Todavía es pronto para entender lo ocurrido el pasado domingo, 8 de enero, en la Plaza de los Tres Poderes de Brasilia. Una turba de bolsonaristas entró por la fuerza en el Congreso Nacional brasileño. Los bolsonaristas asaltaron también la sede del Gobierno y las dependencias del Tribunal Supremo, rompiendo ventanas, destrozando mobiliario y robando objetos de los edificios públicos.
Los asaltantes accedieron al Congreso pasadas las dos y media de la tarde, superando lo que, a juzgar por las imágenes difundidas por los medios, parece ser una tímida resistencia policial. Transcurrieron varias horas hasta la llegada de un convoy de camiones militares, al parecer después de ordenar el presidente Lula la intervención federal. Tras detener los militares a varios cientos de manifestantes, el ministro de Defensa brasileño informó a las 9 de la noche que todos los edificios públicos habían sido desalojados.
El presidente Lula prometió que todos los implicados en el asalto serían castigados, y no dudó en señalar al expresidente Bolsonaro como responsable último del ataque. Bolsonaro se lavó las manos. Negó toda responsabilidad y rechazó muy tibiamente el asalto, calificándolo como una “excep
El 1 de enero es un día para la pereza. Uno se levanta tarde, tras las celebraciones de Nochevieja, y, lentamente, comienza a asimilar el cambio de año. En Madrid, sin embargo, un grupo de activistas comenzó fuerte el 2023.
En una bolsa de plástico llevaban un extraño artefacto: una réplica en silicona de la cabeza del dictador Francisco Franco, realizada por el artista Eugenio Merino. El destino del objeto no era otro que ser ensartado en la bayoneta de la estatua al legionario, instalada el pasado mes de noviembre en el Paseo de la Castellana de la capital. Los activistas cerraron la acción de protesta con la lectura de un manifiesto.
El monumento objeto de la protesta, una escultura en bronce de un soldado blandiendo una bayoneta, homenajea a la Legión, un cuerpo militar encuadrado dentro del Ejército de Tierra español. Algunos, entre quienes me incluyo, no le tenemos especial simpatía a la Legión. Su fundador, el militar José Millán-Astray, jugó un destacado papel en la sublevación armada que desembocaría en la guerra civil española, y en cuatro décadas de dictadura franquista.
Más allá de que su fundador fuera un fascista y aliado de Franco, la sangrienta historia de la Legión me
Cuando uno opta a un puesto de trabajo y lo rechazan, a veces puede doler el orgullo. Lo ocurrido durante el reciente proceso de selección de azafatas de vuelo organizado por la empresa Meccti en Madrid fue otra cosa. El trato recibido hizo sentirse humilladas no solo a muchas de las candidatas rechazadas, sino incluso a las que acabaron recibiendo una oferta de trabajo.
El pasado 5 de noviembre, unas 60 personas acudieron al hotel Meliá Barajas para una convocatoria de puestos de azafata, para la aerolínea Kuwait Airways. Como contaron a elDiario.es varias participantes en el proceso, las señales de que algo no andaba bien empezaron pronto: “No nos gusta tu sonrisa”, le dijo el personal de Meccti a una candidata; a otra “Tienes el cuerpo de montaña rusa”; a una tercera “Si te pedimos que comas más, ¿comerías más?”.
Lo que ocurrió después fue incluso peor. A las aspirantes que quedaban las hicieron pasar, de una en una, a una sala separada. Al parecer, la primera chica en entrar salió llorando, y contó que la habían hecho quedarse en ropa interior. Las demás candidatas sufrieron el mismo trato vejatorio. Una de las aspirantes denunciaba estos días que el personal de Meccti estuvo “mi
En China, la sopa de aleta de tiburón es considerada un manjar desde hace siglos; uno de los ocho tesoros de la cocina china de antaño, junto con otras “exquisiteces” como las garras de oso, las jorobas de camello y los cerebros de mono. A diferencia de estas últimas, la sopa de aleta de tiburón, para desgracia de este animal, sigue disfrutando de gran popularidad en la época actual.
En tiempos antiguos, solo una minoría de gente acomodada podía permitirse consumir sopa de aleta de tiburón. En la actualidad, millones de chinos —y gente de otros lugares, principalmente de Asia— pueden hacerlo. El resultado de este voraz apetito colectivo es que, cada año, los humanos matamos entre 70 y 100 millones de tiburones, la mayoría de ellos por su aleta. Un número cada vez mayor de especies de tiburón está en peligro de extinción.
Hoy en día se sabe que los tiburones juegan un papel crítico en los ecosistemas marinos, y que su protección es crucial para el futuro de los océanos. Es por ello que, como informaba Associated Press el pasado 17 de diciembre, el Congreso de Estados Unidos acaba de prohibir el comercio de aletas de tiburón.
Como suele ocurrir cuando se regula virtualmente cualquier ac
Que los crímenes e ilegalidades puedan prescribir siempre me ha parecido ridículo. Quizá se haga por no sobrecargar de trabajo los juzgados. Y, sin embargo, me parece una manera de animar a potenciales delincuentes a cometer actos ilícitos. Lo contrario a un efecto disuasorio.
Lo anterior me parece especialmente cierto en casos de abusos sexuales, por lo cual aplaudo las leyes aprobadas en los últimos años por el gobernador de California, Gavin Newsom, para dar más tiempo a las víctimas de abusos para denunciarlos. Una de las demandas desencadenadas por esta legislación, que está teniendo un gran impacto mediático estos días, es la presentada por los protagonistas de la versión cinematográfica de Romeo y Julieta de 1968.
Los actores Olivia Hussey, que tenía 15 años cuando se rodó la película, y Leonard Whiting, que tenía 16, han presentado una demanda ante el Tribunal Superior del Condado de Los Ángeles alegando abuso sexual, acoso sexual y fraude. Piden 500 millones de dólares de indemnización.
Al parecer, en su momento, el director del filme, el ya desaparecido Franco Zeffirelli, aseguró a los dos actores que, para determinada escena de cama, llevarían ropa interior color carne. Lle