Ídolos adolescentes revolucionarios: la “nueva era” de la propaganda comunista en China
Como habrán visto, estos días se está celebrando en Pekín el 19º Congreso del Partido Comunista de China, bajo los auspicios de Xi Jinping. Visto desde fuera, el congreso resulta una puesta en escena prácticamente impenetrable, pero los analistas coinciden en que Xi está amasando cada vez más poder.
El primer taxi eléctrico de España, 50 toneladas de dióxido de carbono menos en 6 años
El pasado 13 de octubre, el diario El País contaba la historia de Roberto San José, un taxista de Valladolid. En 2011, el año en que el Nissan Leaf llegó a España, —por entonces, el único modelo eléctrico del fabricante japonés— Roberto decidió comprar uno para usarlo como taxi.
Seis años después, este hombre sigue usando el mismo coche eléctrico para ofrecer su servicio de taxi y, según sus declaraciones a El País, no podría alegrarse más de su decisión. Aunque al parecer el Sr. San José compró el Leaf porque es un apasionado de las energías renovables, el taxista considera que, después de haber recorrido más de 300.000 kilómetros desde 2011, el coche está amortizado.
Haciendo unos números rápidos, el ahorro de un coche eléctrico respecto a uno diésel o de gasolina después de 300.000 kilómetros es espectacular, pudiendo llegar a los 15.000 o incluso a los 20.000 euros. Además, si hubiera conducido un vehículo de combustible en los 6 años que lleva con su taxi eléctrico, el Sr. San José hubiera emitido aproximadamente 50 toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Pero no ha emitido ni un gramo.
Quiero pensar que a muchos taxistas les preocupan los temas ambientales, como a Robert
Vendimia en La Rioja: ¿trabajo o pesadilla?
Hace unos años, decidí pasar una temporada conociendo mundo mientras hacía woofing: trabajo voluntario, normalmente en granjas, a cambio de alojamiento y manutención. Se suele trabajar no más de 4 horas al día, lo cual te deja tiempo para hacer turismo, y además aprendes cosas interesantes.
La inmensa mayoría de mis “anfitriones” fueron buena gente… pero no todos. Un lluvioso mes de noviembre recuerdo haber llegado a una granja y ver mi alojamiento. La casa tenía ventanas con los cristales rotos, paredes negras por la humedad y ni un solo radiador. Además, sin perder un minuto, mi anfitrión me pidió que trabajara jornadas completas, pagándome un dinero.
No tardé mucho en llegar a la conclusión de que aquel granjero usaba el woofing para tener trabajadores encubiertos, y decidí marcharme. Cuando le comenté que me iba, el hombre se puso furioso, casi violento, y a gritos me dijo que no me iba a pagar y que me largara de allí inmediatamente. Mientras metía apresuradamente mis cosas en la mochila, me di cuenta de que estaba solo y muy lejos de casa… Si a aquel hombre se le hubieran cruzado los cables y hubiera aparecido con un palo o con un cuchillo, las cosas se habrían puesto muy feas.
Morir de trabajo: los “karoshi” españoles
En la recta final de mis estudios, entré de becario en una pequeña empresa, que después me contrató. El negocio iba bien, y la empresa creció, como también lo hicieron mis responsabilidades. Poco a poco, empecé a trabajar más horas, y después incluso fines de semana. Nunca desconectaba.
Al final me desperté una noche, muy desorientado y con la vista nublada. Me asusté bastante, y al poco dejé la empresa. Ya hace años de eso, pero desde entonces siempre he hecho un esfuerzo consciente por trabajar de manera más comedida. La verdad es que, en mi caso, nadie me obligaba a castigarme de aquella manera; muchos fines de semana estaba solo en la oficina.
Si hubiera continuado trabajando como loco, probablemente habría acabado en el artículo publicado por el diario digital El Español, el pasado 16 de octubre, sobre los “karoshi” españoles. Por lo visto, este término se utiliza en Japón para referirse a las muertes por sobrecarga de trabajo, que empezaron a detectarse en ese país hace ya varias décadas.
Lo sé, los españoles tenemos fama de ser más de la fiesta, y lo reconozco, no podemos compararnos con los japoneses… pero, se lo aseguro, aquí también se trabaja. Algún pobre incluso muere de u
La estrella emergente de Nueva Zelanda
Este verano, el por entonces líder del Partido Laborista de Nueva Zelanda, Andrew Little, debía estar sudando tinta. Con las elecciones nacionales a la vuelta de la esquina, las encuestas pintaban un mal panorama para su partido.
En algún momento, Little llegó a la conclusión de que el partido necesitaba un cambio, y a finales de julio decidió apostar por la prometedora Jacinda Ardern, parlamentaria laborista desde 2008. Por lo visto, Little tuvo que pedirle hasta siete veces a Ardern que tomara el mando del partido. Lo que ha ocurrido después probablemente no se lo esperaban ni los laboristas más optimistas.
Habiendo asumido el liderazgo de su partido tan solo siete semanas antes de las elecciones, —celebradas el pasado 23 de septiembre— Ardern consiguió darle la vuelta a las encuestas, pasando de 32 escaños para el Partido Laborista en las últimas elecciones a 46 ahora. No obstante, el Partido Nacional, con 56 escaños, disfrutaba de una considerable ventaja sobre los laboristas.
Pero, el pasado 19 de octubre, el líder del partido New Zealand First, Winston Peters, anunció que formaría un gobierno de coalición con el Partido Laborista y el Partido Verde, convirtiendo a Ardern, de 37