El Diario de Ernesto Madero
Capítulo 18 – Las profundidades del recuerdo
Como en cualquier mar, hay momentos de tranquilidad y otros de tormenta. Durante la tormenta las olas cruzadas azotan nuestra sensibilidad y nublan nuestra perspectiva; quedamos desorientados, a la deriva, y nos guían las emociones en lugar de la razón. Pero en los momentos de tranquilidad el cielo se despeja y la superficie del agua parece un espejo en cuyo reflejo—un reflejo que no miente—podemos ver y entender quiénes somos. Porque al final del día somos lo que hemos hecho, dónde hemos estado y a quiénes conocimos en el camino. Y todo lo que nos queda son nuestros recuerdos.
El "mar" de Alfonso Queirolo es impresionante; mucho más extenso que el mío. Nadar en él a través de sus historias es intimidante, ¡pero no me puedo resistir porque sé que en sus profundidades hay escenas de la vida de mi abuelo cuando era joven!
Es de notar que la memoria de