pueblo se echó a la calle. Morales acabó refugiándose en México… qué triste despedida para un presidente que hizo tantas cosas para los bolivianos.
Las dificultades económicas de Ecuador llevaron a su presidente, Lenín Moreno, a lanzar un plan de ajustes que hubiera permitido al país obtener créditos del FMI por valor de más de 4.200 millones de dólares. El “paque