Qué triste espectáculo, ver a Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, recibir al dictador ruso Vladímir Putin en suelo americano como si fuera un viejo amigo. Desplegando, literalmente, la alfombra roja. Aplaudiendo, y dándole unas palmaditas en la mano.
Tal vez la franca admiración —el afecto, incluso— que parece sentir Trump por el autócrata ruso hubiera sido útil en el pasado. Qué se yo, hace dos décadas, cuando Putin llevaba pocos años en el poder. Cuando la creencia de que Occidente conspira para hundir a Rusia quizá no estaba tan arraigada en él. Y, sobre todo, antes de que se lanzara a la conquista de un país vecino para recuperar parte de la gloria perdida.
Hace dos décadas, sin embargo, probablemente Trump no hubiera sentido la misma admiración por Putin, que todavía no era el “hombre fuerte” que es hoy. Ahora, en todo caso, ya es muy tarde para encaminar a Putin y a Rusia hacia la senda democrática, pero tampoco es eso lo que persigue Trump. Y esa es, creo, precisamente la cuestión: ¿Qué quiere Trump? ¿Qué perseguía con la cumbre celebrada en Alaska el pasado 15 de agosto? ¿Por qué se ha postulado como intermediario para alcanzar la paz en Ucrania?
Si Trump se lavara
París tiene la Torre Eiffel. Nueva York, la Estatua de la Libertad. Egipto, las pirámides. Y nuestro país, según Jorge Álvarez, presidente de la Academia Española de Tauromaquia, podría tener “El Toro de España”: un gigantesco toro de “al menos” 300 metros de altura, erigido como monumento a la tauromaquia, que ahora busca ubicación.
A Fernando Hernández, concejal de Turismo de El Molar, un pueblo de 8.000 habitantes a 40 kilómetros de Madrid, le parece una excelente propuesta. “Me extrañó que Madrid no se postulase”, declaraba Hernández a El Mundo el pasado 10 de agosto. El concejal asegura tener el lugar perfecto para el proyecto: unos terrenos a la entrada del pueblo, donde se iba a construir un polígono industrial que nunca llegó a materializarse.
El Ayuntamiento de Madrid, de hecho, no solo no se postuló, sino que rechazó la propuesta cuando se la presentaron. El presidente de la Academia de Tauromaquia dijo que en el Ayuntamiento habían sido muy amables, pero que no le habían dado ningún motivo al descartar la idea.
No resulta difícil imaginarse a los funcionarios madrileños escuchando la propuesta con los ojos como platos, y sin saber muy bien qué decir. ¿Se ha parado a pensar
No conocía a Jaume Collboni, lo admito, antes de que accediera a la alcaldía de Barcelona en 2023. Pero su discurso me parece interesante. Ilusionante, incluso, lo cual en la política actual de nuestro país ya es decir mucho. Más allá de las palabras, desde su llegada al Ayuntamiento, Collboni ha aprobado una serie de medidas que buscan abordar directamente los problemas que aquejan a los barceloneses, que no son pocos.
El 21 de junio de 2024, por ejemplo, el Ayuntamiento anunció que, a partir de noviembre de 2028, estará prohibido arrendar apartamentos a los turistas, y que se revocarán las algo más de 10.000 licencias de alquileres vacacionales que existen. En la última década, el alquiler de viviendas ha subido casi un 70 % en Barcelona, un aumento que muchos atribuyen al turismo de masas y a las estancias de corta duración. Algunos califican la medida de Collboni como drástica. A mí, la verdad, lo que me parece drástico, o más bien dramático, es que a muchos barceloneses los expulsen de sus barrios porque hay que hacer sitio para los turistas.
El pasado 9 de agosto, diversos medios discutían la aprobación de otro decreto consistorial que sin duda también aplaudirán los barcelones
Las redes sociales andan preguntándose por qué Matt Damon le dejó un recado a un tal “Alejo” en un gastrobar de Barcelona. “¡Tienes que trabajar más!”, dice el mensaje, escrito en una servilleta, que incluye también un improperio. La foto del actor mostrando sonriente la servilleta deja claro que se trata de una broma, pero ¿quién es Alejo? ¿Y por qué tiene que trabajar más?
La familiaridad del mensaje ha hecho concluir a muchos que el Denassus, el establecimiento al que acudió Damon, es su “gastrobar favorito de Barcelona”. Y que el actor y el tal Alejo son viejos conocidos. Pero no. “Nos encantaría ser uno de sus restaurantes favoritos de Barcelona”, dice la cuenta de Instagram del Denassus. La explicación, por lo tanto, tiene que ser otra.
La cuenta oficial de Damon en Instagram —poco más que una colección de fotos de sus películas— no aclara nada. El actor dijo hace años que no tenía tiempo para las redes sociales. Sus fans, sin embargo, descubrieron que, al parecer, Damon sí que tiene una cuenta personal de Instagram, pero es privada. Me parece un enfoque inteligente. Al fin y al cabo, si un famoso como él se va de tapas a un bar de Barcelona, no necesita subirlo a Instagram… ¡y
Probablemente hayáis oído la frase “Un diamante es para siempre”. En España, las campañas publicitarias que utilizaron el famoso eslogan vivieron su momento álgido en los noventa. Pero el eslogan fue creado mucho antes por encargo de la compañía De Beers, que llegó a controlar más del 90 % de la producción mundial de diamantes.
A principios de los años cuarenta, el negocio de De Beers no iba bien. En Estados Unidos, aproximadamente solo un 10 % de los anillos de compromiso tenían diamantes, y la demanda estaba estancada. Para principios de los ochenta, sin embargo, más del 80 % de los anillos de compromiso llegaron a tener diamantes, y muchos atribuyen el mérito a las campañas publicitarias basadas en el mítico eslogan, acuñado en 1947.
Ahora De Beers, y las demás compañías de minería de diamantes, necesitan otro eslogan milagroso, porque se enfrentan a una nueva crisis, que, creo, no es exagerado calificar de existencial. Los diamantes artificiales, creados en laboratorio, hace décadas que existen, pero 2018 fue el año en que comenzaron a irrumpir con fuerza en el mercado. En aquel momento, Citibank predijo que, para 2030, los diamantes artificiales podrían suponer un 10 % del merca