El Diario de Ernesto Madero
Capítulo 8 – Una nube de lágrimas
La voz del profesor Bartrén sonaba como un disco rayado, repitiendo teoremas y números, uno tras otro en listas interminables. Por la ventana podía ver a gente caminando por el jardín común, disfrutando del sol, libres de ecuaciones, ángulos y fracciones. Es lunes y es un día precioso. Así comienza mi cuarta semana de clases en la UNAM.
"Oye, Madero," dijo un chico sentado a mi lado, Sebastián. "Estás soñando despierto otra vez."
"Shhh, te va a oír," le contesté en voz baja.
"¿Solo van tres semanas y ya te aburrieron las clases? ¿Estás apurado para graduarte o qué?"
"No, solo ésta. Lo único más aburrido que las matemáticas es la voz de Bartrén. Por cada hora que llevo aquí sentado, siento que pierdo un año de vida allá afuera," le comenté.
"¡Exacto compadre, nos estamos haciendo ancianos aquí adentro!"
Sebastián y yo nos habíamos hecho amigos gracias a una aversión compartida por las matemáticas. Aunque él ya estaba en su tercer año de estudios, recién estaba llevando el curso básico conmigo. Durante sus pri