Quien conozca Twitter por lo que se suele decir de esta red social en otros medios, quizá piense que solo es un lugar donde la gente se insulta. Pero si Twitter no fuese algo más, el magnate Elon Musk no habría desembolsado 44.000 millones de dólares por esta compañía.
Igual que la plaza del pueblo, el foro romano o el ágora griego, Twitter es un gran espacio de debate. Lo que allí se difunde puede hundir gobiernos y empresas; las revoluciones se cuentan en directo, los famosos se equivocan en público y todo el mundo posee su pequeño o gran altavoz.
Twitter es un lugar político, en el sentido clásico de esta palabra: allí se dirime lo que importa a los ciudadanos de un país llamado Tierra. Por eso es inquietante que haya sido adquirido por alguien como Elon Musk.
Musk es un genio de la ingeniería, pero una nulidad para los negocios; un demagogo peligroso, esclavo de la imagen que quiere pro
En mi memoria, el año 1992 fue mágico. España celebró en verano los Juegos Olímpicos de Barcelona; en Sevilla, una Exposición Universal atrajo millones de visitantes de todo el mundo y Madrid fue declarada Capital Cultural Europea. El país vivía un sueño del que despertamos de golpe con la llegada del frío: el día 13 de noviembre, un policía ultraderechista de solo 25 años asesinó a tiros a la trabajadora inmigrante Lucrecia Pérez. Fue el primer crimen juzgado como “delito de odio con motivaciones racistas” en la historia de España.
Lucrecia tenía 32 años y solamente llevaba en España cinco semanas cuando murió. Había llegado desde una de las zonas más pobres de la República Dominicana, donde sobrevivía vendiendo fruta y verdura. Allí había dejado a su hija Kenia, de solo seis años. Al llegar a Madrid, entró a trabajar como empleada doméstica en una vivienda acomodada, pero fue despedida
De todas las cumbres mundiales que se suceden en el calendario, quizá en ninguna nos jugamos tanto los seres humanos como la que se celebra en la ciudad egipcia de Sharm el-Sheij desde el pasado domingo. Más de 40.000 asistentes y cien jefes de Estado y de Gobierno discuten sobre el presente y el futuro del planeta en la 27ª Cumbre del Clima, la llamada COP27. La cita comienza con un reciente informe que alerta de algo mucho más grave de lo que parece: el inminente fin de los glaciares.
Los cambios en la meteorología y en la naturaleza funcionan como esos canarios de las minas que al morir avisan a los mineros de la presencia de gases tóxicos. Los fenómenos climáticos extremos han tumbado las dudas que todavía algunos albergan sobre la existencia de una crisis real y África es un continente especialmente vulnerable ante estas catástrofes. No es casualidad la elección de Egipto como sede d
Cuando en su obra El segundo sexo la filósofa Simone de Beauvoir acuñó en 1949 la frase “No se nace mujer, se llega a serlo”, no podía sospechar que, casi 75 años después, esa sentencia estaría en el corazón de un encarnizado debate del feminismo mundial. Un debate que, en España, no solo ha dividido a las feministas, sino que ha fracturado al principal partido del Gobierno, el PSOE, y la relación de éste con su socio de coalición, Podemos.
En una tramitación parlamentaria tormentosa y todavía inconclusa, la conocida como la Ley Trans recoge un derecho controvertido: la llamada autodeterminación de género. Es decir, que toda persona mayor de 14 años –sin necesidad de tratamiento médico– pueda cambiar el sexo que figura en sus documentos oficiales (Documento Nacional de Identidad, pasaporte, etcétera).
Un sector del feminismo –y del PSOE–, considera que esto abre la puerta a lo que llaman e
Hace un siglo era un pueblecito de pescadores a orillas del Mediterráneo. En los años ochenta del siglo XX, poblado por jeques árabes, actores de Hollywood y personajes de la llamada “jet set”, Marbella se situó definitivamente como uno de los lugares más glamurosos del globo.
Este balcón de Europa desde el que se adivina la silueta de la costa africana, se trufó de opulentas mansiones de inspiración árabe o estilo neoclásico, imitando incluso la Casa Blanca de Washington. En Marbella era, y es normal, ver hileras de Ferraris y Rolls Royce aparcados. Se decía que el Nabila, el yate del traficante de armas saudí Adnan Khashoggi, atracado en el cercano Puerto Banús, lucía su nombre en letras de oro macizo.
Todo este esplendor, equiparable al de Beverly Hills, Mónaco, Bahamas o Capri, encerraba un lado oscuro, destapado en los años 90. La ciudad había crecido a la sombra de mafias internacion