Lo normal, desde el punto de vista histórico, es que sean las grandes masas de desfavorecidos y marginados por el sistema económico quienes protagonicen las revueltas sociales. Lo que resulta mucho más inusual es que las rebeliones "antisistema" las lleven a cabo las clases más pudientes del país. No suelen darse muchos casos de esto último, pero curiosamente lo estamos presenciando en Salamanca, uno de los barrios más privilegiados de todo Madrid, y por tanto de toda España.
Salamanca, la zona de clase alta por antonomasia de la capital, está siendo escenario en los últimos días de lo que podría calificarse como "un motín a bordo". La gran mayoría de los residentes de este barrio suele expresar, en cada convocatoria electoral, su apoyo incondicional a los partidos de derecha. O lo que es lo mismo, la gran mayoría de ellos se opone frontalmente a cualquier resolución acordada por la coalición de partidos de izquierda que, actualmente, ejerce el poder estatal desde el Palacio de la Moncloa. Las medidas de confinamiento adoptadas por el presidente socialista Pedro Sánchez con el apoyo del partido de izquierda radical Podemos, no han sido, al parecer, del agrado de muchos de los reside
Durante los últimos meses, han surgido incontables voces que afirman convencidas que, cuando superemos esta crisis, saldremos reforzados y siendo mejores. No sé muy bien a qué se refieren exactamente con la palabra "mejores", pero en cualquier caso tengo serias dudas al respecto. Es bastante posible que innumerables ciudadanos aprovechen estas difíciles circunstancias para mejorar su personalidad, pero en cuanto a las sociedades en su conjunto, y disculpadme que lo diga, las perspectivas no son excesivamente positivas. Ya estamos observando las primeras señales que nos pueden llevar a pensar que el futuro no luce demasiado prometedor. Es evidente que algunos gobiernos, los cuales previamente exhibían un perfil autoritario y represivo, están aprovechando esta coyuntura para intensificar tales tendencias. La idea se podría resumir en lo siguiente: "aprovechemos que el mundo está demasiado ocupado en sus propios problemas, y aceleremos el trabajo sucio".
Los ejemplos abundan por doquier. Víktor Orbán, el Primer Ministro ultranacionalista de Hungría, ordenó la detención, hace unos días, de dos ciudadanos húngaros. ¿Sus crímenes? Haber osado criticar, a través de las redes sociales, la g
Si hay algo que, definitivamente, no ayuda a preservar la calma, es la proliferación de informaciones erráticas y contradictorias. Además, ello abona el terreno para el surgimiento de un sinfín de teorías conspiratorias que exacerban aún más nuestra sensación de indefensión e incertidumbre. Los ejemplos son numerosos. A principios de este año, los dirigentes de la inmensa mayoría de los países del mundo subestimaron la gravedad del Covid-19. Luego sembraron el pánico con la imposición de medidas draconianas de confinamiento. Se dijo también en un principio que las mascarillas poco hacían para protegernos del contagio; ahora son prácticamente obligatorias. Hay también teorías muy diversas y contradictorias sobre el origen del virus en la ciudad china de Wuhan, algunas de las cuales rozan el ridículo. La lista de argumentos confusos es extensa. Nadie parece ponerse de acuerdo sobre nada. Y ahora tampoco hay consenso en relación a un país escandinavo: Suecia.
Durante las últimas semanas, varios medios de comunicación y analistas globales se habían dedicado a alabar la estrategia que había elegido el gobierno sueco al negarse a decretar el confinamiento de la población. El Primer Minis
Tras largas semanas de confinamiento, incontables españoles deben de estarse diciendo: "si al menos tuviéramos cultura para poder sobrellevar estos difíciles momentos...". Y cuando digo "cultura", no me refiero a los contenidos que se pueden apreciar (o más bien "consumir") a través de las plataformas digitales desde la comodidad del sofá. Me refiero más bien a algo con lo que podemos entablar contacto directo a través de nuestros sentidos, ya sea de manera visual (un cuadro en un museo), auditiva (un concierto) o incluso táctil (una escultura). Sin duda todo habría sido mucho más tolerable y llevadero si hubiéramos podido acercarnos a una sala de conciertos, a una sala de cine, a un teatro o a un museo. Y es que ya lo decía Nietzsche: "tenemos arte para no morir de la verdad".
Por desgracia, y a pesar de que las medidas de confinamiento se están relajando poco a poco en toda España, el futuro inmediato en el área de la cultura no se avizora demasiado halagüeño. Habrá que esperar aún bastante tiempo para que todo retorne a la normalidad.
Innumerables teatros y salas de conciertos ya han notificado que, pese a que en las próximas semanas tendrán la posibilidad de abrir de nuevo, con
No abundan las noticias buenas en estos tiempos tan difíciles, pero al menos ha llegado una excelente información para millones de aficionados al fútbol en España. El pasado 23 de mayo, Pedro Sánchez brindó alegría a través de su anuncio en una comparecencia pública: a partir del próximo 8 de junio se podrá reanudar la competición futbolística en nuestro país (aunque el primer partido se jugará, con bastante probabilidad, el 11 de junio). Y es que no hay duda de que, para incontables hinchas del "deporte rey", poder disfrutar de sus equipos predilectos representa un modo de distracción y alivio, sobre todo en medio de esta pandemia que ha trastocado la vida de la inmensa mayoría de los ciudadanos.
Pero no todo es tan positivo. Por desgracia, sólo se podrán disfrutar los partidos a la distancia, es decir, a través de las imágenes en la televisión. Los encuentros se jugarán en estadios cerrados al público, para así evitar grandes aglomeraciones que podrían provocar nuevos rebrotes de contagios. Será, sin duda, un último tramo de la liga de fútbol español bastante atípico. Ya muchos analistas deportivos, así como diversos entrenadores, pronostican que, debido a la ausencia de público,