Ni Superman ni Mary Poppins lograrían conseguir que en una clase de 25 alumnos todos guarden un metro y medio de distancia entre sí. Los profesores ven imposible cumplir la única norma obligatoria que ha impuesto el Gobierno de España para la llamada ‘vuelta al cole’: hay demasiados niños para tan pocas aulas. Sería un buen problema para un examen de matemáticas, pero es un problema real y los profesores no son superhéroes. ¿Qué pasa si se contagia un alumno, o un docente? ¿De quién es la responsabilidad?
Septiembre está a la vuelta de la esquina, la incertidumbre persiste, y los profesores no quieren ese peso sobre sus conciencias, ni tampoco arriesgarse a la posibilidad de ir a la cárcel. El pasado 23 de julio, los directores de escuelas infantiles y de educación primaria de Sevilla, en el sur de España, alertaron de que no iban a poder garantizar “un entorno escolar seguro”. No pueden mantener la llamada ‘ratio’, la correcta proporción de alumnos por aula.
En una plaza de la ciudad de Cádiz el día 30 de julio, Marián Gil, la presidenta de la Asociación de Padres y Madres de Alumnos, propuso hacer una demostración práctica del problema. Se reprodujo un aula al aire libre: 25 pupitr
Es frecuente ver a los países nórdicos como la avanzadilla de la humanidad: los más solidarios, los más sostenibles, los más civilizados… De entre esos países, Suecia siempre ha destacado. Si algo es sueco, es razonable, fiable… y deseable. Hasta ahora. La crisis del coronavirus ha hecho añicos el cliché. La respuesta sueca a la pandemia ha sido un error monumental, tal y como han reconocido 25 médicos y científicos de ese país.
En un manifiesto publicado en el periódico USA Today el 21 de julio, los expertos alertan al mundo: “¡No hagáis como nosotros!” Pero, ¿qué es lo que ha hecho Suecia para que sus expertos se arrepientan de tal modo? Mejor habría que preguntarse qué es lo que no ha hecho: no ha implementado medidas estrictas para frenar la propagación del coronavirus.
La Agencia Sueca de Salud Pública ha mantenido una estrategia blanda frente a la pandemia. No ha impuesto el confinamiento, ha desdeñado el uso de mascarillas y ha dejado al criterio de los ciudadanos las medidas que cada cual quisiera adoptar. Resultado: calles, tiendas y bares llenos de gente sin distancia de seguridad, ni mascarillas. ¿Por qué Suecia se ha salido tanto del camino marcado por la Organización Mun
Es como un Arca de Noé de la humanidad, una enciclopedia que muestra la evolución de los europeos desde hace 1,4 millones de años. En el recorrido por nuestros ancestros, faltaba hasta ahora un capítulo por rellenar. Los investigadores del yacimiento de Atapuerca anunciaron el pasado 23 de julio el hallazgo de piedras talladas por homínidos de hace 600.000 años. Era la pieza que faltaba en el puzle: ya se puede afirmar que en esas cuevas, descubiertas por casualidad en el siglo XIX al norte de España, han vivido todas las clases de homínidos de Europa. Bienvenidos a Atapuerca, bienvenidos al hogar de los primeros europeos.
“Gracias a este hallazgo, Atapuerca es el único yacimiento que puede contar la historia entera de la evolución antrópica en Europa con todas sus especies humanas”, declaró en las páginas del diario El País la paleoantropóloga María Martinón-Torres. Pero, ¿quién es el ‘abuelo de Europa’? La pregunta no es fácil de responder.
Las primeras herramientas de piedra halladas en esta sierra burgalesa datan de hace 1,4 millones de años; los primeros fósiles humanos, de hace 1,2 millones y la primera especie de homínido identificada plenamente es de hace unos 850.000 años: e
Desde esta esquina del mundo son visibles África, Europa y el mar… Esta esquina del mundo se llama Gibraltar y es un pedacito estratégico del extinto Imperio Británico. Por eso, en esta diminuta península –diez veces más pequeña que la isla de Manhattan– se toma el té a las cinco. Gibraltar es un microcosmos de mansiones coloniales, viviendas unifamiliares inglesas, de ladrillo granate y amplios ventanales blancos, oscuros pubs e icónicas cabinas telefónicas rojas. Basta recorrer unos metros andando para viajar mentalmente de la luminosa y blanca Andalucía a la calle principal de cualquier pueblo británico.
Con la misma facilidad transitan entre dos lenguas los ‘llanitos’, como se conoce a los habitantes de Gibraltar: del acento inglés más británico al andaluz más alegre. Dos lenguas que representan muchas veces dos almas opuestas: la flema inglesa y la pasión española. Parece broma, pero en Gibraltar existen policías británicos, los famosos ‘bobbies’, con un acento andaluz comparable al de cualquier ‘cantaor’ flamenco.
La Corona Española entregó en 1713 a los ingleses el ‘Peñón’, como se lo conoce coloquialmente. Desde entonces, no ha pasado un año sin que España lo reclame de vuelt
Ni una aspiradora, ni una escoba, ni un robot ‘Roomba’ (de esos que se han puesto tan de moda…): ninguno de estos artilugios sirve para eliminar el polvo de la Luna. Tan difícil tarea es la que se ha propuesto la NASA. La agencia espacial estadounidense necesita ideas –o al menos una gran idea– para solucionar un problema que considera “un obstáculo para el futuro de la exploración espacial”. Big Idea Challenge es el nombre del desafío que la NASA ha lanzado, en busca de respuestas, a estudiantes universitarios. ¿Es posible eliminar… o mitigar el efecto del polvo lunar?
Parece hasta poético: la huella de Buzz Aldrin sobre la superficie lunar quedó grabada en el polvo y allí seguirá, porque en la Luna no hay atmósfera, ni viento, ni nadie que pueda pasar la escoba entre misión y misión. Pero la NASA quiere que la presencia de astronautas sea algo frecuente. Su programa Artemis busca una “exploración sostenible” del enigmático satélite terrestre. Para eso se necesita acabar, primero, con el problema del polvo. Y no es fácil.
Cualquiera que haya tenido obras en casa (o en la casa de un vecino), sabe la tortura que supone acabar definitivamente con ese polvillo. Pues bien: el de la Luna