Como saben, el pasado miércoles, 5 de febrero, el Senado de Estados Unidos absolvió al presidente, Donald Trump, de las acusaciones por las que la Cámara de Representantes había pedido su destitución. Según la “jerga” del proceso de destitución, lo ocurrido en el Senado fue un juicio. Incluso estuvo presidido por el juez jefe del Tribunal Supremo, John Roberts.
En la época de mis abuelos, incluso en la de mis padres, tener hijos sin estar casado era algo extremadamente inusual en nuestro país, y socialmente estaba mal visto. Incluso unos años después del fin de la dictadura, en 1980, sólo el 7% de las madres primerizas españolas no estaban casadas.
En la actualidad, la cifra es de más del 56%. Eso no significa que estas mujeres estén solas; muchas de ellas tienen pareja, pero, por diversos motivos, no se han casado. Como contaba el diario El Mundo el pasado 2 de febrero, algunas parejas no se casan porque, simplemente, no lo consideran necesario. Otro motivo común son los costes que implica una boda.
Antes de continuar sería bueno aclarar que, actualmente, en nuestro país, la gran mayoría de matrimonios son civiles. Viendo el fervor religioso de la famosa Feria de Abril de Sevilla, y las muchas festividades religiosas que hay durante el año en España, podría parecer que los españoles seguimos siendo muy religiosos. Pero, aunque nuestra cultura sigue siendo católica, a nivel de creencias el laicismo lleva ya tiempo firmemente instaurado en nuestro país. Un informe de la Fundación Ferrer i Guàrdia el año pasado indicaba que en España ocho de
Hay que admitir que algunos occidentales tenemos un cierto complejo de superioridad. Entre otras cosas, estamos convencidos de que nuestra educación supera en mucho a la de otras zonas del mundo. Y, sin embargo, cuando uno viaja se da cuenta de que la realidad puede ser muy diferente. Ver a la gente susurrando al teléfono en el metro de Bangkok, por ejemplo, fue para mí una cura de humildad.
En España, la mala educación en el uso del móvil me parece notable. Uno se ve constantemente obligado a escuchar conversaciones telefónicas a viva voz de completos desconocidos, en plena calle, en el transporte público, en cafés y restaurantes. Un colectivo que sufre especialmente la tiranía del teléfono móvil —o, evitando eufemismos, la falta de consideración de algunos de sus usuarios— son los actores de teatro.
El pasado 3 de febrero, la actriz Lola Herrera contaba a la agencia Efe cómo, hace unos días, al poco de comenzar la obra de teatro Cinco horas con Mario, en Zaragoza, tuvo que interrumpirse la representación. Un teléfono sonaba insistentemente, sin que nadie lo silenciara. La actriz perdió completamente el hilo de su monólogo y abandonó el escenario. Unos minutos después, Herrera volvi
Donald Trump, el presidente de EE. UU., no ha hecho ningún esfuerzo por ocultar sus prejuicios racistas y xenófobos. Haití y las naciones africanas son, para Trump, “países de mierda”. Los mexicanos le parecen criminales y violadores; los musulmanes, terroristas en potencia. Lo que el presidente quiere es a gente de “sitios como Noruega”.
Como saben, las políticas migratorias de la Administración Trump desencadenaron una crisis humanitaria en la frontera sur de Estados Unidos. Otra de las consecuencias de estas políticas es que la aprobación de peticiones de asilo ha caído en picada. Durante el último año de su presidencia, Barack Obama ordenó acoger a hasta 110.000 refugiados. Tras una reducción inicial, en septiembre del año pasado Trump decidió dejar en 18.000 el número máximo de refugiados que serían admitidos en los siguientes 12 meses. Estados Unidos ha dejado de ser el abanderado de quienes acogen a los perseguidos del mundo.
Entre los más afectados por las políticas de la Administración Trump están los salvadoreños. Según datos de la ONU, entre 2012 y 2017, el número de salvadoreños solicitando asilo en EE. UU. aumentó en casi un 1.000%, hasta llegar a los 60.000. Imágenes de
El pasado domingo, 9 de febrero, el cine español volvió a la alfombra roja de Hollywood. Dolor y Gloria, del director Pedro Almodóvar, era una de las candidatas a mejor película internacional, la categoría antes conocida como mejor película de habla no inglesa. Y nuestro Antonio Banderas, en su primera nominación, competía como mejor actor por su interpretación de Salvador Mallo, el personaje central de Dolor y Gloria.
La noche pintaba complicada, y, desgraciadamente, no hubo suerte para los españoles. Unos días antes de la gala, Almodóvar reconocía durante una entrevista el gran nivel de las cintas con las que competía su film. Observaba también el director que la Academia de Cine estadounidense se estaba abriendo a considerar a las películas internacionales como iguales, un comentario premonitorio viendo el histórico triunfo de la surcoreana Parásitos. Además de convertirse en el primer filme de habla no inglesa en ganar el Oscar a la mejor película, la cinta se llevó también los premios a mejor película internacional, mejor director y mejor guión original.
Antonio Banderas llegaba a los Oscar después de una temporada magnífica de la mano de Dolor y Gloria. El año pasado,