Supongo que muchos conocéis el cuento de la rana y el escorpión. Para quienes no lo recuerden, aquí os lo resumo brevemente: un escorpión pide ayuda a una rana para cruzar un río. La rana, muy amablemente, acepta y permite que el escorpión se suba sobre ella. Cuando ambos se encuentran en la mitad del río, el escorpión clava su aguijón letal en la rana. Mientras los dos van hundiéndose lenta e irremediablemente en las aguas, la rana, incrédula, pregunta al escorpión: "¿Por qué has hecho eso? Ahora ambos moriremos ahogados”. A lo que el escorpión responde: "Lo siento, no puedo evitarlo: es mi naturaleza".
Me parece que esta parábola describe en cierta manera la actitud del movimiento independentista catalán en estos momentos tan difíciles. Muchos críticos del independentismo en Madrid incluso aplaudirían la metáfora, pues algunos de ellos han calificado a los secesionistas catalanes precisamente de "escorpiones", ya que intentan asestar golpes a las estructuras del Estado español a cada momento. Lamentablemente, la crisis del coronavirus no ha sido la excepción.
El presidente de Cataluña, un vehemente independentista llamado Quim Torra, lleva varias semanas aprovechando la actual pand
España comienza a ver la luz al final del túnel. O eso al menos es lo que el gobierno liderado por Pedro Sánchez quiere transmitir a la ciudadanía. Tras mes y medio de estricto confinamiento, las cifras diarias de fallecimientos y contagios por el Covid-19 comienzan a decrecer paulatinamente. Aquello es un claro signo de que hemos superado el pico de la pandemia y por tanto lo peor ya es cosa del pasado. A pesar de que los portavoces del gobierno han recalcado que aún es muy pronto para bajar la guardia y cantar victoria, los españoles ya estamos presenciando las primeras señales que invitan al optimismo.
Una de esas señales es la última medida adoptada por el gobierno español, la cual representa un paso bastante importante para ir relajando, poco a poco, el estado de confinamiento nacional. Los favorecidos por esta medida en concreto son los niños. Ya todos sabemos cuán difícil es para los más jóvenes permanecer apacibles entre cuatro paredes durante largo tiempo, de modo que esta resolución supone una buena noticia para millones de niños españoles que necesitan quemar algo de su inagotable energía.
A partir del pasado 26 de abril, los menores de 14 años pueden salir a la calle dura
Siempre tiene que surgir una persona con pocos modales y sin pelos en la lengua para expresar lo que muchos estaban pensando… pero nadie se atrevía a decir. Tuvo que aparecer, quién si no, Donald Trump para decir algo que quizá un exceso de diplomacia había impedido sacar a colación con anterioridad. No se me malinterprete, nunca he sentido demasiada simpatía por el presidente estadounidense, pero debo reconocer que, en ocasiones, se hace necesario que alguien hable sin tapujos si los demás no se atreven. El pasado 19 de abril, Donald Trump dio un paso temerario ante los medios de comunicación: acusó directamente al gobierno de China de haber ocultado información crucial sobre el coronavirus durante los primeros meses de la expansión de la pandemia, algo que, según él, ocasionó que los demás países no se precavieran adecuadamente. Trump, además, ha puesto en duda la cifra de muertos y contagios proporcionada por Pekín. Y es que, siendo honestos, ¿alguien puede realmente creer que en un país de casi mil quinientos millones de habitantes tan sólo hayan fallecido por el virus entre cuatro mil y cinco mil personas? ¿Por qué debemos creernos cualquier información suministrada por el opa
Cada día se le acumulan más y más problemas a Jair Bolsonaro. El presidente de Brasil se ha enfrentado a diversos gobernadores del país que exigen medidas de confinamiento más estrictas para enfrentarse a la expansión del virus. Bolsonaro ha insistido, una y otra vez, en restar importancia al Covid-19 y en anteponer los intereses económicos del país a la salud de los ciudadanos. Esta pugna interna dentro del aparato del Estado llevó al presidente brasileño, en plena escalada de la pandemia, a destituir, el pasado 16 de abril, al ministro de Salud, Luis Henrique Mandetta. El ministro, como buen hombre de ciencias, abogaba por intensificar las medidas para contener la propagación del virus, algo que no era del agrado de Bolsonaro. De modo que el presidente decidió quitarlo de su cargo. Aquella destitución, en mitad de la crisis, no gustó nada a gran parte de la población. Desde entonces, la popularidad del mandatario brasileño está en caída libre.
Pero por si todo esto fuera poco, quien fuera el ministro de Justicia, Sergio Moro, propinó otro duro golpe a la deteriorada imagen de Bolsonaro al anunciar, el pasado 25 de abril, su renuncia al cargo. Moro, quien había logrado labrarse un
El coronavirus, definitivamente, se está llevando todo por delante. Vidas, empleos, actividades, alegrías... También va arrasando, una a una, con todas las festividades anuales, muchas de ellas de enorme tradición y arraigo en la sociedad. Una de esas festividades que, por desgracia, han debido ser canceladas, ha sido el día de Sant Jordi en Cataluña. Cada 23 de abril, las calles de pueblos y ciudades en toda la comunidad se llenan de puestos de ventas de rosas y libros. Esta jornada en Cataluña es una especie de curiosa mezcla entre el Día Internacional del Libro y un día de los enamorados. Debo decir que es una de mis festividades favoritas de todo el año, siempre hago lo posible por asistir, y mi gusto es compartido por millones de catalanes que también esperan con ansias esta fecha para salir a las calles y disfrutar entre la alegre muchedumbre. Dice la tradición que el hombre debe regalarle una rosa a su pareja, y la mujer ha de regalarle un libro a la suya. Sí, ya lo sé, esto suena bastante machista, pero quizá era una regla más respetada en tiempos pasados. Porque lo cierto es que hoy en día hombres y mujeres se regalan entre sí infinidad de libros, sin prestar demasiada ate