Si cualquier otro ocupante de la Casa Blanca —demócrata, republicano, da igual— hubiera decidido bombardear instalaciones nucleares iraníes, puedo imaginarme los comentarios de Trump. Nos están arrastrando a la tercera guerra mundial, quizá hubiera escrito, posiblemente en mayúsculas, en las redes sociales. Añadiendo, probablemente, que él hubiera conseguido que Irán abandonara su programa nuclear. Fácilmente… en cuestión de días.
Pero no. La geopolítica, obviamente, no es fácil, ni siquiera para una superpotencia como Estados Unidos. No lo es, por ejemplo, en relación a la invasión rusa de Ucrania, donde la intermediación estadounidense ha tenido muy pocos resultados tangibles. Y tampoco en el que quizá sea el escenario más complejo de todos: Oriente Medio.
La noche del pasado sábado, 21 de junio, el ejército estadounidense bombardeó tres instalaciones nucleares iraníes. Tras el ataque, Trump aseguró que las instalaciones habían sido completamente destruidas. Ahora Irán debe hacer las paces, dijo el presidente, o habrá otros ataques, que serán peores.
Como suele hacer, Trump planteó las cosas en términos simplistas, pero ¿se cree realmente el presidente lo que dice? ¿Ha llegado verda
Jugar al ajedrez ya no está permitido en Afganistán. “¡Están locos estos talibanes!” quiere uno gritar, parafraseando al personaje Obélix del famoso cómic francés Astérix el Galo. Y, sin embargo, la aversión de las autoridades religiosas musulmanas por el ajedrez no es nada nuevo: se remonta a hace siglos.
Atal Mashwani, portavoz del Directorio de Deportes del régimen talibán, declaraba hace unos días que se ha suspendido el juego porque “es un medio para hacer apuestas”. Si uno quiere apostar, siempre podrá encontrar, creo, algo por lo que apostar. Las posibilidades son prácticamente infinitas, por lo que, siguiendo el razonamiento de Mashwani, los talibanes podrían prohibirlo casi absolutamente todo. Quizá de eso se trate.
Pero no; el ajedrez tiene algo. Dorsa Derakhshani, la conocida jugadora de ajedrez que, tras negarse a cubrirse el pelo con el pañuelo islámico durante los torneos, tuvo que abandonar Irán, también lo piensa. Para ella, lo que ocurre resulta obvio: el ajedrez ayuda a pensar de forma crítica y, en una dictadura como el régimen talibán, no se quiere que la gente piense.
Es curioso porque, en tiempos pasados, un razonamiento no tan diferente fue utilizado para argume
Trae tu pistola de agua, pedían los organizadores de la manifestación anti-turismo de masas del pasado 15 de junio en Barcelona. Todo empezó en julio del año pasado, durante una protesta contra el turismo. Algunos manifestantes decidieron rociar con agua, de forma espontánea, a turistas que comían en terrazas del centro de la capital catalana, y las imágenes dieron la vuelta al mundo.
Que te mojen un poco mientras veraneas puede ser, imagino, hasta agradable. Y, sin embargo, para muchos barceloneses esto no es ningún juego. Más que en los inocuos chorros de agua que disparan, quizá el hartazgo de los manifestantes queda mejor plasmado en las pancartas que llevan, y en los cánticos que entonan.
“Go home” probablemente sea el mensaje más común en las protestas. Pero hay otros mensajes más desagradables, incluso malintencionados. Recuerdo, por ejemplo, una pancarta del verano pasado que decía: “Dear Tourist: Balconing is fun!”, refiriéndose a la práctica de saltar de un balcón a otro del hotel, que, año tras año, provoca la muerte de turistas en nuestro país.
El verano acaba de comenzar, y las imágenes de turistas levantándose a toda prisa de las terrazas de Barcelona, entre chorros de a
La transición a las energías renovables tuvo unos inicios algo titubeantes en nuestro país. Pero, en parte gracias al impulso europeo, las dudas iniciales quedaron atrás, y ahora el sector de las renovables está inmerso en una carrera frenética hacia el futuro. En 2024, el sistema eléctrico español añadió 7,3 nuevos gigavatios de potencia fotovoltaica y eólica, la mayor cantidad registrada hasta la fecha en un año.
La carrera por descarbonizar la economía continúa. Y, sin embargo, también ha llegado el momento de empezar a mirar hacia atrás. La primera generación de turbinas eólicas instaladas en nuestro país está llegando —o ha llegado ya— al final de su vida útil, de entre 20 y 30 años. ¿Qué hacer con los viejos aerogeneradores, cuando son sustituidos por otros nuevos y más potentes?
Sería deprimente, la verdad, si acabaran en el vertedero. Se estima que entre un 85 y un 90 % de los componentes de las viejas turbinas eólicas son reciclables, pero entre las partes más difíciles de reutilizar están las palas. Hasta hace poco, el reciclado de las palas, hechas de materiales compuestos y difíciles de separar, se consideraba la asignatura pendiente de la industria eólica. Por suerte, pa
El día que cumplía cien años, durante una fiesta de barrio celebrada en su honor, a mi abuelo le preguntaron cuál era el secreto de su longevidad. No sé exactamente qué contestó, pero sí recuerdo que se encogió de hombros y se rió.
Quizá fuera ese precisamente su secreto: encogerse de hombros y reírse. ¿O fueron los largos años que vivió en el campo, dedicado al pastoreo? ¿O un perfil genético que quizá lleve en la familia desde tiempo inmemorial?
Una combinación de todo, probablemente. La cuestión es que no lo sabemos con exactitud. En España, uno de los países más longevos del mundo, la esperanza de vida sigue creciendo tercamente, a pesar de que, admitámoslo, muchos tenemos bastante abandonada la famosa dieta mediterránea y respiramos poco aire puro.
Más desconcertante incluso me parece la explosión del número de centenarios. Desde 1998, el número de personas de más de cien años se ha multiplicado por 7 en nuestro país. No solo eso, sino que, a diferencia de lo que ocurría antes, hoy en día cada vez más españoles superan el siglo de vida en buen estado de salud.
El extraordinario aumento del número de centenarios en nuestro país, como explicaba la agencia EFE el pasado 14 de junio