“FROM THE AMERICAN PEOPLE”, se leía en las cajas que, desde hacía décadas, llegaban a los rincones más necesitados del planeta de la mano de USAID, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Cajas que contenían alimentos, agua, medicinas. Muy doloroso, imagino, les debió resultar a los trabajadores de la agencia explicar que ya no llegarían más cajas. Que —casi de un día para otro— tenían que hacer las maletas e irse a casa.
“¿Por qué?”, habrán preguntado quienes recibían la ayuda. Lo justo, creo, hubiera sido que contestara Donald Trump, mirando a los ojos de una madre cuyos hijos desnutridos dependen de la ayuda estadounidense para sobrevivir. Quizá lo que digo suene dramático, pero es que la situación es dramática. Un estudio reciente de la revista Nature estima que los recortes de la ayuda humanitaria estadounidense ordenados por Trump resultarán en la muerte de más de 163.000 niños al año. Y, según The Lancet, el desmantelamiento de USAID podría resultar en más de 14 millones de muertes en los próximos 5 años.
Trump decidió hace meses, desde un despacho de Washington, D.F., o quizá desde su campo de golf en Mar-a-Lago, que ayudar ya no era un “interés naciona
Un termómetro callejero marcando una temperatura alarmante. Personas abanicándose, bebiendo agua o refrescándose en una piscina. Un ventilador eléctrico. Cada verano se recurre a las mismas imágenes para informar de las altas temperaturas. Y, como era de esperarse, hace unos días, con la llegada de la primera ola de calor del año a nuestro país, esas imágenes tan familiares volvieron a inundar los informativos.
Hay que reconocer, no obstante, que los medios, y en particular los periódicos, han dado pasos de gigante a la hora de presentar los datos meteorológicos. Hoy en día, para cada capital de provincia, uno puede consultar fácilmente online las temperaturas máximas de las últimas 24 horas; el promedio de temperaturas máximas de 2025 y de la última década; los días transcurridos desde el último récord de temperatura; las diferencias con las temperaturas medias históricas del periodo 1981-2010; e infinidad de otros datos que pueden visualizarse en bonitos mapas y gráficos interactivos.
La mayoría de medios utiliza un código de colores para facilitar la interpretación de este aluvión de datos. Las tonalidades de rojo suelen indicar temperaturas cálidas —por encima de la media históri
“Nos lo pasaremos bien”, me dijeron, al invitarme a la fiesta. Yo acababa de llegar a Estados Unidos, donde iba a pasar una temporada, y agradecí el convite. En España podría haber escuchado, por supuesto, las mismas palabras, pero en boca de mi compañero de trabajo estadounidense sonaron… algo distintas.
Pasárselo bien, me dio la sensación, no era algo que dejar a las circunstancias y al azar, sino más bien un objetivo que buscar activamente. Si uno perseguía la meta con la suficiente diligencia, parecían sugerir aquellas palabras, alcanzarla estaba prácticamente garantizado.
En su libro El derecho a las cosas bellas, el filósofo Juan Evaristo Valls habla de la tendencia a convertir el ocio en un espacio empresarial “guiado hacia el crecimiento”. Una tendencia que no solo existe en Estados Unidos, sino también en España, y en otros lugares. El ocio debe gestionarse. Maximizarse. Y el trabajo, qué duda cabe, también.
Pero cada vez más gente, asegura Valls, está harta. La crisis financiera de 2008 le asestó un duro golpe al “vínculo afectivo y apasionado que teníamos con el trabajo”. Y la pandemia acabó de rematar dicho vínculo. Ahora, en la época postpandemia, muchos se están dando cu
Una vez aprobado, en España, el matrimonio homosexual ha dejado de estar en el ojo del huracán, y creo que eso es bueno. Pero el pasado 3 de julio fue el 20º aniversario de su legalización , así que me parece un buen momento para echar la vista atrás.
Tras años de manifestaciones y activismo, la primera propuesta de modificación del Código Civil para legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo llegó al Congreso en 2001. El Partido Popular, sin embargo, que en aquel momento tenía mayoría absoluta, rechazó tanto esta propuesta como cinco iniciativas similares presentadas en los meses y años siguientes.
En aquella época, los políticos del PP dijeron cosas que, personalmente, me parecen barbaridades. El popular Jorge Fernández Díaz, por ejemplo, entonces secretario de Estado, dijo que, si se legalizaba el matrimonio entre personas del mismo sexo, la “pervivencia de la especie” no estaba garantizada. Mariano Rajoy, que años después llegaría a ser presidente del Gobierno, se atrevió a decir que ni los propios miembros de la comunidad LGBT+ querían acceder al matrimonio. Y Montxo Rodríguez, exalcalde de Sada, en La Coruña, dijo que había que tomar “bastante bicarbonato” para diger
Me pregunto si la japonesa Ryo Tatsuki se considera más una pitonisa o una dibujante de manga. Por qué elegir uno u otro, quizá sea la respuesta, cuando la última reedición de su cómic El futuro que vi lleva vendidas más de 1 millón de copias.
La popularidad del cómic de Tatsuki es tal que, estos días, está afectando incluso al turismo japonés. En abril de este año, como explicaba Reuters el pasado 3 de julio, visitaron Japón 3,9 millones de personas, una cantidad récord. Y, sin embargo, desde entonces al parecer el turismo ha experimentado un ligero retroceso. El motivo, según diversos medios, no es otro que la última predicción de El futuro que vi: un enorme tsunami, con olas de hasta 30 metros de altura, golpeará Japón en julio de 2025.
En Hong Kong, según informa Reuters, algunas aerolíneas de bajo coste han tenido que cancelar vuelos a Japón a causa de la baja demanda. Y las agencias de viajes se han visto obligadas a ofrecer descuentos en sus paquetes con destino a Japón. Todo, por los rumores que circulan en las redes sociales sobre el tsunami predicho por Tatsuki.
Tatsuki tiene credibilidad como vidente porque la primera edición de El futuro que vi, en 1999, vaticinó un gran d