El hartazgo de la población china en relación a la política gubernamental del “Covid cero” parece haber alcanzado el punto de ebullición. Durante el pasado fin de semana, ha habido protestas en Pekín, Shanghai y otras ciudades del país, donde miles de manifestantes han expresado su oposición a las draconianas restricciones impuestas por el régimen comunista para frenar la pandemia de Covid. Y, más sorprendente todavía: se han escuchado voces pidiendo libertades, democracia, el estado de derecho… incluso la dimisión del presidente Xi Jinping.
Aun sin tratarse —por lo que se sabe— de manifestaciones masivas, yo ya no recuerdo la última vez que escuché llegar desde China noticias de protestas así. Lo cual parece demostrar el “éxito” que está teniendo la represión impuesta por el régimen chino bajo Xi Jinping. Y, sin embargo, por muy poderoso que sea Xi, o el aparato del régimen, si el pueblo chino se levantara… en fin, son 1.400 millones de personas.
Nada parece indicar, por ahora, que China esté ni remotamente cerca de un levantamiento general. Y, sin embargo, la muerte de al menos 10 personas en un incendio en Urumqi, la capital de la región de Xinjiang, el pasado jueves, 24 de noviem
A veces, uno tiene la sensación de que vivimos en el futuro. Como el pasado 16 de noviembre, cuando diversos medios informaron de que el Ministerio del Interior de España se dispone a lanzar un sistema de reconocimiento facial para identificar sospechosos.
Noticias como esta suelen despertarme sentimientos encontrados. Por un lado, me atrae la idea de que alguien que ha cometido un crimen no pueda campar a sus anchas entre nosotros como si nada hubiera pasado. ¿Puede haber efecto disuasorio más potente que saber que, si uno viola la ley, no podrá salir a la calle sin ser descubierto?
Por otro lado, como a mucha otra gente, me preocupa que, a la larga, nos convirtamos en una sociedad controlada por un “Gran Hermano” orwelliano. El Ministerio del Interior está intentando tranquilizar al público, al asegurar que el nuevo sistema se limitará a identificar sospechosos de operaciones policiales en curso.
El programa cotejará fotografías de las bases de datos de personas fichadas por los cuerpos policiales con imágenes que hayan podido obtener, por ejemplo, cámaras de seguridad. Pero, supuestamente, no se utilizará información de otras fuentes, como las fotografías del Documento Nacional de
El metaverso está muy verde. O, mejor dicho, todavía no existe. Al menos el que pretende vendernos Mark Zuckerberg, el fundador de Meta —antes Facebook—. Hacia el final de la pandemia de Covid, para distraerme, me compré unas gafas de realidad virtual, desarrolladas por una compañía que ahora pertenece a Meta. La tecnología me pareció bastante convincente. Lo decepcionante fueron —y siguen siendo— los contenidos.
Si de lo que se trata es de deambular por escenarios postapocalípticos de realidad virtual matando zombies, extraterrestres, o incluso personas, abundan las opciones. ¿Entornos de interés para personas adultas que, como yo, no somos particularmente aficionadas a los juegos de ordenador, y menos si son violentos? Eso, de momento, escasea. Uno se pregunta adónde va a parar la millonada que supuestamente se está gastando Meta en desarrollar el metaverso.
No soy ninguna experta en realidad virtual. Pero, como usuaria de la tecnología de realidad virtual de Meta, creo que el metaverso todavía está lejos. Y ello me hace preguntarme quién está asesorando a ayuntamientos de ciudades como Cuenca y Benidorm que, como informaba El Confidencial el pasado 20 de noviembre, al parecer se e
"Voy cuesta abajo y sin frenos". Estas palabras utilizó Luis Enrique, el entrenador de la selección española de fútbol, como parte de su anuncio, el pasado 15 de noviembre, de que iniciaba su andadura como streamer. Con ello, el seleccionador nacional pareció transmitir una cierta sensación de improvisación, o de descontrol. Y, sin embargo, la media docena de sesiones en directo que ha retransmitido hasta ahora desde Catar, donde se celebra el mundial de fútbol, se han desarrollado de manera impecable. Como si Luis Enrique llevara toda la vida haciéndolo.
Durante el anuncio, Luis Enrique dijo también que quería hacer retransmisiones en directo para conectar con los fans “sin filtros” y de una manera “más espontánea y natural”. Quizá la iniciativa busque también evitar que el entrenador y la selección se vean involucrados en las múltiples controversias que rodean este mundial. Polémicas relacionadas con los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTQ. Y con las condiciones de los trabajadores inmigrantes y los supuestos sobornos a la FIFA.
Luis Enrique quiere hablar, principalmente, de fútbol, y eso queda claro durante sus retransmisiones en directo. Es más, por lo que he visto ha
En el mundo del fútbol, Argentina es una leyenda. La selección nacional quizá tuvo su época dorada con Diego Maradona, cuando el equipo ganó el mundial de México ’86. Pero ahora también tiene jugadores de gran calidad, incluyendo a Leo Messi, considerado por muchos como el mejor futbolista del mundo… ¿por qué no ha ganado Argentina ningún mundial con Messi? ¿Cuándo levantará la albiceleste de nuevo la copa del mundo?
Algunos creen que el problema no está en los jugadores. O, al menos, no en los de ahora… sino en los del mundial del ’86. Para preparar el campeonato de México, que se iba a jugar en altura, el entonces entrenador de Argentina, Carlos Bilardo, decidió ir a preparar el mundial al pueblecito de Tilcara, provincia de Jujuy, situado a casi 2.500 metros de altura.
Los exjugadores de la selección argentina tienen buenos recuerdos de aquella estancia. Al parecer, la gente de Tilcara los trató con mucha amabilidad. El equipo de fútbol del pueblo tuvo la oportunidad de jugar partidos de entrenamiento contra la selección. Y parece que los locales incluso ganaron algún encuentro al principio, cuando los profesionales, todavía no aclimatados a la altura, se quedaban sin aliento tras