El Diario de Ernesto Madero
Capítulo 15 – Ayuda inesperada
Su melodiosa voz, que usualmente llena las mañanas en el mesón con canto, ahora sonaba fría y amenazadora. Y ella, parada en el umbral que separa el comedor de la sala, esperaba nuestra respuesta pacientemente. Pero en nuestros rostros no había respuestas, sólo incredulidad, porque nuestra pequeña misión de pronto ya no era secreta.
"Ahora están mudos, pero hace unos segundos hablaban con confianza... ¿o me equivoco?" preguntó Artemisa, pero nosotros no sabíamos qué decir.
"Decían que Consuelo es una chismosa. De eso no hay duda. Pero había algo más, algo acerca de Mirta..."
"Artemisa," dije finalmente, "no es lo que piensas. Bueno, no sé qué estás pensando, pero te aseguro que no estamos haciendo nada malo."