Quien haya hecho una reforma en casa, sabe lo difícil que es erradicar el polvo que levantan los operarios. En el caso de Colombia, el polvo que ha impregnado durante décadas las reformas políticas es la cocaína. La disfuncional historia colombiana no se explica sin el dinero del narcotráfico, que ha regado a guerrillas de izquierdas, a paramilitares de derechas y a la clase dirigente. Y en ese contexto hay que enmarcar la reciente condena a Álvaro Uribe.
A sus 73 años, Uribe se ha convertido en el primer expresidente colombiano en ser declarado criminal. Todo comenzó en 2012, cuando el senador Iván Cepeda, miembro de la Comisión de Derechos Humanos, presentó pruebas y testigos del nexo entre Uribe y grupos paramilitares. La reacción de Uribe fue acusar a Cepeda de manipular los testimonios, y denunciarlo ante la Corte Suprema de Justicia. En 2018, inesperadamente, ese tribunal dejó de investigar a Cepeda y decidió investigar al senador Uribe, precisamente por manipular testigos.
En 2020, la Corte Suprema lanzó un mensaje de firmeza al mantener a Uribe dos meses en detención domiciliaria por “riesgos de obstrucción a la Justicia”. Cercado, el expresidente dejó su cargo de senador par
Es grave afirmar que las decisiones de un gobernante están matando a sus ciudadanos, pero no lo digo yo, sino Marina Elichiry, médica del Instituto de Oncología Ángel H. Roffo de Buenos Aires: “Están condenando a morir a la gente con cáncer y hay personas sufriendo por dolor porque Milei les sacó los medicamentos”. Esta es la realidad que vive Argentina en los últimos meses y que está llevando a las calles a miles de personas en protestas masivas.
Las ideologías –y las medidas macroeconómicas que éstas motivan– parecen abstracciones. Se muestran muy tangibles, sin embargo, en el caso de los pacientes que están quedando desatendidos. La famosa motosierra del ultraconservador presidente Javier Milei se ensaña en personas de carne y hueso. Demos un ejemplo: el Hospital Pediátrico Garrahan, que atiende unas 600.000 consultas al año, ha visto cómo los salarios de sus profesionales se desploman y los suministros se interrumpen.
Se puede ir de otro caso particular –desde noviembre, el hospital de la doctora Elichiry no dispone de morfina ni de metadona, lo que agrava el sufrimiento de pacientes terminales–, a un caso más general: desde 2023, el Instituto Nacional del Cáncer ha perdido el 61
Siempre me ha parecido increíble la capacidad de adaptación de la Iglesia Católica. Suele decirse que es una institución que evoluciona lentamente, y quizá lo sea en ciertos dogmas o creencias, pero en lo tocante a mantener y extender su influencia, sus reflejos son rapidísimos. Una muestra fue la audiencia que el Papa León XIV mantuvo en Roma el 29 de julio con más de mil influencers llegados de 146 países. Son los nuevos “misioneros digitales”.
Entre ellos estaba el joven italiano Nicola Camporiondo, una celebridad católica en TikTok, con más de 160.000 seguidores. “Una cosa es oír hablar de fe a un sacerdote, y otra a un chaval laico de 19 años. Los jóvenes perciben a la Iglesia y el Evangelio como algo distante, con un lenguaje que no es el suyo. Jesús hablaba de manera sencilla; a veces, basta con las cosas pequeñas para que se entienda la universalidad del mensaje evangélico", declaró este tiktoker a la cadena RSI News.
Las publicaciones de Camporiondo, o de la monja francesa Albertine Debacker –una instagrammer treintañera con 328.000 seguidores– no se diferencian nada en tono o ritmo con las de influencers no católicos: un lenguaje directo y ameno, una edición trepidante, mús
El poder debe de ser un narcótico muy adictivo, porque hay personas dispuestas a casi cualquier cosa con tal de conservarlo. Es el caso de Jair Bolsonaro, expresidente de Brasil, quien está procesado por orquestar presuntamente un golpe de Estado contra Luiz Inácio Lula da Silva. Ese plan llegó a contemplar, en diciembre de 2022, la posibilidad de matar al recién reelegido Lula, según ha confesado el general retirado Mário Fernandes, exasesor del gobierno de Bolsonaro y cerebro del magnicidio.
Los ingredientes de esta trama son dignos del mejor de los thrillers de Hollywood. Una operación con nombre en clave –‘Puñal verde y amarillo’, en referencia a los colores de la bandera brasileña–; pseudónimos para las víctimas –‘Jeca’ para Lula; ‘Joca’, para su vicepresidente, Geraldo Alckmin– y pagos en efectivo a sicarios ocultando el dinero en bolsas con botellas de vino.
Los métodos barajados para matar a Lula fueron variados. Desde el uso de veneno aprovechando alguna de sus visitas al hospital hasta emplear armamento militar pesado, como lanzagranadas. Los detalles de la conspiración se conocieron en noviembre de 2024, cuando, junto a Fernandes, fueron detenidos un policía y tres militar
Mesas de ping-pong, videojuegos, billares, zona de chill-out… Cuando en los años 2000 se difundían fotos de las oficinas de grandes corporaciones tecnológicas era imposible no sentir envidia. Sus empleados trabajaban, aparentemente, en un lugar ideal, donde podían descansar y divertirse. Además, era frecuente escucharlos decir que no tenían horario: solo debían conseguir ciertos objetivos. Con el tiempo, hemos aprendido a reconocer los peligros de ese ‘paraíso laboral’. Y creo que en esta clave hay que analizar una noticia que nos llega desde Francia.
El ministro de Sanidad, Yannick Neuder, quiere promover la práctica de la siesta en el trabajo. De momento no hay ninguna obligación legal, pero el ministro ha pedido a las empresas que habiliten lugares tranquilos para poder echar cabezaditas breves, de 15 a 20 minutos. A priori, de nuevo, parece maravilloso que en nuestro lugar de trabajo podamos echar la siesta, pero hay que ampliar el foco.
Obviamente, es bueno para la salud descansar brevemente a mediodía. El propio ministro Neuder citó algunos estudios que muestran cómo las microsiestas mejoran la concentración, reducen el estrés y disminuyen el riesgo de accidentes laborales. H