Este año se han registrado lluvias por primera vez en las zonas más altas de Groenlandia; la hierba está empezando a reverdecer en el Ártico durante la estación veraniega; muchas aves están variando sus rutas migratorias, en búsqueda de sitios para invernar cada vez más al norte; el permafrost (suelo congelado) se está derritiendo en Siberia a un ritmo cada vez más acelerado; se estima que la selva amazónica, debido a los incendios forestales, está empezando a emitir más dióxido de carbono del que puede absorber; cada año se baten nuevos récords de temperatura en todo el globo; aumenta la frecuencia anual de tormentas tropicales, huracanes, tifones...
Quizá estoy dando la impresión de estar enumerando las señales del Apocalipsis. Y puede que no sea demasiado exagerada la comparación. Y es que el Apocalipsis ya llegó, en efecto, para centenares de especies que se han extinguido en las últimas décadas debido al calentamiento global. Tal vez el final del mundo esté aún muy lejos para el homo sapiens, pero si no se toman las medidas necesarias y no se endereza el rumbo cuanto antes, las señales del gran desastre venidero serán cada vez más evidentes a nuestro alrededor.
Esto es justament
Durante estos días se está desarrollando en la ciudad escocesa de Glasgow la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Y a pesar de la llamativa presencia de importantes líderes mundiales, son muchos los expertos que han expresado su escepticismo en cuanto a la eficacia de este tipo de encuentros ya que, según un amplio consenso científico, la humanidad ha reaccionado con notable retraso ante el gran desafío climático. Además, algunas de las medidas más importantes anunciadas en la presente Cumbre se implementarán, por desgracia, también con excesiva demora. Una de ellas, por ejemplo, estipula que la comunidad internacional se esforzará por detener la deforestación global y por reducir las emisiones de metano en un 30% para 2030. Tomando en cuenta que aún falta casi una década para esa fecha y que hoy en día la crisis medioambiental es poco menos que catastrófica, cabe preguntarse si los líderes mundiales son realmente conscientes de la gravedad de la situación actual. Por si fuera poco, el pasado 4 de noviembre despertamos con la desalentadora noticia de que las emisiones de dióxido de carbono durante este 2021 ya han igualado a las del 2019. Es decir, ya hemos
Es prácticamente un axioma que sean los regímenes autoritarios o dictatoriales los que suelen jactarse constantemente de ser transparentes, igualitarios y democráticos. Es como si los líderes autócratas tuvieran la constante obligación de justificarse y de afirmar ante los ojos del mundo: "Esto no es lo que parece. Usted quizá tenga la errónea impresión de que esto es una dictadura, pero en realidad somos los campeones de la democracia en todo el planeta". Por ello suelen llenar el calendario de citas electorales (completamente vacías de contenido y a las que sólo se permite concurrir a ciertos candidatos títeres del régimen). Elecciones vecinales, municipales, distritales, regionales, nacionales... Lo vemos constantemente en Cuba, en Venezuela, en Rusia, en Turquía... Elecciones y más elecciones cada pocos meses. Con lo cual se llega a la extraña paradoja de que mientras más comicios electorales se realizan, menos ambiente democrático se respira en el ambiente. Quizá el ejemplo más ilustrativo y clamoroso de este ejercicio de puro cinismo lo vimos en tiempos de las dos Alemanias: La República Federal Alemana, es decir, la Alemania Occidental, disfrutaba de un parlamento abiertamen
Es bien sabido que los regímenes dictatoriales temen con pavor el libre pensamiento. Un individuo que no sólo piense por sí mismo, sino que además difunda sus reflexiones personales, constituye una seria amenaza para cualquier sistema totalitario. Esta obsesión de los dictadores por preservar la supuesta "verdad única", una verdad incuestionable pregonada por el líder supremo, ha sido magníficamente retratada a través de célebres libros distópicos como Un mundo feliz, 1984 o El cuento de la criada. No es de extrañar, por tanto, que sea precisamente la literatura el tipo de arte que más comúnmente sufre la represión totalitaria. Incontables libros considerados heréticos fueron destruidos durante la Inquisición española. Cientos de títulos fueron prohibidos en la Unión Soviética y otros muchos ardieron en las hogueras durante la pesadilla nazi en Alemania.
Y algo bastante parecido, aunque a mucha menor escala, está ocurriendo en la actualidad en Nicaragua. Daniel Ortega, el presidente recién reelegido el pasado domingo (lo de "presidente" y "reelegido" son simples eufemismos que enmascaran su repudiable condición de dictador), ha puesto a la literatura considerada disidente en el punt
El partido demócrata en Estados Unidos sufrió un duro varapalo, el pasado 2 de noviembre, en el estado de Virginia. Ese día, el candidato republicano, Glenn Youngkin, se impuso a su rival demócrata, Terry McAuliffe, por un margen bastante estrecho (Youngkin obtuvo el 50,9% de los votos). Pero la importancia de estos comicios trasciende en gran medida al estado de Virginia. Y es que el principal perdedor de esta contienda ha sido el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden. Prácticamente había unanimidad entre un sinfín de analistas y expertos en que estos comicios podían interpretarse como una especie de plebiscito en torno a la gestión de Biden, justo cuando se cumple un año de la victoria demócrata en las elecciones presidenciales del 2020. Y la mayoría de los ciudadanos de Virginia eligió la opción republicana, apoyada, entre otros, por Donald Trump. Hay que resaltar, además, que Virginia no es un estado cualquiera dentro del inmenso país. Este territorio había sido tradicionalmente feudo demócrata a lo largo de los últimos años. De hecho, Virginia desempeñó un papel importante en el triunfo de Biden en noviembre del año pasado. De modo que esta derrota no es sólo especialmen