A estas alturas, casi todo el mundo sabe que China tiene cientos de millones de cámaras vigilando a sus ciudadanos y, probablemente, a cualquiera que se ponga a su alcance. También sabemos que utiliza sistemas de reconocimiento facial para procesar la enorme cantidad de imágenes capturadas por la red de cámaras del estado. Pero, aunque muy preocupantes, estos hechos encajan con lo que esperaríamos de un Gobierno autoritario como el de Pekín.
Se diría que la goleta Adix está maldita. Como contaba hace unos días Vanity Fair, el precioso yate fue construido en Mallorca a mediados de los ochenta. Su primer propietario, el excéntrico multimillonario argentino Carlos Perdomo, hizo del yate un lugar de encuentro para la jet set, pero nunca cumplió su sueño de convertirlo en escuela marítima.
En 1988 decidió vendérselo al magnate australiano Alan Bond pero, solo un año después, un escándalo financiero enviaba a prisión a Bond, y el entonces banquero español Jaime Botín adquiría el barco. Dicen que la biblioteca del Adix incluye 20.000 volúmenes, y que las estancias del yate están decoradas con grandes obras de arte. Botín, ya retirado, se dedicaba a disfrutar del magnífico velero… cuando la maldición del Adix volvió a golpear.
El pasado 16 de enero, un juzgado de Madrid condenaba al exbanquero a 18 meses de cárcel, y a pagar una multa de algo más de 52 millones de euros, por intentar vender ilegalmente Cabeza de mujer joven, un cuadro de Picasso valorado en más de 26 millones de euros.
Poseer un Picasso debe ser genial, pero tiene un pequeño inconveniente, y es que para venderlo es necesario pedir permiso al Estado. Y cuando, hac
Algunos creen que con dinero se puede comprar cualquier cosa. Incluso a cualquier persona. En general, discrepo de quienes piensan así, por lo que me decepcionó mucho cuando, el año pasado, la Federación Española de Fútbol decidió conceder a Arabia Saudí la organización de la Supercopa de España. Claramente, el fútbol español sí que estaba en venta.
Que Arabia Saudí quisiera organizar la Supercopa no debería sorprender a nadie. El coste, 120 millones de euros por tres años, no era problema para el petroestado saudí. Y Riad necesitaba urgentemente un lavado de imagen. Toda ayuda es poca para el régimen que en 2018 asesinó al periodista disidente Jamal Khashoggi; que abusa gravemente de las mujeres, y de la población en general; y que, con toda probabilidad, tiene a miles de personas en prisión, privadas de sus derechos, algunas de ellas por un simple tuit.
Y, sin embargo, ahí estuvieron hace unos días los cuatro mayores clubes de fútbol de España, equipos con millones de seguidores no solo en nuestro país, sino en todos los rincones del planeta. Ahí estuvieron algunos de los futbolistas más famosos del mundo, como Messi, Diego Costa, Marcelo o Sergio Ramos, haciéndose la foto de rigor
Hace años, tuve una compañera de universidad china. “Vaya, ¿cómo se te ha ocurrido eso? ¡Qué creativo!” la escuchábamos preguntar con frecuencia. Pensamientos rutinarios que uno tiene en el curso de las actividades académicas a ella le parecían algo extraordinariamente creativo.
Todos sabemos que, como otros gobiernos totalitarios, el régimen comunista chino intenta controlar el pensamiento de la ciudadanía. Pero, la mayor parte del tiempo, este entendimiento es algo más bien abstracto. Conocer a aquella estudiante, una chica despierta e inteligente, fue diferente; me ayudó a entender de primera mano el profundo impacto que puede tener sobre una persona el haberse criado bajo un régimen que ve la libertad de pensamiento como un peligro existencial.
Bajo el actual presidente, Xi Jinping, el asalto a las libertades en China parece estar alcanzando nuevas cotas. El pasado 20 de enero, la red de radiodifusión estadounidense NPR informaba de cómo grandes universidades chinas están incorporando a sus estatutos la lealtad al Partido Comunista. En diciembre, por ejemplo, la Universidad Fudan de Shanghái, una de las mejores universidades del país, no solo cambió sus estatutos para hacer hinca
El partido de ultraderecha español Vox ha demostrado en repetidas ocasiones que no tiene ningún respeto por la comunidad LGTBI. Hace unos días, en Murcia, Vox vio la oportunidad de socavar los derechos de este colectivo; el gobierno regional de coalición necesitaba el apoyo de la formación de ultraderecha para pasar los presupuestos, y, a cambio, Vox exigió aprobar la medida conocida como “pin parental”.
Esta iniciativa requiere la autorización expresa de los padres para que sus hijos participen en actividades escolares relacionadas con temas morales, sexuales o de conciencia. Muchas de estas actividades son obligatorias, y forman parte del currículo básico de educación infantil, primaria y secundaria. Exigir la autorización de los padres debilita gravemente la independencia de los centros escolares, y el pasado miércoles, 22 de enero, el Gobierno central dio un mes de tiempo a Murcia para retirar la medida.
Con los años, en España la comunidad LGTBI ha conseguido que los centros escolares hagan un mayor esfuerzo por educar a los alumnos en el conocimiento y respeto de este colectivo. Esto indigna claramente a Vox, y su “solución” es el “pin parental”. De esta manera, los padres que