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Ahora sí, vamos a empezar, si os parece, por la carrera presidencial de Estados Unidos…
Si las elecciones presidenciales de noviembre en Estados Unidos fueran una partida de ajedrez, podríamos decir que las piezas están ya colocadas sobre el tablero para que se inicie la partida. A falta de las nominaciones definitivas, que tendrán lugar en las convenciones de verano, demócratas y republicanos tienen decididos quiénes serán sus candidatos a la Casa Blanca. La militancia de ambos partidos habló muy claro en las primarias celebradas el pasado 5 de marzo en el llamado Supermartes. Nikki Haley, exponente del ala moderada del partido republicano, abandonó la carrera presidencial dejando el camino abierto para la nominación de Donald Trump, que repetirá, por tercera vez consecutiva, como candidato del GOP. El actual presidente de Estados Unidos, Joe Biden, tampoco tiene oposición dentro de su partido y su nombre volverá a aparecer en las papeletas demócratas en las elecciones de noviembre. Todo está servido, por lo tanto, para que Biden y Trump repitan su duelo electoral de 2020.
La prueba más evidente de que la campaña presidencial ya ha empezado, es el discurso sobre el Estado de la Unión que Joe Biden pronunció el pasado jueves en el Capitolio. Las alocuciones de los pre
Si algo demuestra la historia es que los derechos civiles y sociales no están esculpidos en piedra. El hecho de que en algún momento se hayan conquistado, no significa que no puedan ser revocados. Ejemplos hay de sobra. El derecho al aborto, por ejemplo, está sufriendo retrocesos importantes en países como Argentina, Hungría o Polonia. En Estados Unidos, el Tribunal Supremo derogó en 2022 la doctrina Roe Vs Wade, que, durante casi medio siglo, había consagrado el derecho de las mujeres a interrumpir de forma voluntaria su embarazo. Ahora la decisión recae individualmente en los 50 estados de la Unión. Los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres están en cuestión en muchos lugares del mundo.
A la vista de esta situación, Francia ha decidido tomar cartas en el asunto y se ha convertido en el primer país del mundo que otorga rango constitucional al derecho de las mujeres a abortar. El pasado 4 de marzo, la Asamblea Nacional y el Senado, reunidos en una sesión conjunta en el Palacio de Versalles, aprobaron la reforma de la Carta Magna por abrumadora mayoría –780 votos a favor frente a 72 en contra–, superando holgadamente los tres quintos requeridos para sacar adelante la vota
Francisco fue elegido papa de la iglesia católica el 13 de marzo de 2013. Nada más pisar el Vaticano emprendió una serie de reformas aperturistas que provocaron el rechazo de los sectores más retrógrados de la jerarquía eclesiástica. A lo largo de los últimos once años, uno de los principales arietes contra las políticas de Francisco ha sido la Conferencia Episcopal Española. Los obispos españoles, de raíz conservadora y tradicional, no han secundado los cambios promovidos por el pontífice en cuestiones como la homosexualidad, el papel de la mujer en la iglesia o la asunción de responsabilidades por los abusos sexuales perpetrados por sacerdotes católicos.
La semana pasada, la Conferencia Episcopal Española eligió como nuevo presidente a Luis Argüello, arzobispo de Valladolid, un clérigo inmovilista, refractario de la adaptación de la iglesia a la sociedad moderna. Su candidatura se impuso a la de José Cobo, cardenal y arzobispo de Madrid, aperturista y epígono del Papa Francisco. A lo largo de los últimos años, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal ha incorporado fundamentalmente a perfiles de corte conservador. Entre ellos, figura Jesús Sanz, arzobispo de Oviedo y sim
En los últimos veinte años, España ha logrado grandes avances para garantizar una igualdad real entre hombres y mujeres, hasta el punto de convertirse en un país de vanguardia y de referencia en todo el mundo. Según el Índice Europeo de Igualdad de Género, España ha ascendido hasta el cuarto puesto de la UE, sólo por detrás de Suecia, Países Bajos y Dinamarca, adelantando en el último año a Francia y a Finlandia. Pero a pesar de los avances, todavía queda mucho trabajo por hacer, especialmente en el ámbito de la violencia contra la mujer y de la emancipación económica.
El gobierno español, que se declara feminista, es consciente de los retos que aún tiene por delante, y por eso, el pasado 8 de marzo, coincidiendo con la celebración del Día Internacional de la Mujer, aprobó varias medidas para proteger a las mujeres víctimas de la violencia machista. Una de las más significativas, anunciada por la ministra de Igualdad, es el anteproyecto de Ley de Trata. El gobierno quiere dar permiso de trabajo y de residencia a las mujeres extranjeras víctimas del tráfico de personas y de las redes de prostitución.
En 2023, 56 mujeres murieron asesinadas en España or sus parejas o exparejas, siete
El 11 de marzo de 2004, minutos antes de las ocho de la mañana, diez explosiones en cuatro trenes de cercanías sembraron el terror en Madrid. 192 personas perdieron la vida y casi dos mil resultaron heridas. Fue el peor atentado registrado nunca en la Unión Europea y quizá, junto con el golpe de estado de 1981, el momento más traumático que ha vivido España tras la restitución de la democracia.
El recuerdo de la masacre sigue estando presente en la sociedad española. Todo el mundo se acuerda de qué estaba haciendo aquella mañana soleada de jueves cuando empezaron a llegar las primeras noticias del atentado. Al principio, se pensó que la matanza era obra de la banda terrorista ETA, pero, con el paso de las horas, las pesquisas policiales determinaron que las bombas habían sido detonadas por una célula yihadista. En octubre de 2003, Osama Bin Laden había incluido a España entre los objetivos de Al Qaeda por el apoyo que el gobierno conservador de José María Aznar había prestado a Estados Unidos para invadir Irak y Afganistán.
El atentado del 11M cambió para siempre la historia de España. Tres días después de la matanza, y todavía en medio del shock y de la confusión, los españoles acud