El Diario de Ernesto Madero
Capítulo 9 – Subversivos
…Pero hay un olor. Es algo que reconozco. Me recuerda a nuestro jardín en Guadalajara en la primavera. Después de que el naranjo ha dado frutos en el invierno, las flores dominan el jardín, en particular los jazmines. El dulce olor que brota de ellos es el favorito de mi abuela, quien siempre dice que los jazmines son como estrellas caídas del cielo.
"¿Ernesto?"
Una voz que apenas puedo distinguir dice mi nombre.
"¿Ernesto?"
La voz viene de una figura a mi lado pero veo todo borroso. Poco a poco, mi visión se aclara hasta que distingo el rostro de mi tía Mirta. En su cara podía ver cómo la consternación se derretía y se convertía en felicidad. Dos lágrimas se le escaparon de los ojos cuando dijo:
"Aquí estamos, mi cielo." Con sus dedos acomodó el pelo en mi frente; sus manos olían a perfume de jazmín.
Miré a mi alrededor lentamente y vi que Itzel y Gabriel también estaban en el cuarto conmigo. Todos sonreían, pero en sus ojos podía ver el cansancio de una noche en vela. En el antebrazo izquierdo Itzel