Un estudio muestra la complejidad de las interacciones sociales en entornos aislados y confinados
Un nuevo estudio, publicado la semana pasada en Proceedings of the National Academy of Sciences, indica que, además de la soledad, la proximidad física constante con otras personas supone un importante reto para los equipos que viven en condiciones de aislamiento extremo. La investigación siguió a 12 miembros de un equipo durante una misión de invierno de diez meses de duración en la estación Concordia de la Antártida.
La estación Concordia se utiliza como un análogo terrestre para expediciones a la Luna o a Marte. Los investigadores utilizaron sensores y cuestionarios para monitorizar las dinámicas sociales, y descubrieron que el contacto frecuente entre los miembros del equipo no necesariamente promovía el apoyo entre ellos. En lugar de ello, con frecuencia provocaba conflictos y desconfianza, y reducía la productividad.
Después de un tiempo, el equipo se dividió en subgrupos, por lo común creados en base a la nacionalidad o el idioma, lo cual proporcionó algo de apoyo, pero también amenazó con socavar la cohesión del equipo. La investigación sugiere que tanto el aislamiento como la proximidad forzosa pueden ser fuentes de estrés en entornos de confinamiento, lo cual pone de manifi