La pandemia del coronavirus ha trastocado no sólo la vida de millones de personas, sino también el propio funcionamiento de la vida social. Uno de los ámbitos que se encuentran más amenazados es el sistema democrático, base del correcto funcionamiento de cualquier sociedad abierta, plural y respetuosa con los derechos de los ciudadanos. ¿Es posible la adecuada pervivencia de la democracia cuando las elecciones se convierten en un factor de riesgo que podría ocasionar una nueva oleada de contagios? Ya vimos algo de esto en Francia el pasado 15 de marzo, cuando se permitió, en contra del consejo de un sinfín de expertos sanitarios, el desarrollo de las elecciones municipales. Ahora sabemos que la errónea decisión de permitir aquellos comicios fue, en cierta medida, responsable de que la propagación del virus se disparase a lo largo de las semanas siguientes. Es un tema candente también en Estados Unidos. Allí las elecciones presidenciales se llevarán a cabo en tan sólo cinco meses. Es muy poco probable que la pandemia esté del todo controlada con tan estrecho margen de tiempo. Ya muchos han sugerido que parte de la solución está en promover el voto por correo, algo a lo que el presid
Todos estaban esperando sus palabras. La verdad es que sus intervenciones públicas, a lo largo de los últimos meses, se podían contar con los dedos de una mano. Y eso, en pleno año electoral, resultaba un tanto desconcertante. Pero ha aparecido de nuevo, y quizá en el momento más adecuado. Barack Obama se dirigió a las cámaras, el pasado 3 de junio, para enviar un importante mensaje en estos momentos críticos, plagados de caos y desunión. Dicho mensaje de apoyo estaba destinado a todos aquellos que están luchando en estos días para "cambiar una larga historia de esclavitud y racismo". Desde su hogar, el expresidente de Estados Unidos se mostró comprensivo con los miles de manifestantes que, en innumerables pueblos y ciudades del país, han expresado públicamente su indignación por la trágica muerte de un ciudadano afroamericano, George Floyd, mientras era esposado e inmovilizado por un policía de Minneapolis. Las protestas de estos días tienen enorme valor, aseguró el exmandatario, porque "están comprometidas con la búsqueda de una nación más justa". Obama también quiso dejar claro que "las vidas de los negros importan". Pero lo más relevante de su discurso vendría un poco más tarde
Desde que se inició la pandemia de la Covid-19, no han cesado de circular rumores y teorías conspiratorias, muchas de ellas por completo inverosímiles. Algunas apuntan al gobierno chino como responsable directo de la creación del virus en un laboratorio, así como su posterior propagación. No doy, por supuesto, crédito a estas teorías descabelladas. Pero más allá de la verosimilitud de tales hipótesis, lo que sí me parecería creíble y a la vez sorprendente (e incluso un poco indignante, si se me permite decirlo) es que siendo China el país desde el que se propagó esta epidemia, pudiera ser el principal beneficiado al final de toda esta crisis. Y esto justamente es lo que pronostican numerosos analistas: que China será la potencia que saldrá mejor parada una vez se hayan disipado las tinieblas.
No se trata únicamente de que la economía del gigante asiático será una de las menos perjudicadas en el futuro inmediato. También se trata de que China aprovechará (y ya lo está haciendo) el caos y la parálisis mundial para reafirmar sus posiciones geoestratégicas e intensificar sus ansias expansionistas. Todas las demás potencias mundiales, con Estados Unidos y la Unión Europea a la cabeza, es
Siempre ocurre lo mismo. Cada vez que llega un nuevo gobierno al poder en nuestro país, una de las primeras cosas que se propone hacer es modificar el sistema y los contenidos de la educación secundaria, también conocida como bachillerato. El sistema educativo español, durante las últimas décadas, ha sufrido incontables cambios. La continua alteración de los contenidos didácticos ha ocasionado un deterioro generalizado en el nivel de preparación del alumnado. Si a ello le sumamos el boom de las redes sociales y de los teléfonos inteligentes, los cuales han hecho disminuir sobremanera el tiempo dedicado a la lectura (y sobre todo a la "lectura compleja"), entonces se comprende la preocupación de un sinfín de profesores universitarios. Muchos de ellos expresan con frecuencia su frustración por tener que lidiar con unos estudiantes que, año tras año, llegan a las universidades visiblemente menos preparados en comparación con las generaciones anteriores. Un claro ejemplo de ello es que en las pruebas de acceso a numerosas universidades españolas, ante las deficiencias de comprensión de muchos aspirantes y su incapacidad para elaborar ideas complejas, se han cambiado las preguntas de de
Recuerdo que pensaba, con enorme ingenuidad, lo siguiente hace apenas tres meses: "este año será un gran año". ¿Y por qué lo pensaba? Pues porque soy una gran amante de la música y de los conciertos. Ya tenía comprados los boletos para ver aquí en España a Massive Attack, Kiss, Judas Priest, Gustavo Dudamel, Chemical Brothers y Paul McCartney, entre otros. Iba a ser, definitivamente, el mejor año de todos los tiempos, al menos en lo que respecta a la oferta musical. Todo eso se ha desvanecido en el aire, como ya sabemos. Hoy en día nadie sabe con certeza cuándo volverán a sonar los altavoces a todo volumen en los estadios y en las salas de conciertos. Ahora tengo la impresión de que ese pensamiento que elaboré en mi cabeza, hace apenas tres meses, lo tuve en realidad hace… tres años. Y es que demasiadas cosas han ocurrido desde entonces.
Aunque claro, sé que no debo quejarme demasiado. Yo soy una simple fan. Mucho peor que yo se encuentran todos los trabajadores ligados a la industria musical, incluyendo a artistas y músicos, que no sólo se han quedado sin trabajo, sino que además no saben cuándo podrán retomar sus actividades. El coronavirus golpea especialmente allí donde hay aglo