Vivimos inmersos, como todos sabemos, en unos tiempos de extrema polarización política. Infinidad de líderes y dirigentes, en todas partes del mundo, intentan sacar rédito del estado de ansiedad y preocupación que embarga hoy en día a millones de ciudadanos. Y lo hacen elevando aún más la tensión política, buscando enemigos donde no los hay, agrediendo verbalmente a sus adversarios, instigando a las masas confundidas y encolerizadas a seguir sus pasos. Creo que todos sabemos de quiénes estamos hablando. La lista de ejemplos es larga y sería inútil extendernos en ella. Pero si hay alguien que destaca sobre los demás, ése es sin duda el presidente argentino. Javier Milei irrumpió en el panorama mediático argentino a mediados de la década de 2010. En esa época, Milei era una figura recurrente en programas televisivos de debate. Su estilo confrontacional y su discurso disruptivo, caracterizado por una fuerte crítica a la “casta política”, lo convirtieron en un personaje muy popular. Esta exposición fue clave para que, en pocos años, Milei pasara de ser un simple panelista a una figura política de gran alcance, lo que, finalmente, lo llevó a la presidencia, en otoño de 2023.
No se puede
Las grandes ciudades, en todo el planeta, son unos de los más claros reflejos de los constantes cambios que afectan a las sociedades modernas. Lógicamente, al tiempo que estos cambios se van acelerando (y no hay ninguna duda de que los tiempos actuales son cada vez más vertiginosos), también van mutando con celeridad creciente los entornos urbanos que albergan a las muchedumbres. Las causas de estas progresivas mutaciones son muy variadas: desde las grandes migraciones humanas hasta los efectos del calentamiento global, pasando por el turismo de masas y los procesos de gentrificación. Es por ello que los alcaldes y gobernadores de un sinfín de ciudades alrededor del mundo suelen preguntarse con cada vez mayor frecuencia: ¿cuál es el tipo de ciudad que deseamos para las nuevas generaciones?
Ésta es la interrogante que se han formulado los participantes de "Iberoamérica 500+: Ciudades con un legado para el futuro", un congreso que se llevó a cabo, a finales del mes pasado, en la ciudad colombiana de Santa Marta. El evento reunió a alcaldes, escritores y una gran gama de diversos expertos que abordaron, desde las más variadas perspectivas, los enormes desafíos que deben encarar las ciu
Hace algunos años cumplí uno de mis grandes sueños: visitar el Parque Kruger, el parque nacional más extenso de Sudáfrica, y una de las reservas de animales salvajes más grandes del planeta. Allí, junto a varios amigos, pude hacer un safari que me permitió ver los llamados "cinco grandes": león, leopardo, rinoceronte, elefante y búfalo. Y, de todos ellos, el que más emoción nos causó fue el rinoceronte, al cual sólo pudimos observar a la distancia a través de los binoculares. Aun así, vislumbrar a lo lejos su característico y legendario cuerno fue una experiencia inolvidable.
Una de las razones por las que ver un rinoceronte provoca tanta alegría es muy sencilla: es un animal muy difícil de encontrar en libertad. De los 500.000 ejemplares que había a principios del siglo XX vagando por las sabanas africanas, hoy en día apenas sobreviven unos 27.000. Creo que todos conocemos la causa de este terrible exterminio: el preciado cuerno del rinoceronte puede alcanzar precios estratosféricos en el mercado negro, principalmente en el asiático. Además de servir como ornamento que supuestamente simboliza un alto estatus social, también es utilizado en la medicina tradicional asiática e inclus
Chicharito Hernández, ídolo del fútbol mexicano, incendia las redes sociales con sus comentarios machistas
El filósofo francés Guy Debord, quien tenía bastante buen ojo y una gran capacidad de análisis, ya lo previó en fecha tan lejana como 1967: la nuestra se estaba convirtiendo en una "sociedad del espectáculo". Mucha agua ha corrido desde entonces. Pero lo que no ha cambiado, e incluso se ha intensificado en sumo grado, es nuestra tendencia a exponernos públicamente y a representar un papel que intente atraer la atención de los demás. Las redes sociales han colaborado enormemente en este cometido. Quizá la prueba más fehaciente de este fenómeno es que la mayoría de los niños y niñas ya no desean ser médicos, profesores, enfermeras o astronautas. No, ahora desean ser futbolistas, youtubers o influencers. O sencillamente "famosos".
Todo esto ha llevado a que los famosos tengan un poder y una influencia nunca antes vistos. Cualquier comentario que publiquen en las redes resuena con enorme fuerza y provoca una larga estela de respuestas y reacciones. Es por ello que las celebridades deberían pensarse muy bien las cosas antes de decirlas.
Y esto es precisamente lo que no hizo Javier Hernández Balcázar, mejor conocido en México como Chicharito Hernández. Este veterano futbolista de 37 años,
Las calles de Londres se convirtieron, el pasado 29 de julio, en escenario de una gran fiesta multitudinaria. Ese día, decenas de miles de personas eufóricas se unieron, a lo largo de varias horas, para celebrar la gloriosa victoria de la selección inglesa femenina de fútbol en la Eurocopa.
Dos días antes, las leonas inglesas (así apodadas en honor al escudo de armas de Inglaterra) derrotaron en la final del campeonato, el más importante a nivel de selecciones europeas, al conjunto español. Fue un partido agónico y sumamente vibrante, lleno de momentos memorables. Los 34.000 espectadores que abarrotaron el estadio de Basilea se mantuvieron en vilo a lo largo de dos horas y media de partido. La igualdad entre ambos equipos sólo pudo romperse durante la decisiva tanda de penaltis. La guardameta inglesa, Hannah Hampton, se convirtió en la gran estrella del partido, al detener dos tiros durante esa apasionante tanda. Al conseguir finalmente la ansiada victoria, la euforia se desató entre los seguidores ingleses, mientras que la decepción era perfectamente visible en los rostros de las jugadoras españolas. De poco le sirvió a la selección española haber sido la gran favorita (había sido