Las protestas del movimiento independentista catalán, surgidas a raíz de las duras sentencias de cárcel dictadas el pasado 14 de octubre por el Tribunal Supremo español en contra de varios dirigentes secesionistas, están perdiendo fuerza con cada día que pasa. Ya lejos van quedando las agitadas noches en que cientos de manifestantes, con las caras cubiertas y tras el fuego de las barricadas, pusieron en jaque a las fuerzas de seguridad en Barcelona. Y la prueba de esta paulatina pérdida de energía es lo ocurrido la semana pasada en una de las principales plazas de la capital catalana.
Hecatombe: "Sacrificio religioso con gran cantidad de víctimas". La palabra deriva a su vez del griego hekatómbe, que significa "sacrificio de cien reses vacunas". Mucho se ha hablado en las últimas semanas de la "hecatombe" política de Ciudadanos. Sin embargo, en lugar de cien vacas, fueron 47 los diputados de la formación política "sacrificados" en la pira de las últimas elecciones, todo a causa de los errores de quien ya es el exlíder del partido, Albert Rivera.
Hagamos un breve repaso: Ciudadanos, una de las formaciones que, junto con Podemos, rompieron el tradicional bipartidismo que había caracterizado a la política española durante décadas, alcanzó la nada despreciable cifra de 57 diputados en las elecciones del pasado mes de abril. Aquello fue, sin duda alguna, un ascenso meteórico para un partido relativamente nuevo. Pero a partir de ese momento, Albert Rivera cometió una serie de errores garrafales, los cuales le llevaron a perder, en apenas seis meses, más de dos millones de votos, quedándose en tan sólo diez diputados el pasado 10 de noviembre. En ese pequeño lapso de tiempo, Ciudadanos pasó de ser el tercer partido de España en importancia a conseguir un irrelevante sex
Una ola de protestas ciudadanas se está expandiendo por toda América del Sur. Da la impresión de ser un virus contagioso. Aquello recuerda en cierta manera la ola revolucionaria que recorrió gran parte del territorio europeo en 1848. Aquella oleada, de forma algo similar a la actual, buscaba acabar con unos regímenes obsoletos y disipar el autoritarismo y una extrema desigualdad social que se habían vuelto intolerables. A pesar de las diferencias particulares en cada país, millones de latinoamericanos han salido en las últimas semanas a las calles para expresar su hartazgo. Todo comenzó hace un par de meses en Ecuador. Las siguientes fueron Chile y Bolivia. Y ahora Colombia también ha venido a sumarse a la lista de países suramericanos en los que día a día se aprecian convulsiones sociales y preocupantes episodios de violencia.
El pasado 21 de noviembre, cientos de miles de colombianos salieron a las calles de las principales ciudades del país para manifestar su indignación ante lo que consideran una vulneración de los derechos más básicos. Los motivos de la protesta colectiva en contra del gobierno de Iván Duque son de lo más variados, desde el imparable aumento del coste de la vid
Las redes sociales son, sin lugar a dudas, un arma de doble filo. Pueden ser extremadamente beneficiosas para el contacto y la interacción entre diversas comunidades de usuarios o, por el contrario, pueden ser instrumentos utilizados maliciosamente para generar división y crispación social. Son las dos caras de la misma moneda. Todo depende de la intención con que sean utilizadas. Fueron, por ejemplo, una herramienta vital en los procesos revolucionarios y libertarios de las primaveras árabes hace algunos años, y a la vez también han cumplido en los últimos tiempos un papel fundamental en la generación de falsedades y desinformación durante diversos procesos electorales alrededor del globo.
Por fortuna, lo que está ocurriendo en estos momentos en Italia corresponde al primer caso. Es decir, al caso en el que las redes sociales son utilizadas conveniente e ingeniosamente en pro de una buena causa. Todo se inició hace dos semanas en Bolonia, ciudad en la que Matteo Salvini, el controvertido político italiano que ha hecho de la xenofobia y la antiinmigración sus señas de identidad, se encontraba efectuando actos de campaña electoral de cara a los comicios regionales del próximo mes de
En medio de tantas tribulaciones diarias, tales como el conflicto catalán, la constante crispación política y la paralización de la actividad gubernamental debido a la falta de entendimientos y acuerdos, a veces el mundo del deporte nos brinda una bocanada de aire fresco. El pasado domingo miles y miles de españoles, muchos de ellos atentos a las pantallas de los televisores, recibieron al fin una buena noticia: España se proclamó, por sexta vez en su historia, campeona de la copa Davis.
La copa Davis es el torneo de tenis más importante del planeta, basado en el enfrentamiento entre equipos nacionales. El tenis es conocido por ser un deporte eminentemente individualista. Debido a ello, esta competición tiene el enorme atractivo de que, por una vez, se aparcan los egos personales ya que lo que prima es alcanzar la victoria colectiva en nombre del país al que se representa. Aun así, Rafael Nadal, tal como era de esperarse, se convirtió, una vez más, en héroe nacional al conseguir la victoria decisiva en el último partido de la final del torneo frente a Denis Shapovalov, su rival del equipo canadiense.
Por otra parte, esta edición de la Davis tuvo una gran peculiaridad que vale la pe