En Venezuela, desgraciadamente, parece que las cosas tendrán que ir a peor antes de que vayan a mejor. Tras las elecciones del pasado domingo, 28 de julio, el Carter Center, que actuó como observador internacional, emitió un comunicado asegurando que los comicios “no habían cumplido los estándares internacionales de integridad electoral”. Los observadores constataron numerosas irregularidades en el proceso electoral.
El lunes 29, el consejo electoral venezolano se apresuró a concederle la victoria a Nicolás Maduro, el autócrata que está al frente del país desde 2013. Según el consejo electoral, Maduro obtuvo un 51,2 % del voto. La oposición, por su lado, dijo tener pruebas de que su candidato, Edmundo González, había obtenido un 67 % del voto, por un 30 % de Maduro.
Decenas de miles de venezolanos han salido a la calle a protestar por lo que consideran —con razón— unos resultados electorales fraudulentos. No es la primera vez que Maduro amaña unas elecciones. Y tampoco es la primera vez que en Venezuela hay protestas tras unos comicios. En esta ocasión, sin embargo, algo parece haber cambiado: a juicio de diversos observadores, el apoyo a Maduro entre la clase trabajadora, y entre la
A veces me pregunto dónde estaban antes los ultraderechistas. Los que, últimamente, están protagonizando episodios violentos en muchos lugares del mundo. ¿Han sido siempre gente conflictiva, o antes eran personas corrientes, como vosotros y como yo? ¿Los han empujado a la violencia y al extremismo las mentiras de políticos poco escrupulosos como Donald Trump, Nigel Farage, o Geert Wilders? ¿O la retórica incendiaria de las redes sociales y de algunos medios de comunicación?
El primer ministro británico, Keir Starmer, quizá también se lo pregunte. Y, sin embargo, tras el ataque, el pasado 4 de agosto, a un hotel donde se alojaban solicitantes de asilo en el norte de Inglaterra, y los disturbios que lo siguieron, la respuesta del Gobierno ha sido contundente. Starmer calificó a los asaltantes de “matones de ultraderecha”. “Os aseguro que os arrepentiréis de participar en estos disturbios, ya sea directamente o arengando estas acciones online y después corriendo a esconderos”, declaró el primer ministro. Al parecer, la policía británica ha hecho ya cerca de 400 detenciones. Y Starmer asegura estar preparando un “ejército” de policías antidisturbios para poner bajo control la situación
Algo sabrá de obras Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid. Desde hace más de un cuarto de siglo, Pérez preside también de ACS, una de las mayores empresas de construcción del mundo. Hace cinco años, Pérez embarcó al Madrid en una faraónica remodelación del estadio Santiago Bernabéu. Entre las muchas características del nuevo estadio está el césped retráctil, que permite compatibilizar los partidos de fútbol con una densa programación de espectáculos musicales. Después de años de obras, y un coste de casi 1.200 millones de euros, hace unos meses se inauguró finalmente el nuevo Bernabéu, y comenzaron los conciertos. Solo ha habido un pequeño problema: parece que alguien olvidó insonorizar el estadio.
Uno de los primeros conciertos fue el Telefónica 100 Live, el 18 de mayo, que celebraba el centenario de la compañía de telecomunicaciones. Tras las quejas de varios vecinos, agentes de la policía municipal midieron en viviendas cercanas al estadio Bernabéu casi 85 decibelios de ruido. Según la Organización Mundial de la Salud, una exposición prolongada a este nivel de ruido puede provocar daños auditivos irreversibles. En Madrid, el máximo legal entre las 19:00 y las 23:00 hora
Seis años en Bélgica, se diría, pueden cambiarlo a uno profundamente. El rapero mallorquín Josep Miquel Arenas, conocido como Valtònyc, huyó a Bélgica en 2018. En España, había sido condenado a tres años y medio de prisión por enaltecimiento del terrorismo, calumnias e injurias a la Corona. En octubre de 2023 volvió a nuestro país, tras haber prescrito su condena. Y el pasado sábado 27 de julio, con tan solo 31 años, anunció que abandonaba la música.
“No sé qué explicar ya con el rap”, decía hace unos días Arenas. Ahora, asegura, tiene un buen trabajo, y le da vergüenza subirse a un escenario e “interpretar un personaje”. Ni rastro del rapero que, hace unos años, dijo durante un concierto: “Matad a un puto guardia civil esta noche. Iros a otro pueblo donde haya guardias civiles y matad a uno”. O del que, en su canción Marca España, aseguraba que quería ver al juez Baltasar Garzón “en silla de ruedas”.
La gente cambia. Y quizá los años que pasó huido de la justicia española, y alejado de su familia y amigos, hicieron recapacitar a Arenas. O quizá no. Dice el mallorquín que ya no quiere interpretar más el “personaje” del rapero Valtònyc, pero… ¿y si el personaje de ficción fuera, en re
Hacerse una foto con el termómetro del Centro de Visitantes de Furnace Creek, en Death Valley, California, se está volviendo un clásico. El pasado mes de julio ha sido el más caluroso de la historia en el valle californiano, y he visto instantáneas del famoso termómetro marcando hasta 59 ºC.
Los españoles que quieran experimentar el calor extremo, sin embargo, no necesitan desplazarse hasta Death Valley; solo tienen que pasarse por Madrid. En las últimas semanas, un grupo de activistas de Greenpeace se ha paseado por la capital con cámaras termográficas, que miden la temperatura mediante tecnología infrarroja. El pasado 1 de agosto, la organización medioambiental publicó en su página web las temperaturas máximas que registró en varios lugares emblemáticos de la capital, por ejemplo: 54,8 ºC en la Puerta del Sol; 63,5 ºC en la Plaza Mayor; y 65 ºC en la Plaza de Callao.
Comparar las mediciones de temperatura de Death Valley con las de Madrid tiene truco, lo admito. El termómetro del Centro de Visitantes de Furnace Creek mide, asumo, la temperatura del aire, mientras que las cámaras termográficas de Greenpeace capturan la temperatura de los objetos. El objeto más caliente en muchas de