Estos días he estado pensando en cómo sería hoy Brasil de haber triunfado en 2023 el golpe de Estado que tramó el expresidente Bolsonaro tras perder las elecciones ante el progresista Lula da Silva. También me he dado cuenta de la cantidad de amenazas que actualmente acechan a los países democráticos y de lo frágil que es la democracia, si no se protege. Esto lo sabe bien Alexandre de Moraes, el juez relator del proceso que ha condenado a Bolsonaro a 27 años y tres meses de prisión.
Nacido en Sao Paulo en 1968, De Moraes ha protagonizado uno de los capítulos más intensos de la historia de Brasil. Su nombre ya había ocupado titulares en 2024, cuando ordenó la suspensión de la red social X porque la empresa se negaba a nombrar un representante legal en el país. La reacción de Elon Musk fue llamar “régimen represor” al gobierno de Lula y burlarse del físico del juez, comparándolo con el villano Voldemort de la saga Harry Potter.
En julio pasado, ya en pleno proceso contra Bolsonaro, Estados Unidos decidió expresar su apoyo al expresidente brasileño castigando a De Moraes. El secretario de Estado, Marco Rubio, definió el juicio como “caza de brujas” y ordenó revocar cualquier tipo de vis
Quien ya peine alguna cana, como yo, habrá tenido tiempo de constatar una curiosa correlación en la política estadounidense. Cuando la moralidad del presidente está en apuros, el país lanza bombas en algún sitio del mundo. Ocurrió en 1998 con Bill Clinton. En las fechas en que la Cámara de Representantes publicó un informe en el que los republicanos acusaban a Clinton de cometer “delitos graves y faltas” relacionados con el escándalo sexual de su becaria, Monica Lewinsky, el Pentágono decidió bombardear Irak en la llamada Operación Zorro del Desierto.
Ahora, cuando el escándalo Epstein cerca al presidente Trump, Estados Unidos eleva la tensión hacia Venezuela hasta niveles inéditos. El primer paso de esta escalada fue el hundimiento, el pasado 2 de septiembre, de una embarcación venezolana por parte de fuerzas estadounidenses en el Caribe, que dejó 11 muertos. Trump aseguró que se trataba de “narcoterroristas” a las órdenes de Maduro, pero será difícil saberlo, dado que los implicados no fueron sometidos a ningún interrogatorio judicial. Simplemente, según pudo ver el mundo entero en unas imágenes grabadas con cámaras nocturnas, los tripulantes fueron volatilizados por los misiles
Javier Milei tiende a retorcer la realidad para que concuerde con sus ideas. Por eso fue tan relevante que acatase sin paliativos la “clara derrota” que cosechó su coalición, la Libertad Avanza, en las elecciones provinciales de Buenos Aires del 7 de septiembre. La alianza peronista Fuerza Patria, liderada por Axel Kicillof, se impuso por más de 13 puntos. “Las urnas le dijeron a Milei que no se les puede pegar a los jubilados ni frenar las obras públicas y que no se puede desfinanciar la educación, ni la salud, ni la ciencia, ni la cultura”, señaló Kicillof, convertido ya en la gran esperanza progresista.
Milei reconoció su fracaso en el primer test electoral a las políticas ultraliberales que aplica desde que accedió en 2023 a la presidencia de Argentina. Sin embargo, aseguró que no iba a rectificar: "Más allá de este resultado, el rumbo no se va a modificar, sino a redoblar".
La resurrección del peronismo quedó patente en la multitudinaria celebración bajo el balcón de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, en arresto domiciliario. “¿Viste Milei? El pueblo decidió ponerle límite a un presidente que no gobierna para todos”, clamó Cristina ante una muchedumbre eufórica.
Sin
Hubo un tiempo en que se hablaba de “italianización” para describir a los países en los que, como solía ocurrir en Italia, los primeros ministros duraban en el cargo apenas un suspiro. Aquellos tiempos quedaron atrás, y hoy es Francia quien ejemplifica la inestabilidad crónica. El hecho de haber coleccionado cuatro primeros ministros en doce meses marca, seguramente, algún tipo de récord. El último en sentarse en esa silla caliente se llama Sébastien Lecornu, y tiene 39 años.
El nombramiento de Lecornu, que hasta ahora era ministro de Defensa y pertenece al centrista Renaissance –el partido del presidente Emmanuel Macron–, es el parche para remendar la estrepitosa caída de François Bayrou, quien tras solo nueve meses al frente no logró sobrevivir, la semana pasada, a una moción de confianza provocada por su impopular plan de austeridad.
Con una Asamblea Nacional dividida en tres bloques irreconciliables, Lecornu tiene por delante un reto titánico en un momento de intenso malestar social y huelgas, y con la deuda pública disparada. Una deuda que, como recordó durante el debate de la moción de confianza con patetismo el saliente Bayrou “crece 5.000 euros por segundo”, superando ya el
Viendo las noticias de esta semana, está claro que son muchos los políticos que sucumben a las flaquezas humanas. Quizá por eso hace unos días el primer ministro de Albania, el socialista Edi Rama, anunció el nombramiento como ministra de Contratación Pública a Diella, una mujer de mediana edad generada por inteligencia artificial. Un punto a favor de la ‘ciberministra’ es que no tendrá la tentación de robar dinero para gastarlo en mansiones, autos de lujo y viajes exóticos.
No sé si la noticia me divierte o me preocupa, quizá las dos cosas. Lo que está claro es que el mandato que ha recibido Diella –supervisar los contratos públicos– es clave para las aspiraciones de Albania de entrar en la Unión Europea. Ese selecto club exige estándares que el país –que ocupa el puesto 80 de 180 en el Índice de Percepción de la Corrupción– está lejos de cumplir. En 1991, Albania empezó a dejar atrás el hermetismo y la pobreza del régimen comunista de Enver Hoxha, y hoy vive un boom turístico y de desarrollo urbanístico. Es sabido que nada es más tentador para los funcionarios y políticos corruptos que un pujante sector de obras públicas.
Cuentan los diarios –y lo cuentan muchos, porque la noticia