Cuando fue elegido Papa, en 2013, el argentino Jorge Mario Bergoglio se convirtió, a sus 76 años, en todo un pionero. Fue el primer Papa latinoamericano, el primero no europeo en más de mil años y el primero de la orden jesuita. La elección del nombre de Francisco anticipó lo que vendría después. Al igual que San Francisco Asís, con su vuelta a las esencias del cristianismo –pobreza, humildad y caridad hacia los desfavorecidos– Bergoglio colisionó contra los sectores más politizados de la Iglesia. La noticia de su fallecimiento, este lunes, a los 88 años, fue una sorpresa a medias.
El Papa acababa de pasar más de un mes hospitalizado; pero tras recibir el alta parecía haber superado sus crisis de salud. El domingo pasado, dio la bendición ‘urbi et orbi’ desde San Pedro y recibió en audiencia al vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance.
Son varios los hitos de su papado. Por ejemplo, su afán de inclusión de todos los católicos, también de los divorciados, las madres solteras o los integrantes del colectivo LGBT+. "Si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?", dijo Francisco a los pocos meses de ser nombrado Papa. Hasta entonces, la Igl
La locomotora de Europa cambia de maquinista. El conservador Friedrich Merz será nombrado el próximo 6 de mayo nuevo canciller de Alemania y se pone a los mandos en el momento más crítico en la historia de la Unión Europea. A sus 69 años y con un currículum político cargado de contratiempos, Merz tiene al fin el acceso a aquello que siempre ambicionó: el ápice del poder.
Merz es abogado de carrera, exjuez y exdirectivo del fondo buitre estadounidense BlackRock. Su exitosa trayectoria profesional tiene mucho que ver con sus privilegios de origen. Sus ancestros pertenecían a la muy acomodada familia Savigny, con raíces en Francia. Merz se crio en Renania del Norte-Westfalia, en un palacete, y tuvo una infancia y juventud muy desahogadas.
Ese ha sido precisamente uno de sus puntos débiles: cierta desconexión del mundo real (llegó a decir que alguien que, como él, cobra un millón de euros al año es “clase media alta”). Nadie duda, sin embargo, de su cintura política. Antes de las elecciones, todavía como líder de la oposición, Merz propuso en el Parlamento alemán una moción para endurecer las políticas de inmigración y contó con los votos de la extrema derecha. La aprobación de la refor
Juan Carlos I, el rey emérito de España, ha encontrado un nuevo entretenimiento para su jubilación. Desde su retiro en Abu Dabi, y previsiblemente asesorado por expertos en Derecho, ha decidido pedir cuentas judiciales a quienes él cree que han mancillado su honor. Tras demandar a su amigo Miguel Ángel Revilla (expresidente de la región de Cantabria) por unas críticas televisadas que no fueron de su agrado, el rey emérito ha decidido ahora continuar con su lista de archienemigos y demandar en Suiza a su examante, la aristócrata alemana Corinna Larsen.
Si Juan Carlos I lleva años recibiendo críticas, incluso de sus amigos, es porque se las ha ganado a pulso, tanto en el plano penal como en el moral. Ya nadie duda de que cometió delitos de evasión fiscal, blanqueo y cohecho. Pero, como era inviolable hasta 2014 –año en que abdicó–, todo lo que hizo antes de ese año quedó archivado. En cuanto a la moralidad, qué decir de alguien que vivía con su enésima amante una vida a todo tren mientras su mujer, la reina Sofía, mantenía una apariencia de normalidad de cara al público.
En el caso de la demanda contra su amigo Revilla, el exmonarca pide una indemnización de 50.000 euros. En el segundo
El viaje del presidente Pedro Sánchez a China a principios de mes no pudo ser más oportuno, o inoportuno, según se mire. En plena guerra por los aranceles estadounidenses a los productos chinos, la llegada de Sánchez fue interpretada de manera muy diversa dentro y fuera de España. La reacción internacional más sonora fue la del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent.
En realidad los viajes oficiales, como el de Sánchez a China, se planifican con una antelación de semanas e incluso meses. Cuando empezó a preparar este viaje, España no podía prever la insólita beligerancia de Estados Unidos contra el status quo del comercio mundial. Y cancelar la cumbre a última hora se habría percibido como una falta de respeto hacia China, no solo de España, sino también de la Unión Europea.
Es ya tradición que los mandatarios europeos consulten con Bruselas la estrategia a seguir en sus visitas a grandes potencias. En Pekín, Pedro Sánchez no actuaba solo en calidad de presidente de España; también era, de manera implícita, el representante de la Unión Europa en esas críticas jornadas. Aunque finalmente Trump estableció una moratoria de 90 días antes de activar los aranceles contra la
Si pasear por Barcelona siempre es un privilegio, hacerlo durante el Día de Sant Jordi es todo un regalo de la vida. Una experiencia difícil de explicar, si no se vive en primera persona. Cada 23 de abril, los libros toman las calles y contagian a los vecinos y a los visitantes una alegría muy peculiar. Es una felicidad tangible en un día irreal porque, para empezar, es un festivo sin fiesta.
Oficialmente, en esa jornada hay trabajo y hay colegio. Es quizá la sensación de zafarse de esas obligaciones la que acrecienta el disfrute. Es sabido que ciertos placeres lo son más cuando están prohibidos. En Sant Jordi, sin embargo, ni el jefe ni los profesores van a poner falta a nadie.
El día comienza con regalos entre familiares, amigos y compañeros de trabajo: un libro, una rosa y una espiga de trigo son los presentes tradicionales, cargados de simbolismo. El libro es la cultura; la rosa, la pasión amorosa y la espiga, la fertilidad.
El 23 de abril se celebra a escala mundial el Día del Libro. La fecha coincide con el nacimiento de William Shakespeare y con el entierro de Miguel de Cervantes; pero no necesita Barcelona estos dos titanes de las letras para justificar el carácter libresco