Las huellas de la guerra
El pasado domingo, 60.000 personas tuvieron que ser evacuadas del centro de la ciudad de Fráncfort, el corazón financiero de Alemania. ¿La razón? Las autoridades encontraron restos de una bomba británica de la Segunda Guerra Mundial.
El artefacto había sido descubierto la semana anterior durante las excavaciones de unas obras. Las autoridades alemanas decidieron extraer la bomba el domingo. Y así fue. La bomba pesaba 1,8 toneladas y, si hubiese explotado, podría haber afectado a un radio de un kilómetro y medio, según señalaron los expertos.
Harvey: un ejemplo de la desigualdad en Estados Unidos
Texas va recuperando poco a poco la normalidad tras el huracán que hace unos días golpeó, como nunca se había visto, el estado de Texas. El balance deja al menos una treintena de muertos, más de 100.000 casas afectadas y un despliegue de hasta 30.000 efectivos sobre el terreno.
Sin embargo, los problemas están lejos de acabarse. La reconstrucción de Houston probablemente llevará años y la amenaza de nuevas inundaciones es latente. Las autoridades se esfuerzan además en contener algo todavía más importante que los daños estructurales: las enfermedades causadas por el agua sucia y los problemas psicológicos entre la población afectada por la tragedia.
Entre los afectados, como en todo, hay quienes lo sufrirán más y quienes lo sufrirán menos. La tormenta Harvey ha dejado constancia del poder de la naturaleza, todavía incontrolable para el hombre en muchos aspectos, pero también ha sido una clara muestra de la desigualdad que se vive en Estados Unidos.
El otro día, escuchando un programa de radio en Monocle 24, la emisora online de la famosa revista británica Monocle, me sorprendió aprender que en Texas hay hasta 600.000 inmigrantes indocumentados que no tendrán acceso a las a
España vuelve a vender casas usadas: ¿señal de recuperación o de alarma?
Recibí con gran alegría los resultados del informe que publicó el pasado lunes 28 de agosto el Colegio de Registradores de España: la venta de vivienda usada vuelve a los niveles de hace diez años. Según el documento, en el segundo trimestre de 2017 cambiaron de manos más de 100.000 pisos e inmuebles. La misma cifra que en junio de 2007, justo antes de la gran crisis del ladrillo. Es, en teoría, una excelente noticia. ¿O, en realidad, no?
Recuerdo como, en los peores tiempos de la crisis, algunos amigos míos se lanzaron a comprar una segunda vivienda, esta vez nueva y en mejores condiciones, contando con que podrían vender rápidamente aquel primer piso con el que habían iniciado su independencia y su aventura inmobiliaria.
La estrategia era común. Parece ridículo comprar una casa sin dinero, esperando conseguirlo de otra que todavía no se ha vendido, pero éste era el modus operandis en la España del ladrillo, donde los pisos se vendían como churros y los precios subían como la espuma.
En la calculadora mental que los españoles teníamos instalada en nuestra cabeza tras años de especulación inmobiliaria, la compra y posterior venta de nuestra casa siempre nos iba a traer un
Manuel Bartual y la España a la vanguardia de la crítica
Hay un hombre en España, Manuel Bartual, que ha hecho algo innovador, aunque muchos no quieran reconocerlo. El dibujante, escritor y cineasta llevó a cabo un experimento narrativo a través de la red social Twitter que sólo desveló la semana pasada. En una sola semana logró conseguir más de 400.000 seguidores.
Pero no tomen a Manuel como un influencer o un loco de las redes sociales que sólo quiere conseguir adeptos. Lo que él quiso hacer fue una historia, tipo thriller, en la que todo el que quisiera pudiera involucrarse. El experimento consistía en mandar tuits haciendo creer a la gente que Bartual se encontraba con una persona idéntica a él, un doble, durante sus vacaciones.
Las fotos y las publicaciones que subía a la red social estaban tan bien hechas que Bartual consiguió engañarnos a muchos, incluyéndome.
En una entrevista publicada el pasado 28 de agosto en el periódico El Diario, el artista aseguraba que su intención no era otra que la de divertirse y, sobre todo, revitalizar una red social como Twitter en la que parece que sólo tienen cabida los mensajes negativos.
A Manuel no le faltaba razón. Twitter se ha convertido últimamente en un foro de réplicas donde
Toma tomate
La tomatina es una fiesta popular que se celebra el último miércoles de agosto en la localidad valenciana de Buñol desde hace 72 años. Consiste, simple y llanamente, en lanzarse tomates unos a otros en un espacio delimitado por el Ayuntamiento. Una auténtica locura que recibe cada año a más de 22.000 personas. La mayoría extranjeros, que consideran esta fiesta tan típica como los San Fermines.
Todo empezó como una travesura en 1945. Varios amigos comenzaron a lanzarse tomates durante las fiestas del pueblo. Con el paso del tiempo, se sumaron cada vez más y más participantes, hasta llegar, hace cinco años, a 50.000 presencias. Afortunadamente, las autoridades han puesto cota a la asistencia para garantizar la seguridad y la cifra se ha reducido considerablemente en los últimos años.
Supuestamente, los tomates que comenzaron a lanzarse en los orígenes de la fiesta eran un “excedente de producción”, en una tierra donde el tomate es un cultivo típico. Hoy en día, se usan hasta 160 toneladas cada año, sin contar con los tomates que se tiran desde balcones y ventanas. Con estas cantidades, dudo mucho que ya se trate de tomates extras. Si así fuera, deberíamos revisar muy en seri