A las 12:33 del 28 de abril, cuando se fue la luz en España, yo estaba trabajando en Madrid. Se apagaron los ordenadores, las teles y la radio. “Fuera también”, dijo un compañero mirando por la ventana, que da a la plaza de Callao (algo así como el Times Square de la capital de España). Las enormes videopantallas de publicidad estaban en negro. Todavía funcionaban los teléfonos móviles –alguna antena tendría generador propio– y llegaban al WhatsApp mensajes de amigos repartidos por todo el país. También se había ido la luz en Barcelona, Valencia, Sevilla, Logroño… La sensación de estar viviendo un apocalipsis tecnológico se me agarró al estómago. Acababa de comenzar el ‘gran apagón’.
Es raro experimentar lo que solo hemos visto en películas de catástrofes. Pronto nos quedamos incomunicados. No sabíamos nada de nuestras familias. De las bocas del metro salían cientos de personas. Los trenes se habían parado en seco. El mundo se había detenido. Alguien habló de que el apagón se extendía por Europa: Portugal, Francia. Encendimos una radio a pilas. Era evidente el nerviosismo en las voces de los locutores, que podían seguir informando gracias a los generadores de emergencia de la emisor
No puedo dejar de ver como una enorme paradoja lo que sucedió la semana pasada entre Donald Trump y Jeff Bezos. Se supone que ambos personajes defienden el libre mercado. Tanto la libertad económica como la lucha contra el intervencionismo estatal son los ideales de estos hombres de negocios, adscritos sin reservas a la corriente neoliberal. Sin embargo, la semana pasada en Estados Unidos se produjo una intervención estatal sin precedentes.
Todo empezó por un documento interno de Amazon, que se filtró al portal de noticias Punchbowl. En ese memorando, el gigante del comercio online –del que Bezos es fundador y mayor accionista individual– estudiaba la posibilidad de desglosar en la ficha de cada producto cuánto incremento de precio suponen los aranceles aplicados por Trump a las mercancías chinas. Hay que recordar que el 71% de los productos que vende Amazon, según datos de Statista, están fabricados en China y sobre ellos pesan unos aranceles muy elevados.
Esos aranceles son otra enorme paradoja, porque representan justamente lo opuesto al libre mercado que, se supone, defiende Donald Trump. Un arancel no es más que un impuesto que usan los Estados para recaudar: es decir, otro exce
De todos los rituales humanos, el de brindar cuando hay algo que celebrar es de los más curiosos. En España existe toda una cultura del brindis, con refranes y supersticiones varias (como esa que dice que brindar sin alcohol da mala suerte). Siempre es fácil encontrar una excusa para entrechocar las copas. Pero si lo que contiene la copa es “cava”, entonces la celebración es un acontecimiento trascendental: una boda, un nacimiento, el Año Nuevo.
El cava es la versión española del champán. Es también un vino espumoso, y sus botellas tienen la misma forma que las francesas, pero en general es mucho más económico. Aunque hoy se produce en varias regiones del país, la zona que tradicionalmente más cava produce se encuentra en Cataluña. Allí tienen su sede las bodegas Freixenet, la marca más emblemática de cava.
Es ya una tradición esperar en Navidades ante el televisor a que se estrene el anuncio de Freixenet, siempre lleno de famosos. Entre las copas de este cava catalán han desfilado estrellas como Gene Kelly, Shirley Maclane, Paul Newman, Sharon Stone o Antonio Banderas. Freixenet es un imperio multinacional que exporta a más de 150 países. Pero esa enorme burbuja de glamour que se
En Islandia no vive mucha más gente que en ciudades medianas, como Nueva Orleans, Bolonia o Bristol. Pero esta isla del Atlántico Norte es un Estado hecho y derecho, que mira de reojo lo que sucede en la vecina Groenlandia. El ansia expansionista mostrada por Donald Trump tras su llegada a la Casa Blanca ha causado perplejidad e inquietud también a los islandeses, atrapados en una especie de “tierra de nadie” que les está empujando a buscar amigos y aliados.
Y el amigo al que Islandia mira es la Unión Europea. Las autoridades insulares están planteándose celebrar un referéndum para consultar a la población si reabrir las negociaciones de entrada en la Unión Europea, un proceso que había fracasado en 2015. No obstante, la isla ya tiene andado parte del camino (forma parte del Espacio Económico Europeo desde 1994 y del Espacio Schengen desde 2001), y su legislación actual está perfectamente alineada con las normas de Bruselas.
El apoyo a la adhesión a la UE entre los ciudadanos islandeses no ha dejado de crecer en los últimos 10 años. Según un sondeo de enero citado por la cadena Euronews, un 45% de los encuestados se muestra a favor de la entrada en el club europeo; un 35%, en contra
“¡No te pierdas Malinche, el musical que une dos mundos y deja una misma melodía en el recuerdo!”. Así anima al público la página web de esta polémica obra creada por Nacho Cano, excomponente del legendario grupo de pop Mecano y, ahora, productor musical.
La obra narra la historia de La Malinche, una mujer nahua, mediadora entre los pueblos originarios de México y los invasores españoles. La Malinche fue pareja de Hernán Cortés, y con él tuvo un hijo: Martín, el primer ‘mestizo’. La obra ahonda precisamente en el nacimiento del mestizaje. Como dice su publicidad, “dos mundos unidos”. La cuestión es que esa unión, tanto entonces como ahora, parece haber sido algo desigual.
En 2024, la bailarina mexicana Leslie Guadalupe denunció a Cano por un delito contra los derechos de los trabajadores extranjeros. Él y su equipo habrían introducido ilegalmente en España a 18 jóvenes mexicanos como turistas para, en realidad, emplearlos como becarios en el show. La investigación descubrió que ni la jornada laboral ni el salario de los jóvenes correspondían a los que habitualmente reciben los trabajadores en prácticas.
Desde el primer momento, la defensa de Cano intentó desacreditar a los policías e