Es un viejo recurso narrativo aquel en el que, justo antes de una pausa publicitaria, el protagonista de una historia queda colgado de una rama al borde del precipicio. El espectador no se despegará del televisor durante los anuncios, porque quiere saber si el héroe se salvará. A este truco los guionistas le dan un nombre en inglés: ‘cliffhanger’.
En un giro digno del mejor ‘thriller’ político, Pablo Casado, líder del gran partido conservador español –el Partido Popular– quedó metafóricamente colgado de una rama la madrugada del pasado 22 de febrero. Y allí sigue todavía, al borde del vacío. Esa noche, la sede del partido vivió una cumbre con los llamados ‘barones’ (los líderes territoriales), que pedían su cabeza, espoleados por la prensa conservadora. ¿Pero, cuál había sido el ‘pecado’ de Pablo Casado?
Bueno, Casado había cometido un error de cálculo al intentar acabar con la carrera de
Un campo de minas es la expresión de un deseo especialmente siniestro: matar en diferido a quien ni siquiera conocemos. Las minas son semillas de odio que pueden florecer letalmente años después de ser sembradas. En Irak, las guerras han creado varias capas de bombas. Son casi como estratos geológicos de explosivos durmientes esperando despertar al paso de un vehículo, un animal o un niño camino de la escuela.
Los cálculos más conservadores estiman que una superficie de unos 2.850 kilómetros cuadrados está llena no solo de minas, también de los llamados ‘artefactos explosivos improvisados’ y de munición de artillería sin explotar: obuses y proyectiles de mortero.
Es una superficie mayor que la de Luxemburgo, y no está concentrada en una sola zona, sino que se reparte por todo el país: sobre todo en campos de labranza que ya no pueden ser arados e infraestructuras que un día fueron esencial
Es como estar encerrado con uno mismo en una campana de cristal, rodeado de culpa, tristeza y dolor. A través de ese cristal, la realidad llega desenfocada y atenuada. El consuelo de los demás no nos alcanza y el mundo se hace incomprensible. Estas son las sensaciones sobre la depresión que transmite la novela The Bell Jar, de Sylvia Plath. Su lectura es esclarecedora para quien nunca ha sufrido esta enfermedad que afecta al 5% de los adultos.
Existen muchos mitos sobre la depresión: que no es más que tristeza, que quienes la padecen son débiles y vagos, o que afecta solamente a un tipo determinado de personas. Lo cierto es que la depresión se extiende por el planeta. Una comisión de la revista médica The Lancet y de la Asociación Mundial de Psiquiatría, formada por 25 expertos de 11 países diferentes, acaba de definirla como una “crisis sanitaria desatendida” y pide medidas urgentes para
No es nueva la metáfora que compara al extremismo ideológico con una infección. De hecho, para hablar del remedio contra esta ‘enfermedad’ que amenaza a la democracia se suele emplear una expresión que también proviene de la medicina: el ‘cordón sanitario’. Es un concepto acuñado en el siglo XIX, cuando Francia decidió desplegar su Ejército en la frontera con España para prevenir la propagación de una plaga de fiebre amarilla. Hoy, en Europa, la plaga es ideológica: el populismo xenófobo y homófobo.
En países como Polonia o Hungría, esas ideas han llegado al poder. En Italia, el electorado lleva años coqueteando con movimientos neofascistas, desde la Lega de Matteo Salvini a Fratelli d’Italia. Por el contrario, en Francia o Alemania, donde el extremismo lleva décadas presente, ni el partido de Marine Le Pen ni Alternative für Deutschland tienen posibilidades de prosperar más allá de ciert
Además de bello, emocionante, motivador y agitador de conciencias, uno desearía que el arte fuese perdurable, sin límite en el tiempo. Pero no siempre es posible. Algunas obras llegan a nuestros días perfectamente conservadas después de siglos, otras pierden en unos pocos años alguna de las cualidades que las hicieron especiales.
Al igual que ya sucedió con el cuadro El grito de Edvard Munch en 2020, cuando se dio la alerta de que su intenso color amarillo había comenzado a desvanecerse debido a los pigmentos sintéticos de la época –brillantes pero inestables–, algunas obras del pintor español Joan Miró están perdiendo viveza. Las palabras que el artista pronunció en 1981, dos años antes de morir, provocan ahora cierta melancolía: “Quiero que todo quede como esté después de mí en el momento en que yo desaparezca”.
La Fundación Miró en la isla de Mallorca, donde el pintor vivió durante casi