Una guerra en el corazón de Europa impide celebrar con plenitud el comienzo de un nuevo año. Por culpa de la invasión rusa de Ucrania, es casi imposible estrenar el calendario de 2023 de manera optimista. Los buenos deseos que suelen expresarse cada Nochevieja se enfangan en las trincheras del campo de batalla y quedan silenciados entre el estruendo de los combates. El primer día de enero —en esta ocasión— augura un invierno difícil debido a un conflicto cuyo fin parece aún demasiado distante. Un breve vistazo hacia atrás es suficiente para comprobar que 2022 ya ha pasado a la historia como el año en el que los tambores de guerra volvieron a retumbar sobre el suelo europeo.
El mundo entero contuvo la respiración en la madrugada del 24 de febrero, cuando el ejército ruso lanzó su ofensiva contra el territorio ucraniano. Aunque el Kremlin definió su ataque como una operación especial, el conflicto ha derivado en una guerra convencional que ha desatado gravísimas consecuencias a nivel global. Además del desastre humanitario sufrido por los ucranianos, con decenas de miles de fallecidos y millones de personas desplazadas, la invasión ha provocado una durísima crisis energética que está
Cada familia sigue sus propias tradiciones para celebrar la Nochevieja, pero todos los hogares españoles comparten una misma costumbre el 31 de diciembre. Desde hace más de un siglo, el rito más extendido en el país para recibir el nuevo año consiste en comer doce uvas exactamente a medianoche —una por cada campanada del reloj de la Puerta del Sol de Madrid—. Con esa docena de mordiscos apresurados se pretende atraer la prosperidad y la buena suerte a lo largo de los próximos meses. Esta vez, la invocación a la diosa Fortuna fue aún más necesaria, porque 2023 comienza con grandes nubes en el horizonte.
Ni siquiera el Gobierno disimula las dificultades que va a afrontar España en este nuevo año. Los políticos suelen pronunciar discursos optimistas antes de Nochevieja: discursos en los que reafirman que la sociedad será capaz de superar cualquier desafío. El pasado 27 de diciembre, sin embargo, el jefe del Ejecutivo español deslizó un comentario muy diferente. “Descansen, porque 2023 será intenso”, advirtió Pedro Sánchez, con un tono y un gesto muy elocuentes, tras presidir el último Consejo de Ministros de 2022. Después de los festejos desatados por las doce campanadas, empiezan ya l
La historia reciente de España podría estudiarse a través de los discursos de Navidad del rey. Cada 24 de diciembre, a las nueve de la noche, casi todas las televisiones y radios del país emiten esta alocución, en la que el monarca repasa los acontecimientos más destacados de los últimos 12 meses. En el mensaje de Nochebuena, además, siempre se escuchan las palabras más personales y trascendentes del jefe del Estado —es el momento en el que el rey se expone ante la ciudadanía para analizar los principales desafíos políticos, económicos y sociales—. Este año, en su novena aparición navideña tras asumir el trono en 2014, Felipe VI ha pronunciado su discurso más contundente: ha clamado contra las tensiones institucionales que está sufriendo el sistema democrático español.
El Congreso está siendo incapaz de alcanzar un acuerdo para designar a los 20 vocales del Consejo General del Poder Judicial. El mandato de este organismo, que rige la actividad de los jueces, lleva cuatro años caducado debido a esta parálisis. La oposición sigue impidiendo los nuevos nombramientos para mantener así la actual mayoría conservadora en el poder judicial. El Gobierno, de ideología progresista, ha plantead
Durante los últimos meses de 2022, parecía razonable esperar que 2023 sería el año en el que despertaríamos definitivamente de la pesadilla de la pandemia de coronavirus. Por desgracia, una vez más, hemos celebrado la Nochevieja bajo la amenaza de sufrir un nuevo zarpazo de Covid-19. China está registrando el mayor número de contagios desde que comenzó la emergencia sanitaria. El virus se está transmitiendo de manera totalmente descontrolada y muchos países están aprobando restricciones de bioseguridad a los pasajeros procedentes de los aeropuertos chinos. El mundo mira con cierto temor hacia Pekín, desbordada ante esta inmensa oleada de infecciones.
La explosión de casos positivos en China se debe a dos factores principales: la débil inmunización de la ciudadanía y la eliminación repentina de las medidas de seguridad contra los contagios. Según han señalado los expertos en epidemiología, se están dando unas condiciones nunca antes vistas en la pandemia de forma simultánea: una población tan elevada, una inmunidad tan baja y una retirada tan rápida de las restricciones. Pekín dejó de publicar las estadísticas de infecciones diarias el mes pasado, pero las estimaciones de organismos
Hace medio siglo, tras sufrir un repentino ataque de morriña en México, Joan Manuel Serrat comenzó a escribir unos versos inspirados en el mar junto al que vivió su infancia. Aquella composición, ideada a miles de kilómetros de su Barcelona natal, expresaba con enorme dulzura la añoranza del hogar y la belleza de la costa del sur de Europa. Mediterráneo, publicada en 1971, ha sido elegida en numerosas ocasiones —por votación del público o por consenso de la crítica— la mejor canción española de todos los tiempos. Serrat la cantó en directo por última vez el pasado 23 de diciembre, en el recital con el que concluyó su carrera sobre los escenarios.
Más de 15.000 personas abarrotaron el Palau Sant Jordi para asistir al concierto final de Serrat, a solamente dos kilómetros del Poble-Sec, el humilde barrio barcelonés en el que nació el artista hace 79 años. Fue una noche de emociones desbordadas, tanto para el público como para el intérprete, durante dos horas de espectáculo. “Las cosas deben acabar bien y hoy proclamo solemnemente mi adiós por voluntad propia”, dijo Serrat ante el aplauso atronador de la audiencia. En su despedida de los escenarios, cantó veinte de sus canciones más pop