Finalmente se han cumplido todos los pronósticos. El pasado 18 de diciembre, Donald Trump se convirtió formalmente en el tercer presidente en la historia de Estados Unidos en ser sometido a un proceso de “impeachment”. El inicio de este proceso de destitución, cuyo resultado final es aún bastante incierto (por no decir que es casi imposible que pueda terminar en éxito), se llevó a cabo gracias a los votos mayoritarios de los miembros del partido demócrata en la Cámara de Representantes.
Una de las frases más citadas del genial Winston Churchill reza lo siguiente: “La democracia es el peor de los sistemas políticos... a excepción de todos los demás”. Con esto Churchill quería decir, usando un agudo sentido del humor, que a pesar de todos los inconvenientes que conlleva la democracia, el ser humano aún no ha inventado un sistema mejor. Por desgracia, la extrema polarización política que hoy en día se percibe en innumerables países está provocando que el apoyo popular a la democracia decrezca de forma preocupante en casi todo el planeta.
España, por supuesto, no es la excepción. La crispación constante y la enemistad declarada entre los diversos líderes políticos no sólo están provocando el desprestigio del sistema democrático, sino también una paralización gubernamental.
Intentaré resumir de la mejor manera posible el terrible embrollo en el que se halla inmerso Pedro Sánchez. Tras ganar, por segunda vez en un mismo año, las elecciones generales, el presidente socialista continúa sin poder formar gobierno tras largos meses de bloqueo institucional. A Sánchez simplemente no le dan los números para establecer una coalición gubernamental. Ha tenido que mendigar el apoyo
Más malas noticias para el planeta. La Cumbre del Clima, celebrada en Madrid entre los días 3 y 15 de diciembre, cerró con un estrepitoso fracaso. Uno de los objetivos principales de la conferencia era regular los mercados internacionales de emisiones de dióxido de carbono. Sin embargo, el obstruccionismo de varios países con economías emergentes, tales como China, Rusia, India y Polonia, hizo imposible llegar a un acuerdo final. Todo ello sin mencionar la imperdonable ausencia de Estados Unidos en la cita. Los organizadores de la cumbre hicieron todo lo posible, hasta el último minuto, por sellar algún acuerdo de mínimos. Con tal objetivo, decidieron prorrogar el final del evento. La cumbre, que debía culminar teóricamente el 13 de diciembre, cerró sus puertas dos días más tarde, debido a los tiras y aflojas en la mesa de negociación. Aun así, fue imposible llegar a un entendimiento común. “Es triste no haber podido llegar a un acuerdo final, estuvimos tan cerca…”, dijo frustrada ante los medios Carolina Schmidt, la ministra chilena de Medio Ambiente, que ejerció como presidenta de esta cumbre (recordemos que el gobierno chileno se vio obligado a última hora a ceder la organizació
Hacía mucho tiempo que el gran “Clásico” del fútbol español, es decir, el encuentro deportivo que enfrenta a los máximos rivales de la competición liguera, el Barcelona y el Real Madrid, no generaba tanta expectativa. Millones de ojos alrededor del mundo —en concreto, los de aproximadamente 700 millones de aficionados— estaban atentos a cuanto ocurriría en el estadio Camp Nou de Barcelona el pasado 18 de diciembre. Y no sólo por un interés eminentemente futbolístico. Aprovechando la gran repercusión mediática y el interés general que este tipo de encuentros suele generar en todo el planeta, el movimiento independentista había estado planeando, a lo largo de las semanas anteriores, con realizar una serie de actos de protesta durante el partido. El objetivo era llamar la atención de la comunidad internacional sobre el conflicto político que enfrenta a Cataluña con el resto de España. Pero la verdad es que, para quien esperaba encontrar grandes emociones ese día, la jornada fue algo decepcionante en todos los aspectos.
Comencemos por el tema deportivo. Para empezar, el partido terminó con un desabrido empate a cero. Y eso, para cualquier amante del fútbol, siempre es algo bastante neg