Reino Unido no protege a sus ciudadanos de la contaminación atmosférica, según la ONU
Ya se sabe que el sentido común es el menos común de los sentidos. Una máxima que se manifiesta con regularidad casi matemática cada vez que asistimos, perplejos, a la designación de altos cargos gubernamentales. Ministerios, Secretarías de Estado y demás puestos de responsabilidad se asignan según jerarquías de partido, o para premiar fidelidades políticas.
¿Consideraciones prácticas de adecuación al puesto? Suelen ignorarse. Es más, cada vez vemos más casos flagrantes de nombramiento de “troles”; candidatos designados con el objetivo de reventar desde dentro la institución pública que les es asignada. Un deporte, el “juego de troles”, al que el presidente Trump, por ejemplo, es muy aficionado.
Los “influencers” contaminan Instagram
En el clásico de Ridley Scott, Blade Runner, enormes naves espaciales sobrevuelan Los Ángeles a baja altura, rozando las azoteas de los edificios. Grandes pantallas adosadas al vientre de las naves muestran sugerentes vídeos publicitarios. Mientras, una voz anuncia “una nueva vida en las colonias espaciales” a un volumen atronador, que parece escucharse en toda la ciudad.
Las naves espaciales-anuncio ciertamente contribuían al ambiente opresivo creado por Scott para su película. Pero, aunque dudo mucho que en un par de años nos levantemos un mañana con una enorme nave espacial sobre nuestras cabezas, en la realidad la publicidad se está convirtiendo también en un fenómeno sofocante.
Los departamentos de mercadeo buscan constantemente nuevas maneras de posicionar sus productos. En Madrid, hace algunos años, por ejemplo, cambiaron los carteles publicitarios de algunas estaciones de metro, hasta entonces de papel, por pantallas digitales. Pantallas LED de colores ultra-brillantes que, para mí, son el equivalente visual a alguien que reclama tu atención a gritos. Menudo agobio.
En el mundo virtual de Internet, la cosa se está poniendo incluso peor. Muchos hemos experimentado el anuncio qu
Los museos españoles, cada vez más caros
Decía Goethe que quien no conoce la historia está condenado a permanecer en la ignorancia, y vive al día. Pero, si el genio alemán levantara cabeza, descubriría cuánta gente vive al día en la edad de Internet.
No me cabe ninguna duda de que en Internet hay más información sobre la historia —y sobre muchos otros temas, obviamente— de la que podría leer en lo que me queda de vida. Y no hablo solo de descripciones textuales. Hoy en día existen recursos, como imágenes de alta resolución, que permiten ver, por poner un ejemplo, El Martirio de San Mateo, de Caravaggio, mejor que si uno tuviera la nariz pegada al lienzo.
Pero, aun sabiendo que Internet ofrece todo esto y más, sin algún criterio “guía” resulta fácil quedarse bloqueado frente a la pantalla, cual escritor ante la página en blanco. Ahí es donde los museos, lejos de estar obsoletos, pueden prestar todavía un gran servicio a la sociedad.
Una visita a un buen museo puede ser más efectiva en despertar el interés de la gente que toda la inmensidad de Internet, que a veces puede resultar impenetrable. En parte, está claro que es por tratarse de un medio físico; el mundo digital todavía tiene sus limitaciones. Y en parte depende del ar
El problema de la okupación en España
La ocupación ilegal de inmuebles, conocida en España como el fenómeno “okupa”, es un problemón en nuestro país. En un universo paralelo, quizá los okupas sean personajes sacados de una canción hippie de los 60; llevan flores en el pelo, y van de buen rollo. Convierten el descampado del barrio en un huerto orgánico. Y los vecinos no los denuncian, porque los okupas son majos, y les llevan frutas y verduras frescas.
Nada más lejos de la realidad, según contaba el diario “online” El Confidencial, en un artículo del pasado 3 de septiembre. Unos okupas se han instalado en varios pisos vacíos de Peñaranda de Bracamonte, en la provincia de Salamanca. En uno de tantos edificios construidos durante la burbuja inmobiliaria, que tardarán años en venderse completamente.
Los vecinos legales del edificio se quejan de que los okupas viven en medio de la basura, hacen ruido, y se conectan a sus suministros de luz y agua —algo que ocurre con aproximadamente la mitad de viviendas ocupadas ilegalmente en España—. Ante la pasividad de las autoridades, los vecinos han tapiado parte de la escalera, para aislar a los okupas, que en respuesta amenazan ahora con apalear a quien cruce su portal.
Según parece,
Más del 20% de los tratamientos médicos podrían ser innecesarios
El pasado 6 de septiembre, The New York Times informaba de un estudio, publicado el mismo día en la revista científica PLOS ONE, según el cual la inmensa mayoría de los médicos norteamericanos creen que se trata de más a los pacientes. En promedio, los 2.106 médicos de la Asociación Médica Americana que participaron en el estudio estiman que un 20,6% de los tratamientos que se prescriben no son necesarios.
Las causas del sobretratamiento, según los propios médicos, son principalmente el miedo a las demandas y las exigencias de los pacientes. Y más de un 70% de los encuestados admite que se prescriben más frecuentemente procedimientos innecesarios cuando el médico obtiene un beneficio económico.
Que los médicos reciban dinero y regalos de la industria farmacéutica, a cambio de prescribir sus productos, es una práctica absolutamente inaceptable que ya hemos comentado en alguna ocasión. Sospecho que, como tantas otras cosas, cuando finalmente logremos dejar atrás esta desastrosa costumbre, la gente echará la vista atrás y dirá: ¿cómo pudimos ser tan bárbaros? Pero en fin, que esta práctica deriva en sobretratamiento cae por su propio peso.
El problema de las demandas me parece menos obvi