En España, como en otros países, la pandemia de coronavirus está suponiendo un reto enorme para el sistema educativo. Las clases presenciales se suspendieron hace semanas, y, desde entonces, los centros escolares han intentado impartir las materias por medios telemáticos, con grados dispares de éxito.
Pocos centros escolares, a excepción, por supuesto, de aquellos especializados en educación no presencial, disponen de una plataforma digital diseñada para impartir todo el currículo de manera virtual. Pero, aunque los medios técnicos estuvieran disponibles, la mayoría de profesores, si bien intentan adaptarse, no están preparados para impartir sus cursos íntegramente de manera no presencial. La situación en casa de los alumnos también dista mucho de ser la ideal. No todos disponen de un ordenador, ni del apoyo parental que, siendo realistas, necesitan para hacer frente a una situación así.
Todo el mundo hace lo que puede. Pero la pregunta del millón es, por supuesto, qué va a pasar al llegar el fin de curso. ¿Quién aprueba, y quién suspende? ¿Quién pasa de curso, y quién no? El pasado 15 de abril, el Ministerio de Educación y Formación Profesional del Gobierno central anunció un pacto
A estas alturas, resulta obvio que la inmensa mayoría de servicios médicos del mundo no estaban preparados para una pandemia como la del COVID-19. La comunidad internacional ya había tenido avisos de lo que podía ocurrir, como la pandemia de SARS —también causada por un coronavirus— que afectó a una treintena de países en 2003. Pero la indolencia ha hecho que, casi dos décadas después, la siguiente pandemia nos haya cogido desprevenidos.
Sin ser ningún experto, diría que la grave escasez de elementos de protección personal para los profesionales sanitarios, experimentada por muchos países, cae de lleno dentro de una falta de planificación que hubiera sido evitable. La insuficiente disponibilidad de respiradores, esos equipos médicos de soporte vital de los que tanto oímos hablar estos días, resulta quizá más comprensible.
En España, al igual que en otros países, a medida que avanzó la pandemia, las UCI se fueron saturando, y los respiradores se convirtieron en un recurso cada vez más escaso. Había que buscar una manera rápida y, a ser posible, barata, de fabricar más respiradores. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), responsable de la certificación de e
Comentábamos hace unos días en el programa que, como sería de esperar, en esta época de confinamiento el uso de Internet y de las redes sociales ha aumentado considerablemente. Decíamos también que WhatsApp parecía estar emergiendo como la app más utilizada, pero que, en estos tiempos de pandemia, preocupa la diseminación de información falsa y pseudociencia, un problema que por supuesto afecta, y mucho, a WhatsApp.
Pero, obviamente, el fenómeno de las noticias falsas en las redes, y, más en general, de la viralidad no ha nacido con el coronavirus. Los responsables de WhatsApp que, como saben, pertenece a Facebook, llevan un tiempo buscando la fórmula adecuada para moderar el reenvío de mensajes en su red. En 2018, WhatsApp limitó por primera vez el número de personas —cinco— a las que podía reenviarse un mensaje. Según la compañía, globalmente la medida redujo el número de reenvíos en un 25 por ciento.
Ahora, quizá presionada por la diseminación de información falsa sobre el coronavirus, WhatsApp ha decidido ir un paso más allá: los mensajes reenviados ya más de cinco veces pueden ahora reenviarse a una sola persona. La norma, que se hizo efectiva el pasado 7 de abril, busca, según
Como sabrán, el pasado 14 de abril el expresidente Barack Obama hizo público su apoyo a Joe Biden como candidato demócrata a las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Estoy seguro de que, en los meses que faltan antes de las elecciones, veremos a un Obama más emotivo e intenso. Pero, en la alocución de la semana pasada, de apenas 12 minutos de duración, vimos a un Obama contenido, más anclado en la lógica que en las emociones. El expresidente describió lo que, desde su punto de vista, el país necesita en estos momentos, y en la larga recuperación que se avecina. Explicó, además, por qué, según él, Biden es el hombre adecuado para afrontar el reto. Y por qué los republicanos que actualmente ocupan la Casa Blanca y el Senado no lo son.
En los minutos iniciales de su alocución, el expresidente afirmó que, ante una crisis como la actual, se necesita un Gobierno guiado por el conocimiento, la honestidad, la humildad, la empatía y la gentileza. Es decir, cualidades de las que el actual inquilino de la Casa Blanca carece casi por completo. Touché. Lo siguiente, por supuesto, fue argumentar por qué el senador Biden sí atesora dichas facultades.
Después, Obama abundó en la fórmula, —ex
Hace algunos meses, unos pescadores rusos que se dirigían hacia la isla de Kildin, situada en el Mar de Barents, a unos 120 kilómetros al este de Noruega, se llevaron un enorme sobresalto. Cual monstruo del Lago Ness emergiendo de las profundidades, un gran submarino salió súbitamente a la superficie, ante la mirada incrédula de los pescadores. Según declaró uno de ellos al SeverPost, el periódico de la cercana localidad rusa de Murmansk, no habían visto algo así en toda su vida.
Según informaba el New York Times el pasado 20 de abril, en el momento de su avistamiento —o en los minutos precedentes— la tripulación del submarino se enfrentaba a una de las peores pesadillas imaginables: un incendio a bordo. Más específicamente, parece que el navío avistado por los pescadores era la nave nodriza de un submarino nuclear, de tamaño más pequeño, conocido como Losharik, en el cual se habría producido el accidente.
Los submarinos de guerra me parecen una de las armas más siniestras que existen, esperando, agazapados en las profundidades, el momento oportuno para atacar a algún enemigo desprevenido. El submarino Losharik no es la excepción, más bien al contrario. No dudo de su capacidad para a