El Diario de Ernesto Madero
Capítulo 22 – La otra cara de la moneda
De un solo salto cruzó la cerca del parque y siguió corriendo a toda velocidad. Llegamos a la calle Pestalozzi, donde volteó bruscamente a la izquierda y entró al área de construcción de una estación para el nuevo tren subterráneo. Con una agilidad impresionante esquivaba los obstáculos que se le aparecían, y yo, con mucho esfuerzo, trataba de seguirle el paso. Más de una vez casi tropecé con los montículos de tierra que rodeaban la excavación, y los trabajadores que miraban atónitos mi persecución nos gritaban molestos.
"¡Largo de aquí!" o "¡Cuidado!" decían, pero sus advertencias caían en oídos sordos. Él estaba concentrado en huir y yo, en atraparlo; no nos importaba nada más.
Al salir de la construcción estaba exhausto, a pu