Interminables hileras de camiones bloquearon el pasado fin de semana las vías de acceso a las principales ciudades españolas. Los transportistas protestaron circulando a baja velocidad en una nueva manifestación masiva tras más de dos semanas de huelga. Los paros de los camioneros continúan y España queda más paralizada cada día que se prolongan estas movilizaciones. Los profesionales del transporte por carretera dicen estar decididos a mantener este pulso al Gobierno hasta que no se garantice una solución a la crisis que están sufriendo debido al aumento del precio del combustible. Solamente desde febrero hasta hoy, el gasóleo se ha disparado en los surtidores más de un 21%.
Los camioneros han declinado las últimas dos propuestas del Ejecutivo. El pasado 21 de marzo, el Ministerio de Transportes planteó una serie de subvenciones para la compra de carburante por un valor total de 500 millones de euros. Ante el rechazo del sector, que consideró insuficiente la oferta, el Gobierno elevó —cuatro días después— el volumen de las ayudas públicas por encima de los 1.000 millones. La nueva cifra tampoco convenció a los transportistas, quienes alegaron que seguirían perdiendo dinero en cad
Madrid ha dado la espalda por segunda vez al pueblo saharaui. El Gobierno de España viró drásticamente, el pasado 18 de marzo, su posición diplomática sobre el conflicto del Sáhara Occidental: un estado reconocido por la Unión Africana, ocupado por Marruecos desde hace casi medio siglo. El ejecutivo español se ha alineado con Rabat, y apoya ahora que la República Árabe Saharaui Democrática quede bajo soberanía marroquí. La antigua provincia española —un territorio aún pendiente de descolonización, según Naciones Unidas— ha vuelto a ser abandonada por la que fue su metrópoli hasta hace menos de 50 años.
España se desentendió de la colonia del Sáhara Occidental el 14 de noviembre de 1975, cuando al dictador Francisco Franco le quedaban solamente seis días de vida. En aquella fecha, el régimen español firmó el ‘acuerdo tripartito de Madrid’: un texto rotundamente ilegal, mantenido entonces en secreto, con el que dejaba la administración del territorio saharaui en manos de Marruecos y Mauritania —países colindantes de la RASD—. Cuatro años después, las autoridades mauritanas renunciaron a sus pretensiones expansionistas y Rabat quedó como único ocupante del Sáhara Occidental.
Los saharau
Las lágrimas de las niñas y adolescentes afganas, vetadas en las escuelas por los talibanes, son la expresión más dolorosa de la inmensa frustración que sufren las mujeres por el regreso de los fundamentalistas al poder en el país. El 23 de marzo comenzó un nuevo curso académico en Afganistán y las alumnas acudieron puntualmente a sus colegios para retomar las clases de secundaria, interrumpidas el pasado verano tras la restauración del emirato en Kabul. Sin embargo, cuando ya estaban sentadas en sus pupitres, les obligaron a volver a casa. A pesar de haberles asegurado que podrían continuar sus estudios, repentinamente, las autoridades les comunicaron que, de ahora en adelante, tendrán prohibido asistir a la escuela hasta que se defina un programa educativo acorde con la perversa interpretación que el régimen talibán hace de la sharía —el conjunto de leyes islámicas que, según los extremistas, deben regir los comportamientos sociales—.
La noche anterior a ese triste día en el que le impidieron reanudar su educación, Wajiha estuvo despierta hasta las dos de la madrugada, haciendo y rehaciendo su mochila, desvelada por el entusiasmo de recuperar sus clases. Marzia se despertó de un b
De entre los muchos placeres que ofrece Estambul, hay pocos comparables con cruzar de una a otra orilla de la ciudad a bordo de un ferry de las líneas urbanas. Este breve trayecto no es una atracción turística, sino un desplazamiento cotidiano para gran parte de la población de esta megalópolis de más de 15 millones de habitantes, partida en dos por el estrecho del Bósforo. Hasta 1973, embarcar en estos buques de pasajeros era la única forma posible de moverse entre la costa europea y la asiática de la ciudad. Hoy, sin embargo, existen tres puentes y dos túneles que cosen ambos continentes a lo largo de la urbe. Desde el pasado 18 de octubre, Asia y Europa están conectadas también por un nuevo puente en la península de Galípoli: una superestructura que une las riberas del histórico paso de los Dardanelos, a unos doscientos kilómetros al sureste de Estambul.
Las dimensiones del viaducto de Galípoli, que cubre una distancia de más de cuatro kilómetros y medio, han marcado un nuevo hito en el libro de los récords de la ingeniería civil. El vano central del puente, sostenido por cables anclados a dos enormes torres, vuela a lo largo de 2.023 metros sobre el estrecho de los Dardanelos. A
Las estrellas del cine hispanoamericano han vuelto a deslumbrar en la capital de la Costa del Sol española. Tras las últimas dos ediciones del Festival de Málaga, empañadas por la pandemia del Covid, el certamen ha festejado este año su 25 aniversario recuperando la emoción de las grandes citas cinematográficas. El pasado 18 de marzo se celebró la gala inaugural ante un público de casi 2.500 personas: el acto más multitudinario en todo el primer cuarto de siglo de vida del festival, que nació como un humilde concurso de cine español, con solamente ocho películas en cartel. Desde aquel tímido estreno, en 1998, la alfombra roja no ha dejado de crecer sobre las calles malagueñas.
Las entradas costaban 400 pesetas —equivalentes a menos de dos euros y medio— en la primera edición del Festival de Málaga, que despegó como una arriesgada apuesta en un momento en el que el cine hecho en España apenas conseguía levantar el vuelo en la taquilla. Desde entonces, el certamen ha ido ampliando su audiencia y ensanchando su mirada hacia la cinematografía de Latinoamérica. En los anuarios del evento destaca, por ejemplo, la visita de Guillermo del Toro en 2018. El director mexicano apareció en la c