Como sabrán, en muchos países, especialmente en Europa, el número de casos y de muertes causadas por el coronavirus siguen aumentando rápidamente, a pesar de las medidas tomadas por los Gobiernos. Entretanto, Estados Unidos ha superado a España como tercer país con más infecciones, tras China e Italia.
Como sabrán, estos días millones de españoles estamos encerrados en casa por el coronavirus. Menos mal que tenemos Internet. Dependiendo del tipo de trabajo que tenga cada uno, se puede hacer bastante online y por teléfono. Esta desafortunada situación se ha convertido, con toda probabilidad, en el mayor experimento de teletrabajo en la historia de nuestro país.
Pero, más allá del trabajo, en las redes sociales también están surgiendo muchos grupos y actividades que intentan ayudarnos a hacer más llevadero el confinamiento. El pasado fin de semana, por ejemplo, un amigo me proponía “quedar en la red“ para tomar algo. La idea es sencilla: preparar unos cócteles o vermuts en casa —cada uno en la suya— y después charlar por videollamada mientras se degustan las bebidas… Pues, ¿por qué no?
Otra propuesta, lanzada hace unos días en Instagram por un grupo de conocidos entrenadores personales españoles, es “Yo me muevo en casa”. La iniciativa, que, como comentaba la agencia Europa Press el pasado 16 de marzo, tiene ya miles de seguidores, busca combatir el sedentarismo al que parecemos abocados quedándonos en casa. Sesiones diarias de entrenamiento, pilates y yoga online, tanto con vídeos p
Dejando de lado a los negacionistas del cambio climático, a estas alturas entiendo que la mayoría de gente asume que la actividad humana está afectando al clima del planeta. Pero las consecuencias de la actividad humana van, obviamente, más allá del clima, y lo que estamos viendo estos días, con la pandemia de coronavirus, ha demostrado de manera espectacular el profundo impacto que tenemos sobre el medio ambiente.
En muchos lugares de China, imágenes satelitales —captadas por la NASA y la Agencia Espacial Europea— muestran que la menor actividad económica ha resultado en una importante reducción del nivel de dióxido de nitrógeno, un gas nocivo generado principalmente por vehículos y centros industriales. Pero imagino que quienes viven en zonas industriales y grandes centros urbanos chinos no necesitan imágenes satelitales para entender lo que está pasando; les basta con volver a ver el cielo azul.
En Venecia, el agua de los canales se ha vuelto transparente. Desde el Ayuntamiento de la ciudad aclaran que no es que el agua esté más limpia, sino simplemente que la reducción de tráfico en los canales permite que el sedimento permanezca en el fondo. Puede ser, pero imagino que tanto los
La época en que Juan Carlos I, el rey de España emérito, era un hombre respetado parece cada vez más lejana. Durante años, muchos españoles vivimos la fantasía de tener una familia real decente. La institución monárquica ya se veía como un anacronismo, pero los Borbones cumplían eficientemente su función de diplomáticos de alto nivel, o eso creíamos. Además, el país tenía una especie de deuda de fidelidad con Juan Carlos, por su supuesto papel clave durante la transición democrática.
En 2012, dos años antes de abdicar, el rey emérito se vio envuelto en un escándalo, cuando, con el país todavía sumido en la crisis financiera, emergieron fotos que le retrataban cazando elefantes en Botsuana. Aquello nos abrió los ojos a muchos; Juan Carlos no era el monarca discreto y moderno que nos habían hecho creer. Comenzaba a emerger una imagen distinta, la de un aristócrata a la vieja usanza, con una sensibilidad nula hacia sus conciudadanos y, obviamente, hacia los animales.
Pero lo de cazar elefantes, estamos descubriendo ahora, era solo la punta del iceberg. Tras saltar el escándalo, un banco suizo le pidió a Juan Carlos que retirara el dinero que tenía depositado. Menudo bochorno. Así que el
Estos días, como saben muchas personas de todo el mundo pasamos la mayor parte del día en casa. Personalmente, una de las cosas que mejor me funcionan, para distraerme, es ver documentales de vida salvaje. Cuando uno está encerrado entre cuatro paredes, ¿qué mejor que contemplar, por ejemplo, los vastos parajes de la sabana africana?
Y de uno de los habituales protagonistas de esos documentales, el rinoceronte, nos llegan buenas noticias desde África. Como informaba The Guardian el pasado 19 de marzo, el número de ejemplares de rinoceronte negro africano, una especie en peligro de extinción, ha aumentado en varios centenares en los últimos años; la población de este animal pasó de 4.845 ejemplares en 2012 a 5.630 en 2018.
Como es sabido, los cazadores furtivos matan rinocerontes por sus cuernos. La medicina tradicional china ha usado desde tiempo inmemorial el cuerno de rinoceronte para curar diversas dolencias… con muy poca o ninguna base científica, debo añadir. Pero, según comentan algunos expertos, en los últimos años gran parte de la demanda procede de Vietnam. Al parecer allí ha corrido el rumor, totalmente infundado, de que el polvo de cuerno de rinoceronte cura el cáncer.
Aunq