Tras 10 semanas de aislamiento, el pasado lunes, 18 de abril, en Italia reabrían sus puertas bares, restaurantes, comercios y peluquerías. En todo el país volvían a verse clientes tomando el café por la mañana en la barra de los bares, un signo de normalidad que seguramente tranquiliza más el estado de ánimo de los italianos que cualquier discurso de las autoridades.
La reapertura del lunes no supone, por supuesto, la vuelta a una normalidad sin restricciones en Italia. Las mascarillas y los guantes de los camareros, por ejemplo, son señal inequívoca de que el peligro no ha pasado. Y, sin embargo, imagino que los italianos agradecen enormemente las nuevas libertades de las que disfrutan desde principios de esta semana.
Algunas cafeterías declaraban a los medios que, después de tantas semanas sin apenas salir de casa, el lunes la clientela se mostraba algo tímida; transeúntes mirando desde la calle sin decidirse a entrar. Según algunos propietarios de bares y restaurantes, más que timidez lo que hay es algo de confusión, al no haber dado el Gobierno explicaciones lo suficientemente claras de qué está permitido y qué no.
En todo caso, estoy convencido de que, en pocos días, los clientes
El pasado lunes, 11 de mayo, algo más de la mitad de los españoles pasamos a la segunda de las cuatro fases establecidas por el Gobierno para la “desescalada” del confinamiento por coronavirus. En los días anteriores al cambio de fase, en muchos bares, restaurantes y comercios ya podía verse el cartel de “próxima apertura, 11 de mayo”. Miles de españoles esperábamos impacientes el momento de sentarnos al sol en una terraza, y tomar algo con amigos a quienes llevábamos muchas semanas sin ver en persona. Para muchos, por fin había llegado el día.
Ver cómo, lentamente, vuelve la vida a las calles de tu ciudad es un gran alivio. Te da esperanzas y te hace pensar que sí, que superaremos esta pandemia, que recuperaremos nuestras vidas. Los cambios que pudimos ver hace unos días en la reapertura fueron, en su mayoría, los esperados: camareros con mascarilla y guantes, mesas a dos metros de distancia, geles desinfectantes, etcétera. Otros cambios, aunque previsibles también, confieso que me cogieron por sorpresa, como la ausencia de raciones para compartir, de cartas de uso común o de productos de autoservicio como servilleteros, vinagreras y aceiteras. En este sentido parece claro que, en
Durante estas largas semanas de confinamiento, ¿quién no ha soñado con tumbarse al sol en su playa favorita, y olvidarse de todo? En Alemania, sin duda muchos sueñan con las playas de Mallorca, la isla favorita de muchos germanos. Pero, con las restricciones de viaje impuestas durante la pandemia, ¿podrán los turistas alemanes pisar la arena mallorquina este verano?
Desde luego, el interés existe, y también por el lado mallorquín. En la isla, miles de puestos de trabajo dependen del turismo, y un verano sin visitantes supondría un durísimo golpe para la economía local. La presidenta del Govern Balear, el gobierno regional de las islas, ha recordado recientemente que la comunidad “necesita el turismo como el aire”.
La imposición, a partir del pasado viernes 15 de mayo, de un periodo de aislamiento de 15 días a toda persona que llegue a España es probablemente una medida prudente, pero son malas noticias para el sector turístico. Mejores noticias llegaban desde Bruselas también la semana pasada. La Comisión Europea proponía una estrategia coordinada en la salida del confinamiento, y la posibilidad de establecer “corredores seguros” para viajar entre países con situaciones similares de
Durante años, El Bulli, en la Costa Brava catalana, fue considerado uno de los mejores restaurantes del mundo. En el apogeo de su éxito, se dice que el restaurante vendía todas las reservas de la temporada en un solo día. Aunque al parecer El Bulli llegó a emplear a más de 40 cocineros, a la cabeza del equipo culinario del restaurante estaban los hermanos Ferran y Albert Adrià, dos de los chefs más influyentes del mundo.
El Bulli cerró como restaurante en 2011, para reabrir tres años después como fundación. Ferran Adrià, el más mediático y conocido de los hermanos, da la impresión de ser una de esas personas hiperactivas que no paran ni un momento. Tras cerrar El Bulli, le he oído decir en alguna ocasión que echa de menos el frenesí diario del restaurante. Así que estos días de pandemia, imagino que entre muchísimas otras cosas, dedica algo de su tiempo a compartir recetas, curiosidades del mundo culinario y otros temas que ocupan su mente a través de su cuenta de Twitter.
Viendo los vídeos del chef, le queda a uno clarísimo que uno de sus objetivos ha sido simplificar al máximo. La mayoría de las grabaciones duran solo alrededor de dos minutos, algunas incluso menos. Las recetas usa
Una de las cosas que recordaré de esta pandemia es cómo la crisis ha puesto al desnudo la capacidad de liderazgo de nuestros dirigentes. O la ausencia de ella. Y cada vez resulta más difícil no darse cuenta de que muchos de “los alumnos aventajados de la clase” son mujeres.
En Nueva Zelanda, la presidenta Jacinda Ardern ya había dado muestras de sus cualidades de líder en diversas ocasiones, y también ha gestionado la pandemia con extraordinario éxito. En Alemania, la canciller Angela Merkel logró evitar que el país sufriera las mismas devastadoras consecuencias que han sufrido otras potencias europeas. Sus claras explicaciones serán también recordadas. Y, bajo el liderazgo de Tsai Ing-wen, la respuesta de Taiwán a la crisis ha sido tan efectiva que su modelo será sin duda una de las referencias de cara a futuras pandemias.
El pasado 12 de mayo, Euronews publicaba un interesante artículo analizando algunas de las características comunes a la respuesta liderada por estas mujeres, y por otras dirigentes como la noruega Erna Solberg y la danesa Mette Frederiksen. Claridad y capacidad de comunicación. Decisión. Compasión, empatía y solidaridad.
De manera, en mi opinión, acertada y esclare