El cineasta Michael Moore ha vuelto a hacerlo. En 2016 predijo que Donald Trump ganaría las elecciones presidenciales estadounidenses. Y ahora ha acertado de nuevo, pronosticando el buen resultado de los demócratas en las elecciones de mitad de término celebradas el pasado 8 de noviembre.
Bueno, en realidad, Moore acertó a medias. El “tsunami azul” del que había hablado antes de las elecciones, con los demócratas arrasando en las urnas, no se dio. Y su predicción de que el partido de Biden mantendría el control de las dos cámaras del Congreso probablemente tampoco llegue a materializarse.
Con 50 escaños ya asegurados, los demócratas sí que seguirán controlando el Senado. Pero la Cámara de Representantes probablemente pase a manos republicanas, eso sí, con una mayoría modesta. Los hasta 60 escaños adicionales en la Cámara Baja que algunas estimaciones daban a los republicanos quedaron muy lejos de la realidad.
Moore, en todo caso, sí que estaba en lo cierto en esto: la marea roja que muchos esperaban no se produjo. Durante la campaña, el presidente Biden y otras figuras del partido demócrata aseguraron que en estas elecciones estaba en juego ni más ni menos que la democracia misma. Des
Los economistas españoles andan estos días un poco pensativos. Algo no les cuadra. La inflación está disparada. Algunos incluso prevén que se avecina una recesión. Y, sin embargo, a juzgar por lo llenos que están bares, cafeterías y restaurantes, uno casi estaría tentado a pensar que nuestro país está experimentando un boom económico. ¿Cómo es posible?
Algunos expertos, como contaba Vozpópuli el pasado 6 de noviembre, explican esta aparente contradicción en términos de ahorro. Durante 2020 y 2021, a causa de las restricciones derivadas de la pandemia de Covid, los hogares españoles ahorraron —de manera forzosa— cantidades importantes de dinero. A nivel nacional —y según estimaciones oficiales— una cifra récord: casi 135.000 millones de euros. Los consumidores españoles, teniendo ese “colchón” acumulado durante la pandemia, y a pesar de las malas señales económicas, al parecer todavía no se sienten obligados a cambiar sus hábitos de ocio.
Desde el punto de vista de un estudio económico, imagino que es razonable considerar como “ocio” el ir a un bar, a un restaurante o a una cafetería. Hay, sin embargo, una parte de mí que no acaba de estar de acuerdo con esta clasificación. ¿Es realme
Cuenta la leyenda que el final de las luchas de gladiadores fue precipitado por la muerte de Telémaco. El monje cristiano, tras haber saltado a la arena de un circo romano —incluso, se dice, del Coliseo— para interrumpir un combate, fue lapidado por el público. Tras el incidente, el emperador romano Honorio declaró santo al monje y abolió para siempre las luchas de gladiadores.
La noticia que os quiero comentar no trata, en realidad, de gladiadores, sino de tauromaquia. Y, sin embargo, cada vez que pienso en las corridas de toros, me vienen a la cabeza, sin poder evitarlo, los combates de gladiadores: sobre la arena, un público enfervorizado contempla el violento, sangriento y cruel espectáculo… de la muerte. Igual que en las corridas de toros. Con la diferencia, por supuesto, de que, en las corridas, “los que van a morir” no son personas sino toros.
Al parecer, Roma celebró el último combate de gladiadores en el año 404. ¿Hasta cuándo tendremos que esperar para que desaparezcan para siempre las corridas de toros? ¿Cómo hacer que los amantes de la tauromaquia abandonen su afición por este atroz espectáculo?
Hacer cambiar de opinión a un aficionado adulto al toreo es, creo, misión prác
Los girasoles de Van Gogh, en la National Gallery de Londres, cubierto de sopa de tomate. Un Monet del Museo Barberini, en Potsdam, embadurnado con puré de patatas. Otro conocido Van Gogh del Palacio Bonaparte, en Roma, salpicado de sopa de guisantes. Y, el pasado 5 de noviembre, les llegaba el turno a La maja vestida y La maja desnuda, los famosos cuadros de Francisco de Goya expuestos en el Museo del Prado de Madrid; dos activistas de Futuro Vegetal se pegaron a los marcos de ambas obras mientras escribían el mensaje “1,5ºC” en la pared.
Imagino que, mientras este modus operandi siga siendo efectivo para llamar la atención del público, los activistas seguirán utilizándolo para defender sus causas. Los museos afectados, como es lógico, no se han mostrado muy entusiasmados con la idea. Y, en las empresas que aseguran estas obras de arte, sospecho que más de uno debe estar al borde de un ataque de nervios.
Es posible que los grandes museos ya estén tomando medidas para evitar este tipo de acciones, porque, de hecho, los activistas de Futuro Vegetal no echaron nada sobre Las majas, solo se pegaron a los marcos de las obras. Señal, quizá, de que no fueron capaces de introducir ninguna s
"La crisis climática puede parecer, a veces, un reto intratable". Fueron palabras pronunciadas por Al Gore, ex-vicepresidente de EE. UU., durante una de sus intervenciones en el COP27, la cumbre climática de la ONU celebrada hasta el próximo 18 de noviembre en Egipto. Una afirmación con la que muchos, creo, estamos de acuerdo. Una sensación, incluso, que se tiene, tras años de promesas incumplidas y de cumbres fallidas.
La crisis climática per se probablemente no sea intratable. Si todo el mundo hiciera lo que tiene que hacer, estoy convencida, podríamos limitar el aumento de la temperatura a 1,5ºC. Pero la cuestión no es si, teóricamente, podría hacerse; la cuestión es si la comunidad humana existente, con las profundas imperfecciones que nos caracterizan, seremos capaces de hacerlo.
El proceso “imperfecto” —un eufemismo, quizá— a través del cual la comunidad internacional está afrontando la crisis climática tiene a muchos jóvenes desencantados. Greta Thunberg, la conocida activista medioambiental sueca, decidió no acudir al COP27, asegurando que estos eventos son un fraude y una plataforma para hacer greenwashing.
En parte, Thunberg probablemente esté en lo cierto. El grupo Global W