El Diario de Ernesto Madero
Capítulo 1 - El desayuno
La voz de mi abuela resonaba como las campanas de la iglesia. Imposible de ignorar. Ni siquiera dos almohadas bien colocadas alrededor de mi cabeza pudieron evitar que yo oyera su anuncio. Una vez despierto, recordé lo que iba a suceder ese día.
“Ernestito, ya vas a bajar m’hijito?”
“¡Ya voy!”
¿Es mucho pedir unos pocos minutos más? pensé, recostado en mi cama, todavía incapaz de moverme. Eran los últimos minutos que yo disfrutaría en esa cama. ¡Mi cama! ¿Quién va a dormir sobre ti cuando yo me vaya?
La voz de mi abuela interrumpió mis pensamientos. “¡Ernesto, no seas perezoso! Los huevos se están enfriando, y te estamos esperando.”
Ya es hora... Mi último desayuno.
Unos minutos después, tras luchar con mis pantalones y tropezar con mi equipaje, que por supuesto me espera listo junto a la puerta desde hace varios días, me encuentro en el patio bajo el sol. Sentados alrededor de la mesa, los de siempre: Mi papá, mi mamá, mi hermanita Luz, Matías el bebé, mi abuela y una foto de mi abuelo en un collar de plata que cuelga de su arrugado cuello.
Varias veces, ella me ha contado la historia de cómo mi abuelo Fortunato le