El Instituto Universitario Europeo (IUE) publicaba el pasado martes 21 de julio su último informe sobre la libertad de expresión y de prensa, avalado por la Comisión Europea. Solo con un vistazo al mapa-resumen de la situación general, uno ya se da cuenta de que nuestro país no sale bien parado. La mayoría de países europeos salen de color verde. Pero España está entre la minoría de color amarillo, y en compañía de países donde las libertades ciertamente no pasan por su mejor momento, como Hungría y Polonia.
He de admitir que la gravedad de los problemas reflejados en el informe es mayor de lo que me esperaba. El IUE incluso califica de “vergonzoso y sombrío” el panorama de la libertad de expresión y prensa en nuestro país. Entre las diferentes áreas donde necesitamos mejorar está, por ejemplo, la autonomía política de los medios de comunicación, donde el riesgo se considera medio. Sin du
Admitámoslo: en España hay racismo. Si queremos avanzar hacia una sociedad más igualitaria, lo primero es reconocer el problema. El racismo no es una cuestión binaria, sino de grado, y pienso que, con un esfuerzo moderado de introspección, la mayoría de nosotros puede identificar tendencias racistas en uno mismo, ya sean pequeñas o grandes. También creo que, si uno presta atención, en nuestro país no resulta difícil presenciar incidentes racistas en la calle.
Pero si, a pesar de la introspección y la observación, la “ceguera” persiste, probablemente es señal de que, parafraseando a la actriz y humorista estadounidense Wanda Sykes, necesitamos “un amigo de color”. Cualquiera que tenga amigos de color en España ha escuchado las indignantes situaciones por las que tienen que pasar con demasiada frecuencia.
Como persona de raza blanca, tengo el enorme privilegio de no haber experimentado racis
Incluso en las mejores circunstancias, la presencia de turistas en España este verano iba a suponer un reto para el control de la pandemia de coronavirus. La llegada de gente del extranjero ya de por sí representa un riesgo. Y más tratándose de personas que están de vacaciones, y, por lo tanto, quizá no especialmente predispuestas a respetar la distancia de seguridad, llevar mascarilla, etcétera.
Pero hay un tipo de visitante al que, ya incluso antes de que llegara a nuestro país, costaba mucho darle ni tan solo el beneficio de la duda: el turista de borrachera. El término no se refiere, por supuesto, al viajero que de vez en cuando bebe más de la cuenta. Se refiere a quienes, en muchos casos, comienzan a consumir alcohol ya en el aeropuerto de origen, y aterrizan en España con varias copas de más.
Una vez en nuestro país, se emborrachan cada noche. Sin falta. Eso cuando no empiezan a bebe
Las ruedas de prensa a las 6 de la mañana no son habituales. Pero, después de cuatro jornadas de intensas discusiones, que se prolongaron día y noche, y de haberse levantado de la mesa de negociación solo media hora antes, imagino que el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, quería irse a dormir. “¡Lo conseguimos! Europa es fuerte. ¡Europa está unida!”, decía Michel a los periodistas el pasado martes 21 de julio.
Los líderes europeos acababan de aprobar un presupuesto de 1,8 billones de euros para los próximos siete años, incluyendo un paquete de recuperación del coronavirus de 750 mil millones de euros. Tras agrias discusiones entre, por un lado, los países más afectados por la pandemia, con Italia y España a la cabeza, y, por otro, el grupo de los autodenominados “países frugales”, —Austria, Dinamarca, Holanda y Suecia— el fondo de recuperación finalmente incluirá 390 mil mill
Proteger la Amazonia es un reto enorme. En especial, por supuesto, con alguien como Jair Bolsonaro ocupando la presidencia de Brasil. El verano pasado, cuando imágenes de satélite tomadas por el Instituto de Investigación Espacial de Brasil mostraron un fuerte aumento de la deforestación, Bolsonaro respondió despidiendo al director de la institución. El presidente ha acusado a las organizaciones no gubernamentales de provocar los enormes incendios que han asolado el Amazonas durante su presidencia. Y, ante las críticas europeas a su gestión, se atrevió a calificar al viejo continente como de “secta medioambiental”.
Imagino que, con una presidencia así, todo aquel que ve la Amazonia como un recurso a explotar, y no como algo que proteger, habrá visto una oportunidad de oro para actuar impunemente. Una investigación publicada el pasado 27 de julio por The Guardian apunta a un sector de la e