El pasado lunes, 20 de abril, Naciones Unidas denunció que el bloqueo israelí a la entrada de ayuda humanitaria en Gaza había cumplido 50 días. El portavoz de la Secretaría General de la ONU, Stéphane Dujarric, explicó en rueda de prensa que las reservas de alimentos en la Franja se habían reducido peligrosamente. Que los medicamentos, vacunas y suministros médicos esenciales se estaban agotando. Que el gas de cocina había desaparecido de los mercados. Que las panaderías habían tenido que cerrar.
A medida que pasa el tiempo, la realidad de lo que ocurre en Gaza va quedando cada vez más desnuda. Ya nadie pregunta si la respuesta israelí al ataque de Hamás, el pasado 7 de octubre, es proporcional. Quizá porque la respuesta cae por su propio peso. Un buen número de medios de comunicación, he observado, ha dejado de utilizar la etiqueta “guerra” para las noticias relativas a Gaza. Tiene sentido, porque, ¿cuándo fue la última vez que se reportaron combates entre Hamás y el Ejército israelí?
Una vez escuché a una famosa escritora —quizá fuera Toni Morrison, no estoy segura— decir que, a veces, uno debe tomarse las cosas de manera literal. Sin buscar segundas interpretaciones. ¿Cómo sería,
Se dicen tantas cosas de los cónclaves vaticanos, que uno no sabe qué creer. Se dice, por ejemplo, que después de un papa progresista suele venir uno conservador —y después de uno conservador, uno progresista—, pero también que el resultado de estas votaciones es impredecible. Se dice que el cardenal que entra en el cónclave como favorito para ser el nuevo papa nunca sale como tal. De todas formas, en este caso muchos aseguran que los politiqueos que rodean la elección del nuevo pontífice comenzaron ya en febrero, cuando el papa Francisco cayó gravemente enfermo de neumonía.
Lo que sí es seguro es que la votación, a celebrarse a partir del próximo 7 de mayo, tendrá lugar en la Capilla Sixtina. Hoy en día, parece inevitable que la elección del siguiente pontífice se haga bajos los famosísimos frescos de Miguel Ángel, pero no siempre fue así. Al parecer, de hecho, es algo relativamente reciente: la primera vez que se utilizó el famoso recinto del Vaticano para escoger un nuevo papa fue en 1878.
Se preguntaba The Guardian hace unos días si el magnífico arte que rodeará a los 133 cardenales del cónclave durante la votación —o votaciones, si hay más de una— serviría como inspiración. O si
El Salto, un conocido periódico de izquierdas, ha encontrado un filón informativo destapando casos de policías infiltrados en organizaciones ecologistas y sociales. El más reciente ha sido el de Nieves López Medina —una identidad falsa—, reportado el pasado 23 de abril. Durante aproximadamente seis meses, al parecer Nieves estuvo infiltrada en grupos ecologistas como Rebelión o Extinción y Fridays For Future en Madrid.
Los artículos de El Salto transmiten una cierta sensación de paranoia y de indignación. Curiosamente, más que por la propia infiltración policial, la paranoia viene provocada por la relativa facilidad con la que, al parecer, se descubrió a los agentes encubiertos.
La policía española tiene sus defectos, pero las operaciones de infiltración no son precisamente uno de sus puntos débiles. El año pasado, Carolina Yuste ganó el Goya a la mejor actriz por interpretar a la agente de policía Elena Tejada. En los años noventa, Tejada, con solo 22 años, se infiltró en la organización terrorista ETA y su trabajo propició la detención de dos de los principales miembros de la banda.
¿Cómo puede ser que Tejada —y hubo otros— lograra vivir 8 años entre peligrosos terroristas sin ser d
Una queja común entre los españoles es tener que ir por la calle esquivando heces caninas. Para muchas ciudades, estas molestas deposiciones, sin embargo, podrían convertirse en una considerable fuente de ingresos.
Aller, en Asturias, ha sido el último municipio español en anunciar que analizará el ADN de las deposiciones caninas en la calle. Las correspondientes multas, según explicaba el diario La Nueva España el pasado 20 de abril, se prevé que estén entre los 750 euros y los 1.500 euros.
Este tipo de anuncios suele provocar un cierto escepticismo que, en parte, está justificado: la cuantía real de estas multas, que ya se aplican en diversos lugares de España, suele quedar lejos de las cifras anunciadas por municipios como Aller. Por otro lado, quienes creen que el uso de análisis genéticos para multar a dueños de perro irresponsables es ciencia ficción, se equivocan: ya hay más de 80 municipios de toda España que lo hacen.
A mí, más que los aspectos técnicos, lo que me sorprende es la poca ambición de algunas de estas iniciativas. Concretamente, estoy pensando en Málaga, ciudad pionera que comenzó a analizar el ADN de las deposiciones caninas ya en 2017. Según estimaciones conserv
Supongo que en el mundillo gastronómico de la capital no debe hablarse de otra cosa: el Docamar ha ganado la cuarta edición del Campeonato de Tapas y Pinchos de Madrid.
Dicen que el Docamar, un popular bar de barrio madrileño, sirve las mejores patatas bravas de la ciudad. Y, sin embargo, en el actual panorama gastronómico de nuestro país, con unas simples patatas bravas no se gana ningún concurso. Ni siquiera uno de tapas, y aunque sean las mejores bravas de la capital.
Pero en el Docamar no nacieron ayer —llevan 6 décadas en el negocio—, y no se presentaron al campeonato con las patatas bravas. Por muy orgullosos que deban sentirse de su plato estrella. El restaurante se llevó el primer premio, como contaba elDiario.es el pasado 20 de abril, con una creación llamada “Domingo”.
“Domingo” parte de unas manitas de cerdo guisadas, un plato tradicional. El guiso se utiliza como relleno de un panipuri, un popular pan frito que suele servirse como aperitivo en la India. La bola crujiente de pan se adereza después con polvo de chistorra, polvo de aceitunas deshidratadas, y unas esferas de vermú.
Se me hace la boca agua, la verdad, pensando en probar este plato. Fantaseo con hincarle el dient