Voy a hacerles la vida muy complicada a los no vacunados, decía hace unos días el presidente francés, Emmanuel Macron. Una frase sorprendente, teniendo en cuenta que, al parecer, en Francia hay aproximadamente cuatro millones de adultos sin vacunar. ¿Tan confiado se siente Macron de cara a las elecciones presidenciales francesas del próximo mes de abril, que no le importa renunciar a millones de votos incluso antes de empezar la campaña electoral?
Es posible, como han explicado diversos analistas políticos estos días, que Macron esté asumiendo un riesgo calculado. Según datos oficiales, en Francia, un 92 % de las personas mayores de 12 años ha recibido al menos dos dosis de la vacuna. Y, con su frase algo salida de tono contra los no vacunados, el presidente sin duda ha pretendido ganarse las simpatías de ese 92 % de ciudadanos adultos franceses que sí están vacunados. Vista así, la jugada de Macron ya no parece tan carente de sentido.
A estas alturas de la pandemia, es fácil dejarse llevar por las emociones. Todos estamos cansados de pelear contra el virus, y, sin embargo, no podemos dirigir nuestra rabia contra él; hay que buscar otras vías de escape. Desgraciadamente, algunos desc
Si tuvieran que elegir entre vivir cerca de una central nuclear o de un aerogenerador, ¿qué escogerían? Imagino que la inmensa mayoría nos decantaríamos por lo segundo. Yo no sé ustedes, pero, aunque ya han pasado más de 10 años, yo todavía tengo fresco en la memoria el accidente nuclear de Fukushima, en Japón. De hecho, incluso tengo fresco el desastre nuclear más famoso de todos, el de Chernobyl, gracias a la magnífica serie que HBO emitió hace un par de años sobre el incidente.
Personalmente, pienso que usar reactores nucleares para generar energía es jugar con fuego. Pero, en un mundo que lucha a contrarreloj por descarbonizarse, las centrales nucleares tienen una gran ventaja: producen energía virtualmente libre de emisiones. La gran pregunta es, ¿podemos prescindir de la energía nuclear y a la vez descarbonizar la economía a tiempo, evitando un aumento catastrófico de la temperatura?
La respuesta, me temo, es un rotundo… “depende”. Depende, entre otras cosas, de la cantidad de recursos de que disponga cada país. Alemania, un país rico, cree que puede cerrar sus centrales nucleares y, a la vez, descarbonizar su economía en los plazos requeridos. Quizá esté en lo cierto. En Franc
Con la pandemia de coronavirus, hemos dejado de prestar atención a muchas otras cosas. En España, uno de los temas de los que debemos volver a hablar es el tabaquismo. Entre otras cosas porque, aunque controlar la pandemia es obviamente de una enorme importancia, el consumo de tabaco probablemente siga siendo el mayor problema de salud pública del país.
En 2020, el Covid-19 causó algo más de 60.000 muertes en España. Ese año, se estima que en nuestro país murieron unas 50.000 personas a consecuencia de problemas de salud derivados del consumo de tabaco. En 2021, sin embargo, las muertes por Covid bajaron a algo menos de 39.000, mientras que las provocadas por el tabaquismo se mantuvieron aproximadamente al mismo nivel que el año anterior. Y, con toda probabilidad, a finales de 2022 desgraciadamente vuelva a reportarse una cifra similar.
Según informaba el Periódico de España el pasado 4 de enero, en nuestro país el consumo de tabaco está ahora a un nivel muy parecido al de hace una década. Algo más de un 32 % de los españoles asegura fumar a diario, y, durante el último año, se estima que 340.000 personas comenzaron a fumar, con una edad media ligeramente superior a los 18 años.
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Incluso en las mejores circunstancias, la ley suele ir por detrás de la realidad. Pero los códigos legales de muchos países tienen oscuros rincones con polvorientas regulaciones que llevan mucho tiempo esperando a ser actualizadas. En España, una de estas leyes desfasadas es la que, hasta hace muy poco, regulaba los animales de compañía. Una parte del Código Civil español que, aunque modificada en diversos aspectos a lo largo del tiempo, databa nada menos que del año 1889.
De acuerdo a esta obsoleta legislación, en España, ante la ley, los animales de compañía eran catalogados como… cosas. Afortunadamente, con la reforma que entró en vigor el pasado miércoles, 5 de enero, nuestras mascotas pasan ahora a ser consideradas animales sintientes, o “seres vivos dotados de sensibilidad”.
Seres dotados de sensibilidad… ¡obviamente!, quizá estén pensando muchos de ustedes. Completamente de acuerdo, pero, sin el trabajo del Observatorio Justicia y Defensa Animal, una ONG que lucha por los derechos de los animales en España, nuestros peludos compañeros seguirían siendo “cosas” ante la ley. Tras cinco años de esfuerzo con la campaña #AnimalesNoSonCosas, y más de 446.000 firmas recogidas, la ONG
Quería hablar de lo que la compañía podría llegar a hacer dentro de un año, cinco años, diez años. Quería hablar de lo que era posible conseguir. Es una de las muchas cosas que dijo hace unos días Elizabeth Holmes, la fundadora de la ya desaparecida empresa Theranos, cuando subió al estrado de un juzgado de California para defenderse de graves acusaciones de fraude.
Holmes también dijo que su expareja, Ramesh Balwani, el que fuera director de operaciones de Theranos, había abusado de ella. Y que había sido engañada por los expertos en biotecnología de la compañía. Lloró durante su testimonio. Nada impidió, sin embargo, que, el pasado 3 de enero, un jurado de 12 personas la declarara culpable de cuatro acusaciones de fraude, cada una de las cuales conlleva una pena máxima de 20 años de prisión. El veredicto tardará unas semanas en emitirse.
Holmes, que fundó Theranos en 2003 con solo 19 años de edad, aseguraba haber desarrollado tecnología capaz de realizar decenas de pruebas de laboratorio a partir de unas pocas gotas de sangre. Inversores del calibre de Rupert Murdoch, o Larry Ellison, aportaron cientos de millones de dólares a la empresa. Y el consejo de administración de la compañ