La visión de Alemania como un ‘león dormido’ que despertará en cualquier momento para poner a Europa, y al mundo, en peligro, como ya sucedió en el siglo XX, parecía una pesadilla felizmente olvidada. Esa pesadilla, sin embargo, era el sueño que pretendía hacer realidad la organización ultraderechista desarticulada la semana pasada en la mayor redada policial de la historia del país.
Las imágenes parecían sacadas de una película: más de 3.000 agentes –algunos del GSG 9, el cuerpo de operaciones especiales–, se desplegaron en 11 de las 16 regiones alemanas. En total, fueron detenidos 25 sospechosos de pertenecer a la trama. Constituían, según informaron las autoridades, una “organización terrorista cuyo objetivo era derrocar el orden estatal existente”.
Capitaneado por un aristócrata venido a menos, el príncipe Heinrich XIII, el grupo, que se fundó en noviembre de 2021, contaba además con una exdiputada y jueza, un oficial del cuerpo de operaciones especiales y un militar retirado. Estaban reclutando miembros entre agentes de policía y militares en activo. Poseían armas y programas de entrenamiento castrense. Los servicios de inteligencia alemanes llevaban meses siguiéndoles la pista
A veces, se nos olvida que la palabra ‘parlamento’ viene del verbo ‘parlar’. O sea: hablar. Hubo tiempos en los que, desde la tribuna del Congreso de los Diputados, los oradores de uno y otro signo político protagonizaban debates llenos de sutileza, elegancia… e incluso humor. En los últimos años, sin embargo, el tono ha ido degenerando hasta el insulto y los gritos. Hasta tal punto que la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, está teniendo dificultades para controlar las sesiones.
El pasado 29 de noviembre, le fue retirada la palabra a una diputada de la formación ultraderechista Vox por llamar “filoetarras” (es decir, simpatizantes de la banda terrorista ETA, inactiva desde hace 12 años) a ciertos partidos que apoyan al Gobierno progresista de coalición. Unos días antes, otra diputada, también de Vox, decía que el único mérito de la ministra de Igualdad era “haber estudiado en profundidad” a su marido, el exvicepresidente Pablo Iglesias. En septiembre, un diputado de esa misma formación llamó “bruja” a una parlamentaria socialista.
Esta situación no es fruto de la casualidad, sino que obedece a una estrategia política. La democracia se asienta en dos pilares: elecciones libres
En España se suele decir que los expresidentes del Gobierno son como jarrones chinos: muy valiosos y, también, muy molestos, porque estorban en cualquier sitio. Desde que dejara el poder en 2018 tras una moción de censura, el expresidente Mariano Rajoy (del conservador Partido Popular) ha pasado bastante desapercibido. Los españoles casi habían olvidado su peculiar manera de expresarse: frases muy simplonas, pero pronunciadas como si fueran sentencias de gran calado filosófico.
Todavía perviven en la memoria colectiva fragmentos de discursos de Rajoy de los tiempos en los que era presidente. Como aquel “me gustan los catalanes porque hacen cosas” o el de "España es una gran nación y los españoles muy españoles y mucho españoles". En otras ocasiones, sus mensajes eran literalmente incomprensibles. Su gran perla surrealista la pronunció con mucho aplomo en 2015, en un acto público tras el éxito del PP en las elecciones municipales: “Es el vecino el que elige al alcalde. Y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”.
Los lapsus no son raros en política, sobre todo porque los mandatarios se exponen constantemente en público y sus agendas son muy apretadas. Esa era la dis
Todavía guardo en algún cajón una libreta llena de autógrafos de mis músicos favoritos: miembros de bandas como Radiohead o Iron Maiden. También atesoro ejemplares firmados de libros de Mario Benedetti, Umberto Eco y Gloria Fuertes. Para acercarse a esas celebridades a las puertas de una sala de conciertos o de una librería y pedirles que firmaran, había que vencer la timidez. Hoy los autógrafos son cosa del pasado, o casi.
La omnipresencia de los teléfonos móviles ha sepultado esas pequeñas joyas caligráficas. Lo que los admiradores suelen pedir ahora es hacerse una foto con sus ídolos de la música, el cine o la televisión. Antiguamente, sin embargo, esa firma sobre un papel era un valioso testimonio: los trazos de tinta servían para imaginar el bolígrafo y la mano del personaje firmando. Lo situaban en un espacio y un tiempo, porque la firma siempre iba acompañada de una fecha. El momento quedaba grabado en la memoria, sin necesidad de fotos.
Algo de esa emoción antigua debieron sentir las 900 personas que decidieron comprar el nuevo libro de Bob Dylan firmado por el propio autor. Una edición especial de Philosophy of Modern Song a un precio de casi 600 dólares. El problema, como f
Parece obvio que, si te presentas a un concurso de cocina, aunque sea éste televisado y con audiencias millonarias, el jurado valorará precisamente eso, tus dotes para cocinar platos ricos, elegantes y novedosos. Pero en MasterChef Celebrity España, lo que menos se juzga es la comida.
Lejos de formar nuevos cocineros, el programa parece querer mostrar a hombres y mujeres del Renacimiento, seres humanos de medidas perfectas y amplios conocimientos sobre cualquier materia. Hombres y mujeres que puedan convertirse en ejemplo vital para quien los vea desde el sofá de su casa. Si esas virtudes esperadas no aparecen, bastará hacerlo notar en antena para avergonzarlos ante el público. Luego serán expulsados y su presunta escasa valía se hará aún más notoria.
Además de saber esferificar cualquier líquido o crema, lavar bien las verduras y cortar porciones a velocidad de vértigo, los concursantes deberán ser resilientes, fuertes emocionalmente, empáticos, buenos compañeros, divertidos, concienzudos, organizados, limpios… Si alguna vez fallan, deberán asumir su error con la cabeza baja, aprender y no salirse de su guion perfecto. En algún caso, y solo si sirve para engrandecer el espectáculo,