La semana pasada, una columna de David French en el New York Times me hizo caer en la cuenta de algo en lo que no había reparado: la elección de Robert Francis Prevost como papa supone que Donald Trump quizá ya no sea el estadounidense más importante del mundo. A lo mejor es infantil preguntarse “quién manda más” –Trump tiene un ejército, misiles y espías–, pero, al margen del poder político, es lícito preguntarse por la relevancia, la influencia y la autoridad de uno y otro cargo.
Cuando Trump acudió en abril al funeral de Francisco y vivió en primera persona esa fastuosa ceremonia, pudo comprobar la capacidad de convocatoria del Papa y la unanimidad en los elogios. Quizá tuvo una sensación nueva: que existe un cargo que hace sombra al de presidente de Estados Unidos. Eso explicaría que el propio Trump –y los perfiles oficiales de la Casa Blanca– difundieran el 2 de mayo una curiosa imagen generada por inteligencia artificial. En la imagen, el presidente de Estados Unidos aparece vestido de Papa.
Trump tiene más poder inmediato, material. Pero es evidente que le gustaría imponerse en un terreno más conceptual. Quiere dominar la conversación mundial. Quiere que su voz sea la más escu
Cuando de pequeño veía a alguna persona sin hogar, sentía miedo por partida doble: me asustaba el vagabundo y me aterrorizaba la idea de acabar igual. Luego aprendí que nadie está a salvo de dar con los huesos en la calle. Perder el empleo, sufrir una ruptura afectiva, abusar del alcohol o las drogas, padecer una enfermedad mental. Si estas situaciones se concatenan, en un perverso efecto dominó, es fácil llegar a un punto en el que parece no haber retorno.
Tiene que ser horrible vivir a la intemperie: no poder descansar, asearse o cocinar. No sentirse seguro, temer una agresión en cualquier momento. Existen albergues, claro, pero a menudo solo se puede pasar en ellos unos pocos días. ¿Qué lugar abre las 24 horas, tiene baños, está caliente en invierno, fresco en verano, y siempre está vigilado? La respuesta es obvia: el aeropuerto.
Estos días, en España es noticia que el número de personas sin hogar que viven en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, ha ido aumentando en los últimos años hasta llegar al medio millar. Creo que el enfoque con el que se analiza el problema está siendo superficial: hay más preocupación por la imagen que ofrece el país que por el bienestar de esos seres hu
Igual que los agentes secretos actúan de incógnito –a menudo disfrazados–, en el corazón de Madrid existía un salón de té llamado Embassy que, en realidad, era otra cosa. Esta selecta tetería, al estilo de las de los barrios londinenses de Belgravia o Mayfair, fue inaugurada en 1931 por la dama británica Margarita Kearny Taylor, con el reclamo de que allí las mujeres podrían merendar tranquilas. Pero Embassy, que acaba de anunciar su cierre definitivo tras casi 95 años de historia, era mucho más que un oasis de cosmopolitismo en la convulsa España de aquellos años.
Visto desde la perspectiva del presente, la verdad es que el nombre del salón de té –situado entre las embajadas británica y alemana– revelaba bastante sus intenciones. Tras la Guerra Civil, y con Europa inmersa en la Segunda Guerra Mundial, el local se convirtió en una célula de actividades de la resistencia antinazi. Todo salió a la luz tras la muerte, en 1982, de Margarita, quien, por cierto, no solo era una respetada empresaria de hostelería, sino también una agente del MI6, el servicio secreto británico.
Gracias al trabajo clandestino de Margarita, del médico español Eduardo Martínez, empleado de la embajada británica
Si los grandes fichajes en el mundo del fútbol se pudieran contar en el tono épico de las películas de romanos, podríamos decir que el gran legionario del balón Xabi Alonso, que dejó las tropas madridistas para conquistar tierras germanas –primero jugando en el Bayern de Múnich y, después, como entrenador del Leverkusen– regresa victorioso diez años después a España. O Hispania, como la llamaban en la Antigua Roma.
Coronado de laureles al haber hecho campeón de la Bundesliga en 2024 al Leverkusen por primera vez en su historia, Alonso toma el relevo en el banquillo del Real Madrid de quien un día fue su preceptor, el veterano Carlo Ancelotti. El palmarés de Alonso como jugador pasa, además de por el Bayern de Múnich, por las escuadras de la Real Sociedad, el Éibar, el Liverpool y el Real Madrid. Ahora, con 43 años, Alonso ha firmado con el club blanco un contrato por tres temporadas, lo que será su mayor reto como entrenador.
El relevo en las filas madridistas no se hará esperar. Ancelotti, que tiene 65 años, ya ha fichado por la selección de Brasil. Abandonará el vestuario madrileño tras el último partido de liga, el domingo que viene. Y el 18 de junio, ya con Alonso a los mandos
Cuando se inventó la fotografía, hubo personas que la consideraron un descubrimiento maldito. Existen culturas en las que dejarse retratar –ya sea en un dibujo o una foto– equivale a perder el alma. Este prejuicio no parece tan descabellado cuando se piensa en la inteligencia artificial. Los llamados ‘deepfakes’ recrean a personas en situaciones imposibles y, también, resucitan a los muertos. El último caso, muy sonado en Reino Unido, es el de Agatha Christie.
La cadena BBC ha usado algo más que IA para ‘devolver a la vida’ a esta escritora superventas de novelas de misterio, fallecida en 1976. Además de inteligencia artificial, la BBC ha recurrido a una actriz, a un nutrido equipo de rodaje y a efectos visuales de última generación. Todo, para convertir a la célebre autora de Asesinato en el Orient Express en profesora de un cursillo online de escritura (de dos horas y media de duración y valorado en 99 euros). “Debo confesar que todo esto es bastante nuevo para mí”, dice con un fuerte acento inglés la Agatha Christie resucitada.
El proyecto cuenta con el apoyo de los herederos de Christie. El bisnieto de la escritora, James Prichard, declaró a la cadena británica que, cuando se l