Y el resto, ¿qué?
Cataluña celebró este pasado domingo lo que pretendía ser un referéndum por la independencia. Digo pretendía porque, al no tener respaldo institucional del resto de España ni de organismos internacionales, la votación no sería vinculante.
De todas formas, lo que el referéndum perseguía, sobre todo, era ser algo simbólico. Una demostración al estado español, y al resto del mundo, de que el pueblo de Cataluña quiere decidir sobre su futuro.
La votación había sido declarada ilegal por el Tribunal Constitucional, y la policía tenía la orden de impedir que el referéndum se celebrara. Seguramente habrán visto las imágenes. Mucha violencia, mucha represión. Yo siento una vergüenza enorme por ver a mi país vivir estos momentos.
Cuando conducir es una conquista
Habrá que esperar hasta el próximo mes de junio, pero a partir de entonces podremos empezar a ver a las mujeres de Arabia Saudí al volante sin que se trate de algún tipo de protesta, como ha venido ocurriendo hasta ahora.
El rey Salmán bin Abdulaziz firmó una orden, el pasado 26 de septiembre, que levanta la prohibición que hasta ahora impedía a las mujeres conducir.
Así es. Hasta este pasado martes, Arabia Saudí era el único país del mundo que no permitía a las mujeres sentarse al volante. La orden fue comunicada por la agencia de noticias oficial. Por ahora, no hay muchos detalles, pero sin duda es algo que celebrar.
El Reino del Desierto es uno de los países más restrictivos del mundo con las mujeres. Es, además, lugar de peregrinación. La Meca es una ciudad que sólo los musulmanes pueden visitar. El Islam, por tanto, se vive muy intensamente en Arabia Saudí.
En esta religión, al igual que en otras, se tergiversan las cosas, poniéndolas al beneficio de quienes quieren oprimir al otro. La prohibición de conducir no era más que una manera de oprimir a la mujer.
En uno de mis viajes por el mundo, coincidí con un chico de unos 2o años de Arabia Saudí. Nos estábamos quedando en el mismo
Ciudadanos de segunda
El paso del huracán María, hace ya más de una semana, ha dejado la isla de Puerto Rico destrozada. Cerca de 3.3 millones de personas se han quedado sin electricidad, el 90% de las casas ha sufrido daños, un 44% de los puertorriqueños no tiene acceso a agua potable y apenas el 60% de los hospitales de la isla está en funcionamiento. Y los que siguen operando tienen enormes dificultades para conseguir el gasóleo que necesitan los generadores. Todo esto, sin hablar de las 16 víctimas mortales.
Desde Estados Unidos, poco a poco, han comenzado a llegar ayudas. El presidente Trump incluso suspendió, el pasado jueves, la Ley Jones que no permite atracar en Puerto Rico a los buques que no sean de bandera estadounidense. O, mejor dicho: que impone una serie de aranceles, tasas e impuestos a los buques extranjeros. La norma provocaba un embudo enorme. Muchos países querían mandar ayuda pero sus barcos tenían que pasar por territorio estadounidense antes de atracar en la isla. Un sinsentido.
La suspensión de esta ley es una buena noticia, pero llega tarde. Estados Unidos ha fallado estrepitosamente en la protección de su ‘estado libre asociado’.
Para llegar a esta conclusión sólo hay que mirar
Por amor al arte
El equipo de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha aprobado una iniciativa extraordinaria. A partir del próximo 23 de octubre los jóvenes madrileños entre 16 y 26 años tendrán entrada libre en hasta seis teatros de prestigio de la ciudad.
De esta forma, con un llamado “bono joven”, el público de entre estas edades podrá deleitarse con los placeres del teatro hasta, por lo menos, el 31 de diciembre de 2018.
Me parece una iniciativa maravillosa. Hasta ahora había muchos teatros que tenían un precio reducido para jóvenes o realizaban jornadas más baratas en determinados días de la semana, pero el hecho de que sea una administración pública la que haga esto significa que algo, por fin, está cambiando.
En España, en mi opinión, la cultura nunca se ha valorado lo suficiente. Es paradójico porque realmente creo que los españoles tenemos mucho de lo que presumir: en la pintura, en el teatro, así como en la literatura y la poesía. Sin embargo, las instituciones nunca han sabido ver la cultura como un pilar fundamental para la formación del ser humano. Siempre ha sido relegada a un papel de puro entretenimiento.
En Francia o en Reino Unido la situación es bien distinta. Se pagan menos im
Cuando menos es más
Había una vez un niño llamado Guille. Tenía seis años y, además de ya saber leer a buena velocidad y hacer operaciones matemáticas complicadas, había empezado a perder los dientes de leche –como llamamos en España a los dientes de bebé– para ganar los dientes de adulto.
Como en muchos otros países, en España también tenemos un personaje que se ocupa de recoger los dientes de los niños para cambiarlos por un pequeño regalo. Insisto en esto: pequeño. En el caso español, a este personaje imaginario le llamamos el ratoncito Pérez. Según la leyenda, Pérez es un ratón menudo y muy simpático, que recoge los dientes “de leche” para hacerse un gran queso. Si no me equivoco, en la tradición anglosajona se conoce a este pequeño ser como “el hada de los dientes”.
Guille había tenido la suerte de perder dos dientes en un solo día, con lo cual le correspondía un regalo… doble. ¡Vaya sorpresa! Este niño de seis años (este es un dato importante) levanta la almohada –donde deben dejarse los dientes para el señor Pérez– y… se encuentra con dos billetes de 50€. Uno por cada diente.
Como se pueden imaginar, un niño de seis años desconoce el valor del dinero pero seguro que pensó que con esos dos bille