Seguiremos con un aniversario que deja en evidencia a España: se cumplen ya cinco años desde que los 4.000 habitantes de la Cañada Real, a escasos kilómetros del centro de Madrid, viven sin suministro eléctrico. Pese a que el caso ha sido denunciado ante instancias europeas y ha aparecido en medios internacionales, la situación sigue sin resolverse.
Sin salir de España, abordaremos el insólito caso de las monjas de Belorado. Excomulgadas por el Vaticano tras un conflicto inmobiliario, las religiosas permanecen en el convento del que debían haber salido y ahora esperan una orden de desahucio. Mientras tanto, recurren a ingeniosas estrategias para generar ingresos.
En el plano internacional, analizaremos la reciente y polémica decisión del Gobierno griego de instaurar una jornada laboral de 13 horas. La medida ha provocado una fuerte respuesta sindical, con dos huelgas generales convocadas en menos de un mes.
Finalmente, nuestro recorrido concluirá con una curiosa controversia que se dirime en España y que tiene que ver con el idioma. Dos grandes instituciones que velan por la salud de la lengua española, la Real Academia y el Instituto Cervantes, están inmersas en un insólito cruce de acusaciones en el que algunos analistas ven un pulso ideológico por el control de la política lingüística. ¡Comenzamos!
Hace años vi en la tele un gag humorístico que me dejó huella. En él aparecía un grupo de jubilados que entraban en una oficina y hostigaban a los empleados vagos o adormilados al grito de “¡poneos a trabajar, que tenéis que pagar nuestras pensiones!”. Bromas aparte, el sketch encerraba una preocupación real entre muchas personas de diferentes países: ¿es sostenible el sistema de pensiones? El asunto es tan sensible, que en Francia ha sido el detonante de un caos institucional sin precedentes. Allí, la reforma que pretendía elevar la edad de jubilación de 62 a 64 años se acaba de frenar en seco para evitar la enésima crisis de Gobierno.
El nuevo primer ministro francés, el centrista Sébastien Lecornu –quien dimitió fugazmente el pasado 6 de octubre tras llevar 14 horas en el cargo y luego volvió a asumirlo–, ha metido en el congelador esa reforma al menos hasta 2027. Es una huida hacia adelante, porque la encrucijada en la que se encuentra Francia no va a desaparecer por el mero hecho de posponer el problema. De momento, eso sí, la suspensión ha sido recibida con alivio por sindicatos y partidos de la izquierda, que han venido convocando huelgas y manifestaciones masivas en los últ
Basta recorrer los 15 kilómetros que separan el centro de Madrid de la barriada chabolista de la Cañada Real para viajar en el tiempo: hasta un pasado en el que la electricidad aún no existía. Este mes de octubre se cumplen cinco años desde que un manto de oscuridad se tendió sobre los 4.000 habitantes de la Cañada Real. Cinco años marcados por la vergüenza y la indignación que produce la inacción política y empresarial frente a un problema impensable en pleno siglo XXI.
Los hechos se remontan a 2020, cuando la compañía Naturgy decidió cortar el suministro alegando enganches ilegales vinculados a plantaciones de marihuana. La solución fue drástica, e injusta: dejar sin luz a todo el mundo para castigar a unos pocos. Ya en aquel año, la oficina del Defensor del Pueblo dio la voz de alarma. La Cañada Real es un barrio marginal, sí, pero en él viven seres humanos. Niños, ancianos… Todos ellos necesitan luz y calor.
Durante cinco años han ido sucediéndose los inviernos gélidos y los veranos tórridos, sin un radiador ni un ventilador que enchufar a la red. “Día a día tenemos que usar generadores para poder calentar el agua para bañarnos y cocinar", declaró Mohammed, vecino del sector 5 d
Si me contaran que un grupo de monjas ha osado plantarse frente a la estricta disciplina eclesiástica e iniciar un proyecto autogestionado en solitario, probablemente las aplaudiría. Pero al investigar el culebrón de las famosas monjas de Belorado –que desde hace más de un año protagonizan noticias en los principales medios españoles– salen a la luz algunos personajes turbios.
Todo empezó en mayo de 2024, cuando las clarisas de dos conventos del norte de España, en Belorado y en Orduña, decidieron abandonar voluntariamente la Iglesia católica tras firmar un documento en el que renegaban de la autoridad del entonces Papa Francisco y daban comienzo a un auténtico motín. Fueron excomulgadas como castigo por su rebelión, y el Vaticano decidió desahuciarlas. Las monjas se hicieron fuertes en los conventos, por lo que ya pueden ser consideradas ‘okupas’ en toda regla.
Pero el anarquismo de este grupo de insumisas en realidad no llega a tanto, porque solo han sustituido una jefatura por otra. En lugar de reconocer como guía y autoridad al Papa, decidieron prestar obediencia a un tal Pablo de Rojas, un obispo excomulgado en 2019 que dirige una congregación considerada como secta. Un pers
Con las leyes sucede como con el huevo y la gallina: es difícil saber qué va antes, si la norma o el comportamiento que esa norma regula. Estos días, Grecia vive un acalorado debate a raíz de una reforma laboral que permitirá que, en algunos casos, una persona trabaje 13 horas seguidas. Obviamente, en Grecia, muchas personas con frecuencia ya trabajan esa cantidad de horas, pero hasta el momento esta situación era ilegal, salvo en el caso de los pluriempleados.
Si la nueva ley llega a aplicarse, estará permitido que un mismo empleador tenga a trabajadores durante 13 horas seguidas en su puesto de trabajo. Solo podrá hacerlo, eso sí, durante 37 días al año, y los trabajadores recibirán una bonificación del 40% por cada hora extra trabajada. Se supone que la norma está pensada para sectores como la hostelería o el turismo. De todas formas, el Gobierno conservador de Kyriakos Mitsotakis ha intentado tranquilizar a la ciudadanía diciendo que la reforma no afecta al número de horas semanales (que se mantiene en 48), y que habrá un periodo de descanso obligatorio de 11 horas entre turno y turno.
Para los sindicatos, sin embargo, consagrar sobre el papel la jornada de 13 horas supone abr
Ojalá la conversación de los parroquianos, en cualquier bar de España, versara, en vez de sobre fútbol y política, sobre la guerra entre la Real Academia Española y el Instituto Cervantes. Estas dos venerables instituciones –que velan por la salud de la lengua española– se han enzarzado en una disputa algo cómica, por lo inusual del enfrentamiento.
El director del Cervantes –el poeta, catedrático de literatura y militante izquierdista Luis García Montero– abrió fuego tachando al responsable de la RAE –el jurista y ganadero taurino Santiago Muñoz Machado– de “experto en llevar negocios desde su despacho”. Terció entonces el académico de la RAE –y novelista superventas– Arturo Pérez-Reverte, que tildó a García Montero de “paniaguado y poeta mediocre”. En comparación con los insultos entre políticos, esta trifulca académica comenzó casi con elegancia.
Sin embargo, los ánimos se caldearon a medida que pasaban los días, y la RAE llegó a considerar “repulsiva” la “agresión” de García Montero. Una selecta minoría asistía atónita en España y Latinoamérica a este inesperado intercambio. Los mandobles cruzaron la semana pasada el Atlántico, porque se celebró en Arequipa, Perú, el décimo Congr