Primero fue el intento de asesinato del expresidente y candidato republicano Donald Trump, durante un mitin celebrado en Pennsylvania. Y, el pasado domingo, 21 de julio, llegó el anuncio de que el actual presidente, Joe Biden, retiraba su candidatura a la Casa Blanca.
El FBI todavía está investigando, pero ya identificó al autor de los disparos contra Trump: Thomas Matthew Crooks, un joven de 20 años de la localidad de Bethel Park, Pennsylvania. Al expresidente, una bala le rozó la oreja derecha, pero, por lo demás, salió indemne del atentado. Menos suerte tuvo Corey Comperatore, un bombero voluntario que asistía al mitin con su familia y que resultó muerto por los disparos. Otras dos personas resultaron heridas de gravedad. Crooks, por su parte, fue abatido por tiradores del Servicio Secreto.
Quizá algún día se descubra por qué Crooks cometió el ataque. A lo mejor se encuentre un manifies
Al multimillonario emprendedor Elon Musk ya no le gusta California. Quién sabe, quizá no le gustó nunca. A lo mejor se estableció en el Golden State sencillamente porque era un buen sitio para lanzar startups. Y decidió, por una cuestión meramente pragmática, poner sus ideas políticas en el congelador durante un tiempo. O tal vez Musk sí que era más progresista antes. Quizá sus puntos de vista se han vuelto más conservadores —Trumpianos, incluso— a medida que se ha ido engordando su cuenta bancaria. No sería el primero a quien le ocurre.
Sea como fuere, el pasado martes, 16 de julio, Musk anunció que trasladaría la sede de dos de sus compañías, X y SpaceX, al estado de Texas. La empresa fabricante de vehículos eléctricos Tesla, de la que Musk posee —dependiendo de la fuente— entre un 13 y un 20 % de las acciones, ya trasladó muchas de sus instalaciones a Texas a finales de 2021. La “gota
El programa relativo a la inmigración de Vox —el partido de ultraderecha español— funciona mucho mejor desde la oposición que gobernando. Desde la oposición, Vox puede prometerles a sus votantes la expulsión “inmediata” de todos los inmigrantes que entren en España de forma ilegal. O el despliegue de la Marina para crear un “bloqueo naval” que proteja nuestras costas de la llegada “masiva” de migrantes.
Tras sus buenos resultados en las elecciones autonómicas de 2023, Vox entró en diversos Gobiernos regionales, en coalición con el Partido Popular (PP). Ahora, está descubriendo que llevar su programa de inmigración a la práctica es inviable. Expulsar a los inmigrantes ilegales es casi imposible. Además, las comunidades autónomas que Vox gobierna junto al PP —este último, como socio mayoritario— deberán recibir ahora inmigrantes de otros lugares de España.
Cada año llegan a las Islas Canaria
En 1900, el pintor Camille Pissarro vendió el cuadro Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia a Julius Cassirer. Ni el maestro del impresionismo ni el comprador, un industrial y coleccionista de arte judío-alemán, se hubieran imaginado nunca la ajetreada vida que tendría la obra.
Tras ser expoliado por los nazis en 1939, y pasar por varias manos, el Pissarro acabó en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid. Allí, colgado en una de las salas del Palacio de Villahermosa, lo descubrió el fotógrafo Claude Cassirer. La familia Cassirer inició entonces una batalla legal por recuperar la obra que dura ya casi un cuarto de siglo.
Ahora, los Cassirer han recibido un nuevo varapalo legal. El Tribunal de Apelación del Noveno Circuito de California, que en enero falló a favor del Museo Thyssen-Bornemisza, confirmó el pasado 10 de julio su resolución inicial. La familia Cassirer, sin emba
La foto de los finalistas con sus trofeos resume a la perfección, creo, la historia de la final de Wimbledon de este año. Carlos Alcaraz, el joven ganador, radiante tras la victoria. Con una mano en el trofeo y la otra en la espalda de su oponente, Novak Djokovic. Contento, diría, no solo por el triunfo, sino por estar allí, en la pista central del All England Club, en compañía de alguien a quien admira —Alcaraz llamó a Djokovic “supermán” en rueda de prensa—. Y Djokovic, sonriente también, tranquilo en la derrota, con una mano en el hombro de Alcaraz, casi como si fuera su protegido.
La final de Wimbledon del año pasado, que tuvo los mismos protagonistas, fue una batalla épica a 5 sets. En 2024, en cambio, Alcaraz se impuso sin ceder ni un solo set. Quizá me falle la memoria, pero no recuerdo haber visto nunca a Djokovic dominado de tal manera en una final de Grand Slam; ni siquiera en l