El Diario de Ernesto Madero
Capítulo 28 – Una aguja en un pajar
Desde el auto podía ver cómo la ciudad se volvía más densa mientras nos acercábamos al centro. Comencé a darme cuenta de lo difícil que sería encontrar a un hombre en una ciudad como esta y sin ningún contacto previo; como una aguja en un pajar.
Itzel se asomó desde el asiento delantero y vio mi preocupación. "¡Ánimo, Ernesto! Empezaremos por la plaza central y avanzaremos hacia afuera. Si este señor aún está vivo, alguien tendrá que reconocerlo," me dijo.
"Pero sólo tenemos su nombre…"
"¡Y la foto! No te olvides de la foto," añadió Gabriel.
"Nunca se sabe, Ernesto. Quizás tendremos suerte y nos toparemos con él mientras preguntamos."
Pero no fue así. Estacionamos cerca de la