Honduras inicia una nueva etapa. Tras doce largos años de gobiernos conservadores, los votantes de uno de los países más pobres de América Latina, y también uno de los más violentos de todo el planeta, han decidido pasar página y cambiar de rumbo. El pasado 28 de noviembre se efectuaron las elecciones generales, las cuales, además de determinar quién será el nuevo presidente, también facilitaron la renovación de los miembros del Congreso, del Parlamento Centroamericano y de las alcaldías. Ese día, millones de hondureños depositaron su confianza en Xiomara Castro, la candidata de la izquierda que ha ganado los comicios presidenciales por amplia mayoría (su ventaja sobre el principal rival, el derechista Nasry Asfura, fue de aproximadamente veinte puntos porcentuales). Resulta evidente que gran parte de la población, abrumada y hastiada por unos altísimos niveles de pobreza, así como por el intolerable número de crímenes violentos que engrosan las estadísticas año tras año, ha apostado por una nueva alternativa ideológica.
Xiomara Castro, por tanto, tendrá muchos retos que enfrentar. Además de intentar mejorar la grave crisis socioeconómica que afecta al país (una situación claramente
Es bien sabido, y ya lo hemos comentado en más de una ocasión, que los gobiernos autoritarios adoran las jornadas electorales. Siempre y cuando, claro, los resultados de tales comicios estén previamente asegurados a favor del régimen. Aquello permite a los autócratas de todo el mundo ofrecer la imagen, muy poco convincente, de que respetan profundamente la voluntad del pueblo.
El régimen chavista en Venezuela es uno de esos gobiernos cuasi dictatoriales que se enorgullecen públicamente de convocar elecciones con bastante frecuencia. Y, de más está decir, el chavismo nunca ha sufrido una derrota de alguna importancia en las últimas dos décadas. El triunfo más reciente, sumamente holgado (y también bastante previsible), ocurrió el pasado 21 de noviembre. Ese día se realizaron las elecciones regionales, las cuales otorgaron 20 gobernaciones a los candidatos del régimen. El bando opositor, por su parte, apenas pudo adjudicarse tres de los estados en juego. Y esta vez el chavismo ni siquiera tuvo que hacer uso de las variadas trampas, artimañas y manipulaciones que siempre han estado presentes en elecciones pasadas. Con una oposición profundamente dividida y desmoralizada, con una campañ
Hay ocasiones en que seguir las obligaciones que, supuestamente, nos dictan los lazos consanguíneos puede traernos la desgracia. Es lo que le ocurrió recientemente a Chris Cuomo, el conocido y, hasta hace muy poco, bastante reputado presentador de noticias del canal CNN que, por intentar echarle una mano a su hermano, cavó su propia tumba. Recordemos que Andrew Cuomo, hermano de Chris, presentó su dimisión como gobernador del estado de Nueva York, el pasado mes de agosto, debido a reiteradas acusaciones de acoso sexual en su contra. Andrew Cuomo hizo todo lo posible por aferrarse a su cargo de gobernador, y no fue hasta que el presidente Joe Biden exigió en público su dimisión cuando, finalmente, tiró la toalla y presentó la renuncia. Y mientras ocurría todo esto, Chris Cuomo, al frente de los informativos de CNN, se encontraba en una muy difícil situación, la cual solventó inhibiéndose voluntariamente de comentar las noticias relacionadas con su hermano. Creo que, de entrada, la directiva del canal informativo cometió un grave error al permitir esta actitud por parte del presentador. Tal vez CNN debió suspender, al menos temporalmente, a Chris Cuomo de su cargo hasta que amainase
Soy —al igual que, supongo, muchos de ustedes— una gran amante de los museos. Cada vez que visito una ciudad, intento acudir a las exposiciones más importantes en busca de los grandes pintores de todos los tiempos. Y algo que siempre me ha llamado la atención es la sorprendente fecundidad de algunos pintores. Nunca he logrado entender cómo hicieron ciertos artistas para pintar tantos cuadros a lo largo de sus vidas. Es realmente asombrosa la enorme cantidad de lienzos que numerosos museos exhiben de, por ejemplo, Rubens, Degas, Renoir, Picasso o Monet. En cambio, hay otros pintores cuyas escasísimas obras prácticamente hay que rastrearlas con lupa por todo el mundo. Uno de ellos es, sin duda alguna, el célebre y misterioso pintor holandés Johannes Vermeer, quien vivió a mediados del siglo XVII en los Países Bajos. Y digo "misterioso" porque este excelso artista, también apodado "el maestro de la luz", creaba unas pinturas sumamente realistas a través de una depurada técnica que hasta el día de hoy sigue siendo un misterio. Algunos expertos sugieren que Vermeer pudo haber utilizado un complejo sistema de lentes y espejos que le habría permitido recrear con exactitud las imágenes exp
Al final no hubo ninguna sorpresa: Lionel Messi, el astro argentino que ha iniciado este año una nueva etapa deportiva en el club Paris Saint-Germain, obtuvo, el pasado 29 de noviembre, el Balón de Oro una vez más. Se trata del máximo galardón futbolístico a título personal al que cada año puede aspirar un jugador profesional de balompié. Con éste ya son siete los trofeos de este tipo que se adjudica la ex estrella del Barcelona. Gracias a este reciente galardón, Messi hace historia nuevamente, ya que se consolida como el jugador que más Balones de Oro posee en su vitrina. Por detrás de él, ya ampliándose cada vez más la distancia, se sitúan Cristiano Ronaldo (con cinco trofeos), así como las grandes leyendas del pasado Michel Platini, Johan Cruyff y Marco van Basten (todos ellos con tres estatuillas cada uno).
Pero a pesar de que no hubo grandes sorpresas (ya todos nos hemos ido acostumbrando a los habituales triunfos del astro argentino), la ceremonia de entrega de los premios, la cual se realizó en el Teatro del Châtelet de la ciudad de París, no estuvo exenta de polémica. Son muchos los que han criticado la nueva designación de Messi como merecedor del Balón. Y la verdad es que